
Argentina, a sus zapatos
Competir en el segmento económico es considerado una batalla perdida. Mientras le hace frente a la importación de Brasil y de China, la industria del calzado avanza en el exterior con líneas de alta gama
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Es sólo un capítulo más de una saga que parece no tener fin. Los representantes de la industria del calzado de la Argentina y Brasil continúan negociando un acuerdo que limite las importaciones del principal socio del Mercosur. Y del lado argentino no sólo buscan el acuerdo, sino que piden que los empresarios brasileños lo cumplan. "En 2004 se comprometieron a exportar a la Argentina entre 12 y 13 millones de pares, pero finalmente ingresaron 15,3 millones", señaló Carlos Litzmann, gerente de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC). Además, China avanza rápidamente y no hay quien la detenga.
En el sector recuerdan tiempos mejores: en el país se fabricaban cerca de 100 millones de pares por año. "Pero la industria se redujo y una de las causas fue la importación", sostuvo Litzmann. Como ejemplo, las ventas de Brasil a la Argentina treparon de 700.000 pares en 1991 a 20 millones de pares en 2001. En esos años también disminuyeron el consumo interno de calzado y las ventas al exterior: "Era imposible exportar porque los zapatos argentinos eran más caros que los italianos", recuerda el empresario Oscar Tosone.
Pero luego de la devaluación el sector comenzó a recuperarse y el año pasado la producción fue de 56,7 millones de pares, un incremento del 13% respecto de 2003. Las exportaciones alcanzaron los US$ 14,98 millones y los principales destinos fueron Chile, Uruguay, España y Paraguay. Para Laura Barabas, responsable de Comercio Exterior de la CIC, "los productos argentinos que tienen posibilidades de competir son las líneas de alta gama. Hay mercado para zapatos y botas de cuero, de calidad, con diseño y a precios más accesibles que los europeos".
Y para ofrecer calzado de alta gama, los empresarios cuentan con la calidad del cuero argentino: "Es reconocida en todo el mundo, podemos utilizar esa ventaja para promocionar nuestros productos", indicó Cristian Calandria, de Maggio y Rossetto.
Pequeñas y medianas
En el país hay unas 800 fábricas, y según datos de la CIC menos de diez son grandes empresas, el resto son pequeñas y medianas, con una producción diaria de 200 a 300 pares. Una de ellas es Tosone, que se especializa en calzado fino de mujer desde hace más de 60 años. Los zapatos y las botas de la empresa llegan a Chile, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Suecia, Italia y Australia, entre otros, y el año pasado las ventas al exterior se duplicaron respecto de 2003. Para Oscar Tosone, "la competencia en el segmento de alta gama es la producción de Italia y España; en esos países se confecciona el mejor calzado fino del mundo. Este año pude exportar a Italia, para mí es un orgullo".
También Jorge Ratti, gerente de ventas de Paruolo, tiene motivos para festejar: Naomi Campbell desfiló en Acapulco Fashion con zapatos de la empresa. Con precios entre US$ 30 a US$ 35, los zapatos de Paruolo se exportan a España, México y Chile.
Las creaciones de los diseñadores europeos que imponen la moda en cada temporada están presentes en los trabajos de los fabricantes argentinos. En el caso de Maggio y Rossetto, "hay influencia del diseño europeo en nuestros productos, pero lo adaptamos a nuestro estilo", dice Calandria. La empresa llega a Estados Unidos, España y Chile, y en los primeros cinco meses de este año sus exportaciones crecieron un ciento por ciento respecto del mismo período de 2004. "Queremos crecer y desarrollar la marca en el exterior. Por eso no hacemos zapatos para terceros, sino que vendemos con nuestra marca."
Especializado en calzado fino de hombre, Horacio Talpini exporta hace diez años y sus principales mercados son Estados Unidos, Chile y España. Un 50% de los zapatos que fabrica se vende en el exterior con precios entre US$ 33 y US$ 42.
Pero no sólo con calzado fino de hombre y mujer se puede competir, también hay otros nichos de mercado que la Argentina puede atender. Daniel Lubieniecki, director de El Resero, explica que "con la caída en el consumo interno, comenzamos a buscar una salida en la exportación. Como la Argentina está asociada al polo, pensamos que podíamos llevar nuestras botas de polo y de equitación al exterior". El Resero también exporta borceguíes y llega a Inglaterra, Sudáfrica, Estados Unidos, Holanda y España. En 2004 las ventas al exterior de la empresa crecieron un 10% respecto del año anterior.
En Casa Fagliano, creada en 1892, la confección de botas de polo es parte de la tradición familiar. Poco tiempo después de que se instalara el taller en Hurlingham, los Fagliano agregaron, a las botas de campo y zapatos que realizaban, calzado para los jugadores del club de polo de la zona. En el taller aún se conservan, y se utilizan, las herramientas con las que empezó a cortar y coser cuero el bisabuelo italiano de Eduardo y Héctor Fagliano. "Los clientes fueron recomendando nuestro trabajo, también a través de ellos empezamos a recibir pedidos del exterior", dice Eduardo. La producción es artesanal y, como tal, la cantidad es limitada. Entre sus clientes famosos se cuentan el rey Juan Carlos de España, a quien le hicieron zapatos y mocasines, y la infanta Elena, que encargó unas botas de equitación. Los zapatos, botas, rodilleras y cintos de los Fagliano llegan a Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Italia, España y Francia.
Sello Mercosur
Los empresarios del sector coinciden en que competir en el segmento de calzado económico es casi una batalla perdida. Allí pisan fuerte Brasil y China, y en los últimos años se sumaron Malasia, Vietnam e Indonesia, entre otros. Pero China ocupa un lugar destacado en la lista de preocupaciones de la industria: "Es imposible competir con un país que tiene una estructura de costos poco creíble". Según estimaciones de la CIC, las importaciones chinas aumentaron un 140% en los primeros cinco meses de este año respecto de 2004. Y en el sector piden que "el Gobierno no nos abandone, que tome medidas frente a las importaciones subsidiadas que llegan de otros países".
Carlos Restaino, directivo de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), dijo: "No estoy de acuerdo con la aplicación de cupos. Habría que trabajar en hacer posible la integración productiva con Brasil; de esa manera se podría hacer un calzado Mercosur que se exportaría al mundo".
Por otra parte, Dante Sica, presidente del Centro de Estudios Bonaerenses (CEB), advirtió que "los empresarios argentinos y el Gobierno deberían trabajar en la creación de un programa para los próximos años. Fijar un cupo a las importaciones no puede ser la única estrategia; en un determinado momento puede resultar necesario, pero no es suficiente para garantizar la sustentabilidad del sector, porque si se analiza la región aparece un jugador al que hasta hace unos años no se le prestaba atención: China".
Y agregó: "Hoy, tanto la Argentina como Brasil deben tener en cuenta que las importaciones de China están creciendo, y si bien la participación en el mercado no es elevada, la tendencia indica que en el futuro los países del Mercosur se enfrentarán a una fuerte competencia. La Argentina y Brasil pueden trabajar en políticas de complementación productiva, no es una utopía".






