
Las acuarelas de Mario Zavattaro alcanzaron la categoría de obra artística, pero también de testimonio de época
1 minuto de lectura'
Mario Zavattaro puede ser tenido como el ilustrador paradigmático del "Martín Fierro". Otros artistas ilustraron parcialmente sólo algunas escenas o personajes del poema, o lo encararon con mayor pretensión artística. Ninguno se atrevió a representar prácticamente el todo de sus personajes y escenas como Zavattaro, con lo que vino a convertirse en modelo ineludible para sus muchos seguidores.
Con incansable y loable porfía, este genovés, llegado al país a fines de siglo pasado (o comienzos del actual), se abocó con honrado designio a documentarse minuciosamente para encarar la magna obra. Así, de las propias manos de Isabel, hija de la primogénita de José Hernández, recibió el texto de "La vuelta de Martín Fierro".
Consultó con provecho las ciento veinte fotografías que el doctor Francisco Ayerza obtuvo de gentes y cosas del campo bonaerense, correspondientes al período 1885-1900, casi contemporáneos de Martín Fierro, una selección de las cuales publicó la Academia Nacional de Bellas Artes con el título de "Escenas del campo argentino" (1968). Se internó durante muchos meses por campos y estancias; alcanzó a ver de cerca alguna sobreviviente pulpería, y registró con precisión la forma de una limeta. Una sostenida pasión por lo popular lo encendió y dio verdad y vitalidad a su obra.
Trayectoria del artista
Génova dio al mundo navegantes ilustres, como Cristóbal Colón, y envió al Río de la Plata acróbatas y artistas del circo, como los de la familia Podestá. En Génova nació también Mario Zavattaro.
Este forzudo y entusiasta protagonista de la lucha grecorromana -en la que fue también juez, en las lides del teatro Casino- ofrece el casi increíble caso de un físico imponente, custodio de un alma sensible y delicadísima.
Ya en 1903, Zavattaro se estrena en el periódico El Gladiador con una escena que titula "Los duelos con pan son menos", de visible intención política, en la que Carlos Pellegrini, de alta estatura y llovidos y poblados bigotes, aparece de pie en medio de sus comensales, como aludido jefe del Partido Autonomista Nacional. El diseño, aunque correcto, es todavía débil e inseguro.
Pero es en la revista Caras y Caretas, al lado de Manuel Mayol, José María Cao y otros, donde Zavattaro afina hasta lo sutil sus medios artísticos, con obras que lo señalan como ilustrador admirable, de fresca y expresiva imagen, en aquella revista, en Plus Ultra (especie de apéndice artístico y lujoso de Caras y Caretas, en la que en 1916 Zavattaro publica su autocaricatura), y en P.B.T. (con una admirable tapa de escena de carnaval), en el diario Crítica y en La Nación .
Su diseño es entonces de admirable soltura y aun de cierta avanzada modernidad, sin perder la solidez de su virtud representativa, en lo cual puede decirse que hasta hizo escuela, con ilustradores siguientes, como Rodolfo Claro.
En cuanto a las notables acuarelas con que ilustró "Martín Fierro" en las publicaciones de Alpargatas, en las entregas de los almanaques de 1937, 1938 y 1939 (a razón de doce ilustraciones por año), tanto los personajes como el propio José Hernández, el comandante, el pulpero o el indio, entre otros, son llevados a la versión de Zavattaro con gran respeto documental y con una pulcritud detallista que los hace a la vez obra artística y testimonio.
Debe agregarse a ello que Zavattaro eligió para expresarse la acuarela, que si bien otorga frescura a la obra, no permite la corrección sobre el papel.
Treinta y tres -como los del poema- son los cantos que Zavattaro ilustró. A ello agregó -con devoción atendible- el retrato de José Hernández, como asistido por la musa que le inspiraba la obra, y las acuarelas que denominó "Glorificación de Martín Fierro" e incluso con adhesión que consideró al autor digno de alternar con las más ilustres sombras de la literatura, "Martín Fierro en el Paraíso".
Legado cultural
Zavattaro alternó con gente de la cultura popular, a la que se sentía especialmente inclinado. Fue el que llevó a la revista Caras y Caretas al compositor y escritor Angel G. Villoldo, en la que el autor de "El choclo" publicó una serie de sabrosos cuadritos ciudadanos, en expresivos romances de verso octosilábico.
La obra de Zavattaro es no sólo un considerable logro artístico, sino también, el homenaje que un genovés recién llegado, encariñado con los usos y costumbres del país, rinde a su patria de adopción.
Como para redondear lo que es hoy ya su leyenda, Zavattaro se perdió en algunos campos en los que se internó para compenetrarse del sentido poema al que dio notable presencia visual.
No se sabe cuándo ni dónde murió, ni dónde reposan sus restos. Una enciclopedia lo da como fa-llecido en 1932, pero en 1937 aún trabajaba para los famosos almanaques.
El interés de algunos visitantes extranjeros y de coleccionistas locales hizo que sus acuarelas -muchas veces convertidas en significativo regalo empresario- se dispersaran como hojas libradas al viento.
La recuperación fiel de estas imágenes, en considerable tirada, representa no sólo un justificado homenaje al notable ilustrador, sino un verdadero servicio a la cultura nacional y una manera de reconsiderar en su debido valor documental y artístico a quien, con arte y fidelidad, dio presencia visible a las escenas y personajes del poema hernandiano.
(Extraído de "El largo camino de Martín Fierro y José Hernández". Ediciones Margus.)





