
Roberto Octavio Rapela fue cirujano, docente del Hospital de Clínicas, investigador y productor agropecuario en Entre Ríos; participó de la creación de entidades vinculadas con los laboratorios y la certificación y fue uno de los fundadores de la Cámara Argentina de Bioinsumos
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Murió Roberto Octavio Rapela, médico cirujano, investigador y productor agropecuario, a los 79 años a raíz de un infarto. A lo largo de su vida construyó una trayectoria que atravesó la cirugía, la docencia médica, los laboratorios, la investigación microbiológica, la producción agropecuaria. Trabajó con René Favaloro y en sus últimos años, se dedició al desarrollo de bioinsumos y el estudio de la vida de los suelos.
Nacido el 18 de diciembre de 1946, en General Pinto, provincia de Buenos Aires, Rapela hizo buena parte de su carrera profesional en la medicina y se había recibido de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1971. Fue médico cirujano y docente del Hospital de Clínicas y trabajó junto con Favaloro, una experiencia que terminaría teniendo una influencia decisiva en el camino que años más tarde lo acercaría a la investigación aplicada a la producción agropecuaria. Su recorrido profesional da cuenta, además, de una extensa actividad vinculada con los laboratorios y la investigación.
Especialista en Cirugía General, desarrolló durante décadas una intensa actividad asistencial, académica y científica. Fue docente de la Facultad de Medicina de la UBA en el Hospital Cosme Argerich, donde se desempeñó como ayudante, jefe de trabajos prácticos y docente adscripto, y publicó numerosos trabajos vinculados con cirugía gastrointestinal, pancreática y biliar, entre otras especialidades.
También fue uno de los primeros profesionales del país en trabajar con cirugía laparoscópica, especialmente en el Sanatorio Güemes, y mantuvo durante décadas su actividad médica. Su trayectoria científica recibió, entre otras distinciones, el Premio Cosme Argerich, en 1979, y el premio anual de la Sociedad Argentina de Coloproctología, en 1988.

En 1985, Favaloro lo envió a Pittsburgh, Estados Unidos, para capacitarse en trasplante hepático. Allí Rapela entró en contacto con investigaciones sobre el uso de probióticos en seres humanos y con los problemas que provocaba la resistencia a los antibióticos en pacientes trasplantados. Ese viaje, que originalmente tenía un propósito estrictamente médico, terminó cambiando el rumbo de una parte importante de su vida profesional.
“La investigación me apasiona”, había resumido Rapela en una entrevista con LA NACION publicada originalmente en marzo de 2023. En Estados Unidos conoció el trabajo de un centro dedicado a microbiología y, al regresar al país, junto con un antiguo compañero del Hospital de Clínicas comenzó a observar las similitudes entre la microbiota intestinal y los microorganismos presentes en los suelos.
Aquella inquietud terminó convirtiéndose en una de sus grandes obsesiones. “Nos volvimos locos con este tema”, contó entonces al recordar cómo avanzaron las investigaciones. Su razonamiento partía de una idea sencilla: así como el intestino humano depende de una enorme comunidad de microorganismos, el suelo también es un organismo vivo cuya actividad biológica determina buena parte de su funcionamiento.

Ese trabajo derivó en investigaciones sobre bioregeneración de suelos y en el desarrollo de una tecnología patentada que combinaba diagnóstico satelital, análisis de los microrrelieves, cromatografía de suelos y aplicación de productos biológicos. Al frente de HMA4, Rapela profundizó ese camino y vinculó definitivamente su experiencia científica con la producción agropecuaria. Todavía en 2025 figuraba como presidente de la compañía.
Era productor agropecuario en Entre Ríos desde 1981. A través de Alepar SA estuvo vinculado con tres establecimientos ganaderos en los departamentos de Federal y Federación, que en conjunto sumaban unas 4450 hectáreas. En uno de ellos, Santa Marta, desarrollaba cría bovina con técnicas de producción orgánica. Esa experiencia productiva terminaría confluyendo años después con su interés científico por los microorganismos, los suelos y los bioinsumos.
También tuvo una extensa participación institucional en actividades vinculadas con los alimentos y el agro. Fue miembro fundador y presidente de la Cámara de Certificadoras de Alimentos, Productos Orgánicos y Afines (Cacer), vicepresidente de la Cámara Argentina de Laboratorios Independientes Bromatológicos y Afines (Caliba) y, años después, miembro fundador y presidente de la Cámara Argentina de Bioinsumos (Cabio). Su trayectoria acompañó así buena parte del desarrollo de la producción orgánica, la certificación de alimentos y, posteriormente, los productos biológicos en la Argentina.

“Cabio comunica con profundo pesar el fallecimiento del Dr. Roberto Rapela, socio fundador y presidente honorario de nuestra cámara. Despedimos a un profesional excepcional y, sobre todo, a un gran amigo que dejó una huella imborrable en nuestra institución. Gracias por tu inmenso legado y hasta siempre”, indicaron desde la entidad.
Rapela estaba casado y tenía dos hijos, una mujer y un varón. Su familia también estuvo estrechamente relacionada con distintos proyectos empresarios y agropecuarios que desarrolló a lo largo de los años.



