
Generalizar sobre la situación de la lechería en tiempos tan poco estables puede ser complicado. Pero nada mejor que la reflexión de un tambero cordobés que ya lleva varios años con su rodeo encerrado para entender los vientos de cambio que la intensificación está generando en el negocio.
Decía este productor que tenía claro cuáles iban a ser los litros producidos por sus vacas y su ingreso, "no importa lo que me cueste, yo les brindo una dieta estable en cantidad y calidad por lo que las variaciones en las respuestas productivas son mínimas", afirmaba. Es la lógica de maximizar ingresos por sobre minimizar costos. Pero la previsión de los ingresos que aseguraba su modelo se contrastaba según él, con la incertidumbre en los costos entre los cuales la alimentación está condicionada por los rendimientos de los cultivos que se destinan a reservas forrajeras y a grano. Y las diferencias pueden ser notables según como acompañe por ejemplo, el clima.
Como la sequía pegó fuerte, eso hará que los números estén más que ajustados si no hay una mejora en el precio de la leche. Pero la intensificación no es para tibios. Prueba de ello es la contundente demostración de los tamberos que, aún con un precio estancado, lograron un crecimiento de la producción de más del 13% en relación al año 2010. Estos datos del Centro de Industria Lechera (CIL), marcan un nuevo récord de producción, que nos ubica por encima de los 11.000 millones de litros/año.
Y parte de la explicación se encuentra a que, frente al alza de los costos, los productores están lanzados a sacarle el mayor provecho a cada vaca de la mano de los concentrados. No olvidemos que aunque la excelente relación del precio de la leche con el maíz se redujo, aún se puede comprar dos kg de maíz por cada litro de leche.
¿Cómo termina la película? A diferencia de ejercicios anteriores, los números de las actividades agrícolas no deslumbran ni por lo rentables ni por sus expectativas. No parece tener tan mala la foto la lechería después de todo. Otro es el cantar cuando se miran los niveles de inversión que se están realizando en los tambos en el camino de la intensificación y que plantean la necesidad de encontrar nuevas formas de analizar el negocio, ante el aumento de los riesgos.
Por supuesto que la lechería no escapa del desasosiego que provoca el escenario inflacionario y de retraso cambiario que carcome la competitividad de la economía argentina, aunque pareciera que los ruidos estarían más centrados en lo que ocurra dentro de las propias fronteras. Y en este sentido, la mayoría de los productores sabe que las medidas de mayor impacto se encuentran en lo que puedan hacer tranqueras adentro, algo que confirmaron varios estudios.
Aunque no le sobra nada, la lechería se encuentra mejor posicionada ante la incertidumbre que genera el escenario mundial. La falta de reglas claras, la mejora en la capacidad exportadora de las pymes y el mayor riesgo que enfrentan los tambos por la mayor intensificación, parecen ser los mayores desafíos hacia el futuro.
El autor es ingeniero agrónomo y director de la revista Infortambo
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