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Todo el mundo chusmea: según estimaciones de Megan Robbins y Alexander Karan, de la Universidad de California en Riverside, dedicamos un promedio de 52 minutos al día a hablar de los demás. Y por supuesto que los chismes también cunden en los lugares de trabajo. Los escuchamos en las conversaciones entre colegas, sabemos a quién recurrir para ponernos al día, y hasta nos damos cuenta cuando el chisme en inminente: de repente, todos bajan la voz, y hasta miran teatralmente alrededor para cerciorase de que el sujeto en cuestión no ande cerca. A veces, el chisme se ofrece abiertamente, como canapé en bandeja: “¿Querés escuchar la última de tal o cual? Y sí, la respuesta seguramente es que sí…



