
Algo que aprender de los fenicios
Heredero del pueblo que enseñó al mundo las artes del comercio, el país árabe busca posicionarse como puerta de entrada a Medio Oriente
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"El Líbano es un país pequeño, pero un mercado muy importante", sostiene el embajador libanés en la Argentina, Hicham Hamdan, con una frase que admite haberse apropiado de su contraparte argentino, el embajador José Pedro Pico. Y tiene fundamentos sólidos para sostenerlo.
Aunque el país oriental apenas alcanza la mitad de la superficie de la provincia de Tucumán y su población no llega a los 4 millones de habitantes, reúne las condiciones ideales para constituirse en un socio más que interesante para nuestro país, una de las puertas de acceso naturales a un mundo mucho más amplio: Medio Oriente y los países árabes en general, territorio con amplios recursos económicos que compran en el exterior la mayor parte de sus insumos.
Después de años de guerra y devastación, los libaneses lograron reconstruir su país a una velocidad formidable y están recuperando las condiciones por las que solía considerárselo la Suiza oriental. Para eso, apostaron a desarrollar el punto fuerte del país: el sector de servicios, en el que se destaca el sistema bancario y financiero, y a expandir otros instrumentos vitales para los negocios, como las comunicaciones.
El sistema bancario libanés ha sido tan sólido, que ni siquiera en los peores momentos de su historia reciente se produjeron quiebras o rupturas de compromisos con sus clientes. Actualmente, las entidades privadas disponen de fondos por 65.000 millones de dólares. Seguramente fue esa fortaleza la que llevó a funcionarios de Corrientes y Córdoba a invitar a los banqueros libaneses a participar en la privatización de los bancos provinciales.
Por otra parte, el sistema educativo asegura un personal joven, calificado y competente. Y en materia de legislación, se han dispuesto los mecanismos para facilitar la actividad comercial y empresarial, con un sistema fiscal liberal que favorece la rentabilidad de las empresas.
Los inversores, cualquiera que fuere su nacionalidad, tienen libertad absoluta para invertir en el país sin autorización previa, y todos los sectores están abiertos a la participación de los extranjeros, incluso sin socios locales. Sólo están exceptuadas las áreas de armamento y seguridad nacional.
El embajador Hamdan cifra sus esperanzas en un acercamiento mayor entre el mundo árabe y América latina y destaca como un hecho que puede constituir una bisagra en las relaciones de ambos bloques la cumbre de países de las respectivas regiones que se hará en abril próximo, en San Pablo (Brasil).
"Varias naciones de la región van a aprovechar ese encuentro -dice el diplomático-, y yo espero que la Argentina y Brasil, que tienen una relación histórica con mi país por la importante colectividad libanesa que los eligió para radicarse, aprovechen especialmente esa circunstancia." De hecho, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, acaba de concluir una gira por el Líbano, donde expresó su decisión de convertir al país en uno de sus socios preferenciales.
Además, el mes próximo debe reunirse en Beirut la comisión mixta argentino-libanesa. De todos modos, la filosofía que sostiene el representante diplomático va más allá de las relaciones comerciales tradicionales. "Yo creo que en este mundo globalizado es una gran equivocación pensar sólo en comprar y vender. En ese sentido, prefiero hablar de relaciones económicas y no sólo comerciales. Las exportaciones e importaciones son una mera parte de la relación económica. Creo que hay que pensar de una manera más amplia", dice, y cita como ejemplo la industria intelectual (cine, televisión, prensa, publicidad, artes, impresión de libros). "Este sector de la industria intelectual es muy importante en el nivel internacional, con un intercambio superior al de todo los otros ingresos. El Líbano, en ese sentido, ocupa un lugar privilegiado ya que es el más importante centro de la industria intelectual del Medio Oriente. Pienso que sólo en ese sector podemos tener un intercambio de varios cientos de millones de dólares", especificó.
De la mano del turismo
Otra área que destaca Hamdan es el de la industria turística, sector al que considera uno de los mejores caminos para acercar a los pueblos. "Estoy seguro de que si los potenciales inversores de ambos países conocieran las bondades que tienen la Argentina y el Líbano, rápidamente habría inversiones en uno y otro lugar. Me consta que muchos inversores libaneses estarían dispuestos a hacer negocios en este país", agregó.
Respecto del camino ideal para hacer negocios en aquella región, el embajador sostiene: "Si la Argentina, que tiene una industria importante, sólo se propone exportar, quedará librada a una competencia muy dura en el mundo. Es mejor que de alguna manera forme parte de la región. ¿De qué modo? Estableciéndose en la zona, si no con fábricas, al menos con oficinas comerciales, depósitos, sedes. Si no quieren hacer estas sedes en Beirut, las pueden tener en Damasco, en Marruecos..., pero la idea es que es importante tener presencia en el lugar mismo. El mundo árabe va en camino de un mercado común... Este año mi país firmó un acuerdo con los países del Golfo para que las industrias libanesas entren en ese mercado como si fueran propias".
La idea de la asociatividad también es impulsada por la Cámara de Comercio Argentino-Libanesa, cuyo presidente, Antonio Aramouni, destaca otra de las fortalezas del mercado libanés: el hecho singular de que fuera del Líbano vivan cuatro veces más libaneses que en el propio país. "Esos 16 millones de libaneses diseminados en los cinco continentes se dedican fundamentalmente al comercio y están integrados en una red de emigrados, el Consejo Internacional de Hombres de Negocios Libaneses (LIBC, por su sigla en inglés), lo que facilita el acceso a los mercados que ellos atienden", sostiene Aramouni.
Aramouni es un convencido de que para poder exportar hay que tener previamente una preparación adecuada, en calidad, cantidad, precio, marketing, presencia, perseverancia... "Esos mercados ya están abastecidos por alguien y para entrar hay que pasar por un proceso en el que podemos aportar conocimientos, atención personal, contactos. Desde el Líbano nos llegan pedidos de todo tipo, todo el tiempo. Hay muchos oferentes. ¿Hay posibilidad de exportar miel? Sí la hay. ¿De vender ropa de niños, calzado, medicamentos? También. ¿Tecnología atómica o embarcaciones? También. Pero es imprescindible adoptar una cultura exportadora. Le doy un ejemplo: no hace mucho estimulamos a varios astilleros locales para que participaran en la feria náutica más importante de la región, en Beirut. Hicimos contactos con astilleros; se entusiasmaron, pero finalmente uno solo, que invirtió tiempo y dinero llevando sus productos hasta allá, logró cerrar varios negocios. Los demás, por temor, no invirtieron a riesgo y se quedaron afuera".
Herederos de los fenicios, los libaneses saben de qué hablan cuando hablan de negocios. Al fin y al cabo ése fue el pueblo que enseñó las artes del comercio, la navegación y la industria a sus pueblos contemporáneos, sin olvidar otro legado central de las comunicaciones: el alfabeto del que derivó la mayor parte de los del mundo antiguo.
Para mayor información, visitar www.ellibano.com.ar , www.camara libanesa.com.ar , www.idal.gov.lb , www.libanorg.org .
El autor es director periodístico de www.elcorresponsal.com .
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