
Alejandro Corbacho."La visión acá es que el mundo es enemigo del país"
El especialista en Relaciones Internacionales de la Ucema cree que el principal problema de la Argentina es la conducción política; escenario de creciente conflictividad social hasta 2015
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Más allá de que los malos tragos sean internos o externos, financieros, económicos o sociales, de los dolores de cabeza por la inflación o los que generan las trabas para operar en el comercio, Alejandro Corbacho está convencido de que el gran problema de la Argentina es que se toman decisiones políticas que tienen costos adversos para el país. "Tenemos problemas de conducción política", asevera el director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad del CEMA.
-¿Y por qué ocurre eso?
-Tiene que ver con que la inserción de la Argentina en el mundo, que es rehén de la política interior. La idea de que la política exterior debe ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente. Eso quiere decir tener más amigos que enemigos, aprovechar las posibilidades que ofrece el mundo. Por el contrario, en general, la visión acá es que el mundo es enemigo, que quiere aprovecharse de nosotros. Hay un sesgo ideológico muy marcado que nos obnubila para ver qué ofrece el mundo. Puedo dar un ejemplo claro que es Vietnam, país que hace poco la Argentina descubrió. Vietnam estableció relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y luego le pidió un tratado de libre comercio a los EE.UU. Eso es una carta de presentación en el mundo.
Estaba en EE.UU. cuando se propuso el famoso ALCA, que aquí fue rechazado de plano y era muy contrario a los intereses por ejemplo de Brasil. Estaba casi dibujado para que Brasil no entrara. Sin embargo, años más tarde y luego de negociaciones fuertes, la cosa cambió. Lo que quiero decir es que no podemos rechazar oportunidades de plano. Lo importante es que tenemos que construir para el largo plazo. El problema de la Argentina es que el largo plazo hoy es octubre de 2015. Estamos esperando a que este gobierno termine y se espera que lo que venga después sea mejor, porque simplemente será distinto.
-Entonces, ¿no hay problemas económicos, sólo políticos?
-El argumento es que si las decisiones políticas respecto de economía fueran distintas, nuestros problemas económicos no serían tan serios. Tenemos problemas de balanza externa, de déficit, y decidimos restringir las compras al extranjero. La decisión se toma intempestivamente, como ocurrió con las carnes con Rusia en su momento o con el gas con Chile. Cuando el tema Malvinas, se logró una cosa muy importante: una declaración de la zona de Mercosur para evitar que buques británicos que se dirigieran a Malvinas fueran recibidos en nuestros puertos. Fue un logro gigantesco de política exterior. Al día siguiente que Perú rechazó la entrada de un buque de guerra británico a sus puertos, la Argentina le puso restricciones económicas a sus productos. ¿Por qué? Por razones de política interna. El problema es que las decisiones que se toman están pensadas simplemente para satisfacer las necesidades de corto plazo y no para el establecimiento de bases duraderas para el comercio internacional que ayuden para el bienestar del país. Pero esa es una característica de la clase dirigente argentina, no es un problema de los últimos 10 años, sólo que ahora se ha acentuado.
-La clase dirigente está formada por políticos, empresarios, gremialistas, ¿a qué atribuye esa falencia?
-En el caso argentino, las elites hace rato que dejaron de ser elites. Se ocupan los cargos, los puestos y se sigue la corriente de opinión del momento, lo que el gobierno de turno diga. Políticamente la Argentina es muy democrática en términos de quiénes llegan al poder. No es Chile ni Brasil. No hay una elite en la política. Ha llegado de todo y cualquiera puede llegar. Las universidades no llegan. A los empresarios serios les cuesta y a otra gente de bien, también. Desde hace muchos años ya no hay una elite que se educa y prepara para gobernar o dirigir el país. En otros países uno ve una suerte de responsabilidad civil de distintos sectores de formarse para ocupar el gobierno. Acá la idea es la militancia, el asalto al poder y cuando tengo el poder quiero quedarme toda la vida. Es lo que nos pasó en los últimos 30 años de democracia, excepto el corto plazo de De la Rúa, que no tuvo tiempo. El gobierno de Alfonsín quiso perpetuarse a través de la reelección; Menem quiso acceder a la re-reelección y este gobierno también luchó mucho por la tercera reelección. Eso es un costo fenomenal para el país porque implica cambiar reglas de juego y perder previsibilidad.
La raíz de nuestros problemas es la incapacidad de la Argentina de generar previsibilidad. Esto afecta al comercio internacional y a la política. La pregunta central de un país que algunos llaman la gran estrategia es: ¿Qué quiero ser en 20 años? ¿Qué tipo de trabajo tendrán entonces los argentinos? Si diéramos esas respuestas hoy serían: todos van a ser empleados públicos, estatales; el sector privado simplemente será el comodín o el colchón de las necesidades de un Estado omnipresente, omnímodo.
-¿Por qué políticamente es tan redituable este discurso de Patria o buitre?
-Creo que en la crisis de 2001 la sociedad argentina sacó las peores conclusiones. Hay autores que sostienen que esto es un problema de raíz profunda que viene de lo que se llama el proyecto de educación patriótica de 1910. Hay desconfianza de lo externo. Hace poco vino la embajadora de Australia a hacer una presentación y me comentó que no podía dedicarse a todo el potencial que tiene la Argentina a raíz de la cláusula que prohíbe el giro de dividendos. Una empresa extranjera que viene al país espera obtener ganancias, pero acá la idea de ganancia suena mal, suena a exprimir. Y me contaba que Chile tiene entre 35 y 40 proyectos directos australianos que tranquilamente podrían venir a la Argentina. Esas son oportunidades que perdemos.
-¿Cuál es hoy nuestro lugar en el mundo? ¿Cuál debería ser y cuál puede ser?
-Nada del slogan de gran potencia, pero creo que la Presidenta fue acertada al mirar a Canadá y a Australia. Podríamos ser tranquilamente esos países en el sentido de que son países de clase media, con un nivel de desarrollo muy bueno, con instituciones serias, lo mismo que Nueva Zelanda. Son polos de atracción para muchos jóvenes profesionales que no quieren cambiar al mundo, que no son cruzados que quieren enfrentarse a los grandes poderes concentrados sino que trabajan con ellos del mejor modo posible y los aprovechan. En la Argentina tuvimos esa oportunidad en su momento y la estamos destruyendo. Hoy los problemas en educación son reales. Estamos perdiendo capital humano.
La Argentina que fue un modelo en América latina en educación ya no lo será y en 20 años no podremos decir, como dijo la Presidenta hace algunos días, que nuestro capital humano es altamente calificado.
Creo que debemos vivir en un país sin sobresaltos. Hoy estamos viviendo el fin de ciclo de este período, de este gobierno. Se habla de la década ganada, pero lo sorprendente es que el mundo estaba lleno de oportunidades y nosotros terminamos encerrándonos.
-¿Cómo cree que será el clima social hasta las próximas elecciones presidenciales?
-Si toman medidas que no buscan reactivar la economía sino que la achatan, y el mensaje es voy a seguir en esto porque esto está yendo bárbaro... No hay que ser un genio, la gente que duerme en la calle, los mendigos que hay, el tamaño de las villa miseria que siguen creciendo. Hay serios problemas. A esto le sumo un discurso: rompé todo, tenés derecho. La conflictividad va a aumentar ante problemas. Una parte importante de la sociedad se ha vuelto rentística. No digo, no hay que sacar los subsidios, tenemos pobreza estructural, sectores que nunca se incorporarán al mercado laboral. Pero por otro lado estoy debilitando el sector laboral si restrinjo importaciones y las fábricas dejan de producir porque no tienen insumos y la gente queda suspendida. Y tengo problemas con los autos. ¿Cuál fue el sentido del impuestazo del auto? Que no salgan dólares. ¿Qué perdió el Gobierno? Se desplomó la venta de automóviles. No se piensan las cosas en el mediano y largo plazo. El Gobierno habló de ampliar el presupuesto. ¿De dónde salen esos recursos? Más impuestos ¿Quién los pagará? El sector que trabaja en blanco. Ya que te sacan casi el 50% del salario y te sacarán más para pagar esto o van a imprimir. Si imprimen habrá más inflación y sabemos que eso a quienes más afecta es a los sectores de menores recursos.
Por lo tanto, habrá más conflictividad. Los sindicatos leales al Gobierno necesitan señales que no les están dando. Los gremios están siendo corridos por izquierda. Lo que estamos viendo en automotrices en el caso de las empresas de Panamericana es que hay sectores que están creciendo y luchando, y el sindicato leal les dice que tienen que tener paciencia.
@florcarbo





