
En un árido paraje pampeano, Fabricio Maldonado se gana la vida como cazador de jabalíes salvajes
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SANTA ISABEL.- Santa Isabel, al norte de La Pampa, es un paraje árido y quebrado. Su gente, a través de los años, adquirió las características del lugar. Trabajadores de pocas palabras, de cuerpos robustos y curtidos, con habilidades adaptadas a las duras condiciones que los rodean. Allí, llueve menos de trescientos milímetros al año, en promedio, y hay temporadas en que la vida se vuelve muy dura por la sequía. El viento, tenaz y monótono, se torna ardiente en verano y helado en invierno, pero siempre seco. El pampeano de estos pagos mantiene intactas las costumbres del gaucho primitivo. Todos son cazadores y jinetes, y llevan en la faja una cuchilla que haría recular al más corajudo.
Una técnica especial
Fabricio Armando "El Panza" Maldonado nació en Santa Isabel, hace treinta y cuatro años, y se crió en el monte. Conoce sus plantas, animales y, sobre todo, sus peligros. "Hay que tener cuidado con las víboras y las arañas, porque en verano salen de noche con el fresco y se las puede pisar".
¿Qué hace este hombre caminando a la noche por el monte? Caza. Maldonado es cazador de jabalíes. "El mejor de la zona", según sus palabras.
Todos por aquí están acostumbrados a cazar; lo que diferencia a Maldonado es su técnica. "Tengo cinco perros cruza de galgo con dogo. Son fuertes y ágiles y no saben lo que es el miedo", explica, sentado en un tronco en el medio del monte, rodeado de las espinas del alpataco (arbusto con espinas enormes donde se guarecen varios animales del monte).
Atrás de su carpa improvisada con dos chapas y varillas de caldén, los perros descansan a la sombra. Uno de ellos jadea con la lengua afuera y tiene una herida sangrante que le tiñe el pelo blanco. Se recuperará, pero está dolorido y hubo que inyectarle antibióticos para prevenir la infección que le hubiera provocado el colmillo de nueve centímetros que le clavó su victimario: un padrillo de ciento treinta kilos. "Se arrimaba la noche y yo volvía a la casilla cuando escuché a los perros torear. Cuando llegué, de los cinco, quedaban dos. Era un bruto padrillo que se había sentado y tiraba cabezazos para todos lados. Cuando el dogo más grande lo agarró de la oreja me le fui por atrás. Lo monté acostado sobre el lomo y agarrándome de la crin. Le metí el chuzazo entre las costillas y lo aguanté hasta que cayó, con el cuchillo hasta el mango".
Sí, el Panza Maldonado jinetea jabalíes que lo doblan en peso, fuerza y agresividad. De estatura baja, pero espalda y brazos anchos, el cazador desenvaina el cuchillo. Podría estar en cualquier cocina: mango de plástico, hoja de acero inoxidable de treinta centímetros y funda de cuero hecha a mano. Parece inofensivo, al igual que su dueño, pero ambos ocultan la violencia primitiva que unía a nuestros antepasados con las bestias. "Le busco la espalda, porque el chancho, si tiene que elegir entre atacar al perro o al hombre, siempre atropella al cristiano", relata. Y agrega: "Antes yo los agarraba de una pata, pero un día uno se me zafó y se me vino encima, así que empecé a saltarlos".
Maldonado también es jinete y domador. Más de una vez se arrojó sobre un chancho desde el caballo, pero admite que no es lo más aconsejable? para el caballo, claro. "Ese día los perros encontraron un padrillo más malo que una araña. Yo montaba una yegua nueva, redomona. Salté sobre el chancho, pero la yegua se asustó, se boleó y cayó justo sobre la cabeza del jabalí, que le abrió la panza dejándole al aire las entrañas", cuenta, sin agregar ni una pizca de dramatismo al relato.
Los jabalíes más corpulentos huelen las cañerías de agua de los productores locales y las rompen para beber. También se le animan a algún ternero o potrillo a los que matan con colmillos que pueden llegar a medir 11 centímetros. Cuando en las estancias de la zona aparece un chancho dañino, los ganaderos llaman a Maldonado. "Sólo agarro padrillos grandes, de más de cien kilos que hacen destrozos en la ternerada y las aguadas", se justifica. Y aclara que de la presa se aprovecha todo menos la piel: "Lo carneamos y hacemos chorizo, asado y tocino".
En esta tierra difícil, donde la naturaleza no da ventajas, la cacería no es un deporte ni un pasatiempo, es una cuestión de subsistencia.
Características
- Nombre vulgar: jabalí.
- Nombre científico: sus scrofa.
- Origen: Europa.
- Peso: el macho puede llegar a los 200 kilogramos, mientras que la hembra ronda entre los 100 y 200 kilogramos.
- Altura: un metro.
- Largo: 1,80 metro.
- Color: es negro en las paletillas, en los cuartos traseros y en la zona cervical, incluida la cabeza. El resto del cuerpo es castaño amarillento.
- Tamaño de los colmillos: pueden llegar a medir hasta 20 centímetros.
- Longevidad en cautiverio: 20 años.
- Longevidad en estado salvaje: 15 años.
- Alimentación: es omnívoro (come de todo) y necrófago (come carroña).
- Forma de vida: tiene hábitos nocturnos y pasa gran parte del día acostado en sus "encarnes", ubicados en lugares tranquilos y apartados, generalmente cerca de cauces de agua, donde pueden encontrar abundante barro.
- Aprovechamiento: una vez cazado, de este animal se puede aprovechar todo salvo la piel.




