Clave perfecta: la economía de la máquina de la confianza

Desde la época de los romanos, la humanidad se propone cifrar mensajes; con avances tecnológicos, hay quienes hoy intentan hacer que las codificaciones cambien la vida diaria
Sebastián Campanario
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15 de noviembre de 2015  

Un muy buen libro de no ficción se tradujo al castellano con un título de novela barata: Los códigos secretos, de Simon Singh. Cuenta la historia de la criptografía (el arte y la ciencia de codificar y decodificar mensajes) desde el antiguo Egipto hasta la era de Internet. Singh cerró su relato en el año 2000, cuando todavía la "criptografía cuántica" casi no tenía desarrollo y tecnologías como el blockchain que está por detrás de la moneda virtual bitcoin aún no existían. Desde entonces, una revolución se gesta en este mundo de programadores, ingenieros y físicos, que apunta a cambiar en el corto plazo instituciones centenarias en el capitalismo, la forma de hacer negocios y las políticas de desarrollo.

¿Visión exagerada? No para los protagonistas de esta saga. "Las consecuencias para la vida cotidiana, las comunicaciones y los negocios son innumerables", dice Ignacio López Grande, físico de la UBA y especialista del Conicet en distribución cuántica de claves criptográficas. Desde los romanos que usaban mensajeros a los que se les tatuaba un texto en el cuero cabelludo y se esperaba a que les creciera el pelo antes de mandarlos al receptor, hasta las más modernas fórmulas de encriptación por computadora (basadas en el uso de números primos muy altos), la historia de la codificación y decodificación es una saga fascinante, que en la Edad Moderna, cuenta Singh, descansa sobre el supuesto de que resolver ciertos problemas matemáticos demanda una cantidad prohibitiva de tiempo. Esa hipótesis se puede caer con un "atajo" descubierto (como con la máquina "Enigma" de los nazis) o con la aparición de una tecnología superior.

"La seguridad en la criptografía cuántica viene dada por las leyes físicas. En principio, un sistema bien implementado es inquebrantable, independientemente de la capacidad de cómputo o conocimientos de matemática del espía. El precio que hay que pagar es un nivel de sofisticación más alto", explica el físico de la UBA, que trabaja dentro del Laboratorio de Óptica Cuántica dentro de Citedef.

La idea original de la criptografía cuántica es de principios de los ochenta, pero los primeros sistemas comerciales (todavía experimentales) surgieron en los últimos 10 años. Por ahora, las más interesadas son las entidades que manejan información sensible (gobiernos, bancos, universidades e institutos de desarrollo tecnológico). "Pero también hay planes para utilizar estos sistemas de forma masiva", dice López Grande. Por ejemplo, Nokia trabaja para desarrollar una plataforma de distribución de claves cuánticas para celulares. "La idea es que uno va con su celular a un cajero automático, lo conecta y se genera alguna clave entre el usuario y la entidad bancaria. Esta clave, una vez en el celular, se puede utilizar para cualquier operación que requiera seguridad criptográfica en otro momento", cuenta el físico.

Además del blockchain (el sistema revolucionario de "bloques" que permitió la explosión de bitcoin), en este diccionario aparecen términos como "contratos inteligentes", "Ethereum" (un sistema que utiliza su propia blockchain, y que trae embebido un lenguaje de programación para contratos inteligentes), "dinero líquido", "Factom" (que permite guardar grandes cantidades de información -historias clínicas, hipotecas, etcétera- y que queden "firmadas" en el blockchain), o "Bitcurt" (un sistema para el manejo de contrato que utiliza la tecnología del blockchain).

En todas estas categorías hay emprendedores argentinos. "El uso de contratos inteligentes cambiará la forma en que interaccionamos entre las personas y las organizaciones", dice Joaquín Moreno, tecnólogo en Globant con más de dos años de experiencia en la industria de las criptomonedas. "Imaginemos un escenario en el cual los acuerdos se ejecuten indefectiblemente si se cumplen ciertas condiciones. Esto significa que no va a dar lugar a interpretaciones o confusiones propias de los contratos actuales. Es binario, se ejecuta o no se ejecuta. Sin intermedios", sigue Moreno, que también es cofundador de Mondome.com, un sitio para encontrar la mejor forma de enviar dinero de un país a otro y participó del evento de "Negocios del futuro", que organizó la nacion (ver aparte).

"No recuerdo de quién lo escuche, pero hay un concepto muy interesante: en el fondo, los abogados son hackers del sistema actual, ya que tratan de encontrar la solución más conveniente según su interés. ¿Qué sucederá cuando los contratos tengan menos margen de maniobra? Imaginemos cuando los contratos cumplan sus cláusulas de pago en función de datos reales (horas de trabajo, temperatura, lluvia, fechas impostergables, etcétera). ¿Tendremos instituciones mejores?", se pregunta Moreno, que es ingeniero y estudió en el ITBA. Para construir confianza -indispensable en las transacciones económicas- no serán necesarios 200 años de un Banco Central o de otra institución que las respalde, sino que la tecnología alla blockchain podrá generar reglas de juego en las que se confíe.

"Ésta es un mala noticia para aquellas organizaciones e instituciones cuyo negocio es brindar confianza", sostuvo la nota de tapa de la semana pasada del semanario inglés The Economist, titulada "La máquina de la confianza". La revista es cruel con los abogados y escribanos. Cada dos o tres meses publica un artículo donde fustiga la actividad notarial por los mayores costos que genera en la economía y porque las nuevas tecnologías le están restando razón de ser.

Para The Economist, la mala fama que puede tener bitcoin por su volatilidad y porque hay muchas historias documentadas de cómo se lo usa para operaciones al margen de la ley, no quita que el blockchain sea una tecnología revolucionaria, cuyos efectos llegarán mucho más allá de las criptomonedas. El paralelismo que se suele citar es el de Napter (sitio de distribución de música que cayó por la acción antipiratería de las grandes discográficas), que fue una empresa pionera en los esquemas peer to peer (de usuario a usuario) que se usa en infinidad de iniciativas en Internet.

¿Cuán rápido llegarán estas tecnologías a producir cambios tangibles? Se cree que más pronto que tarde. Como describió el novelista Ernest Hemingway en Fiesta a un personaje que entró en bancarrota "primero de manera gradual y luego en forma abrupta". No podría haber una mejor definición de exponencialidad.

sebacampanario@gmail.com

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