
Evert Taube, un sueco que amó la vida rural y el tango
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CASTELLI.- Atraídos por las enigmáticas particularidades de la Argentina, muchos europeos visitaron este territorio en los siglos anteriores, plasmando luego sus vivencias y observaciones en obras literarias que aún hoy sirven de material de consulta a los investigadores de las costumbres en los más despoblados territorios de América.
Evert Taube no fue deliberadamente un aventurero, ni tampoco se sintió seducido por las generosas posibilidades económicas que ofrecía la Argentina a principios del siglo XX; más bien, a la luz de sus actividades posteriores, se puede asegurar que lo suyo fue producto del azar de la vida. Había nacido en Suecia en 1890 y allí vivió mientras su vocación artística no capituló con el propósito de su padre, que esperaba que su tercer hijo fuera ingeniero. Esa intransigencia lo llevó a ser expulsado del país por su propio progenitor, que llegó a considerarlo inútil para su patria.
Siendo todavía adolescente se embarcó de polizón hacia Estados Unidos, donde se acercó por primera vez al ámbito del arte, que por entonces le negaba un espacio. Por la necesidad de sobrevivir trabajó en una empresa de obras hídricas y llegó a Buenos Aires en 1910 para participar de tareas de dragado en el puerto. Frecuentó los bares y burdeles porteños y allí fue deslumbrado por una incipiente expresión artística, el tango.
Sin embargo, la actividad le deparaba otro destino y, en breve, se vio inmerso en un territorio desolado cercano a la bahía de San Borombón, donde la compañía construía el Canal 15 mediante rudimentarios sistemas.
En medio de la llanura, en un poblado llamado Cerro de la Gloria, tomó contacto con los gauchos y adoptó muchas de sus prácticas, hasta el punto de integrarse como uno más. Debido a sus tareas de geólogo, Taube tenía que reportar periódicamente sus informes a Buenos Aires a través del correo, cuya oficina más cercana se hallaba en Castelli, a 50 kilómetros del lugar en el que la compañía se había establecido. Realizaba ese trayecto a caballo. Como era costumbre, de regreso acarreaba la correspondencia hacia las estancias vecinas, y fue en una de ellas, en Ensenada de San Martín, donde encontró un piano, que tocaba para entretenerse. Quizá por aquello de que la música contribuye a relacionarse, allí conoció a Cecilia Jaca Cortajarena, una joven de singular belleza, hija de los dueños del establecimiento, a quien más tarde inmortalizó con su tango europeo "Carmencita del San Borombón".
Mientras permaneció trabajando en la zona frecuentó esa y otras casas, y participó de las pruebas gauchas que se disputaban en un boliche.
El otro viaje
Después de estadas breves en Córdoba y La Pampa, Evert Taube retornó a Estados Unidos y posteriormente a Suecia. Con los años, su carrera artística se consolidó, cimentada por una nutrida obra musical grabada por numerosos intérpretes de su país. También abordó la pintura y la dirección cinematográfica. Se le adjudica el mérito de llevar el tango a Europa, antes de que se convirtiera en el baile selecto de los salones parisienses.
Regresó por primera vez a la Argentina en 1944 para recorrer fugazmente los lugares en los que había vivido. En 1965, en cambio, lo hizo para filmar un cortometraje en el que relató sus andanzas y vivencias.
El film registró algunas escenas del viaje en alta mar, otras rodadas en Buenos Aires y las restantes en Cerro de la Gloria, en un boliche en el que se reúnen los gauchos para correr carreras cuadreras y participar de yerras, jineteadas y guitarreadas. Taube hizo participar a lugareños en cada una de estas escenas. Visitó la estancia y recorrió a caballo los sitios de su anterior estada, pero nunca se reencontró con Cecilia.
La cámara lo muestra montando un tordillo en el que llega a la casa que habitó 50 años antes y charla en un excelente castellano con una mujer que la habita al momento de la filmación. "Para mí, con veinte años, ese trabajo de andar a campo abierto era una maravilla", dice Ebert Taube.
Después retorna al boliche, toma la guitarra y canta junto a los mismos payadores que, veinte años más tarde, al ver la cinta, no salían de la sorpresa.
Los medios suecos contribuyeron a mantener vigentes las anécdotas de Taube. Cecilia fue requerida por la prensa en varias oportunidades, la última en 1978, cuando un equipo periodístico que cubría el Mundial de fútbol la entrevistó en su residencia de La Plata, donde falleció ese mismo año.
La familia Céspedes, descendientes de Carmencita, o Cecilia, recibe con frecuencia a ciudadanos suecos en La Ensenada de San Martín, que hoy se ha convertido en una estancia turística.
Por su nivel artístico y su espíritu andariego, la figura de Evert Taube es, en Suecia, similar a la de la Atahualpa Yupanqui en la Argentina.
Murió en 1976 dejando obras como "Britta", "Solala", "Setember" y "Tango Rosa", entre otras, y una vida llena de aventuras en las que, como el gaucho, buscó siempre la libertad.




