
Autitos para coleccionistas excéntricos
Con una cuota de casualidad y otra de visión, dos emprendedores descubrieron un negocio exclusivo
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Oscar Rondano vio un negocio en un chasis oxidado y destartalado en un taller de Llavallol, hace unos años. La chatarra en cuestión era un auto en miniatura, de pedales: el Austin Pathfinder Special, uno de los 800 que fabricó la mítica automotriz inglesa, medio siglo atrás, para darles trabajo a unos mineros desempleados del sur de Gales y generar así divisas con la capacidad ociosa de la fábrica.
La curiosidad llevó a él y a Hugo Rizzo (socios de Classic Cars Connection, brokers de autos clásicos) a investigar un poco sobre los miniautos antiguos. Descubrieron que era un mercado exclusivo, un terreno de pudientes coleccionistas, de fanáticos. Y decidieron lanzarse a comercializar estas réplicas para el excéntrico nicho, por Internet. Días atrás viajó por avión rumbo a Francia una Alfetta 159. Salvo por el motor -que es eléctrico-, todo, absolutamente todo, es una réplica exacta del modelo con el que el "Chueco" Juan Manuel Fangio se consagró en 1951.
En el 50% del tamaño de la pieza original de Alfa Romeo, el auto está hecho en aluminio, con la misma estructura tubular del chasis; las ruedas cuentan también con 72 rayos (cada uno con el diámetro proporcional al de las italianas Borrani), campanas de freno ventilado, tapizado de corderoy y volante como el Nardi original. Y más lujos -además de la calcomanía del "quadrifoglio", el trébol de cuatro hojas, emblema del Alfa Romeo-, como la firma del mismo Fangio, autorizada por el museo por el excelente trabajo hecho con el auto. Construido íntegramente de forma artesanal en un taller de Villa Lynch, la Alfetta 159 se entregará en la puerta de un coleccionista francés fabricante de juguetes que lo compró a un precio... de colección.
También está el BMW Isetta, réplica del juguete que imitaba el minicupé fabricado por la compañía alemana, cuando obtuvo la licencia de la automotriz italiana Iso, y se inmortalizó como el "ratón alemán", el mismo con el que los chicos jugaban en las veredas porteñas, durante los años 60.
Y por último, el Austin Pathfinder Special, miniauto, con pedales, correas de cuero para levantar el capó, y con la réplica de la innovación de la época: el árbol de levas a la cabeza. "Es la única imitación en el mundo hecha en metal, no en plástico. El modelo tomó como original el vehículo en miniatura inglés del que sólo se fabricaron 800 unidades", narró Rondano.
Hoy, este juguete para niños ricos es más que difícil de encontrar, pero se puede apreciar un original en la exclusiva Harrods de Londres. Comprarlo implica tener en el bolsillo 5000 libras, o casi US$ 9100. Pero ¿por qué no optar por la mímesis "made in Llavallol"?
Uno de los clientes de Classic Cars Connection es justamente un londinense, dueño de una agencia de publicidad, de unos 35 años y fanático coleccionista de autos clásicos. En una visita a Buenos Aires, se puso en contacto con Rondano y visitó el taller. El conocedor se quedó impactado con las artesanías y las herramientas "prehistóricas" con las que se armaba este objeto de su adicción.
Prueba del fanatismo de este inglés, comentó Rondano, fue que la esposa del coleccionista lo abandonó, al descubrirlo pintando uno de sus Austin en el living de su residencia... Se enteró 15 días después del desmán de su esposa.
También un importante productor televisivo de Estados Unidos que vino a la Argentina quedó pasmado por la perfección de estas artesanías, cuando las descubrió a una cuadra de su hotel, en una galería de la avenida Alvear. "Quedó fascinado porque había visto de chico el Austin una vez en París y nunca más", añadió Rondano. Ahora esperan que este contacto sea fructífero y les abra las puertas de los coleccionistas norteamericanos, en cuyo mercado todavía no lograron concretar operaciones por una sencilla razón: "Están más inclinados a comprar volumen, de a diez autos y para mañana. Tuvimos que rechazar esas propuestas; no es la forma en la que trabajamos", dijo Rizzo.
Mística a pedido
Para tentar a este mercado de la nostalgia, y alto poder adquisitivo, estos brokers publican en Internet ( www.wineandcars.com ) algunas de sus recreaciones -como las motos Guzzi 1937 o la Gilera 300 de 1953, usada por la Policía Federal; los típicos buses ingleses de dos pisos; aviones biplanos, o locomotoras de principios del siglo XX-. Pero todo se hace a pedido, y los aficionados tienen armarse de paciencia entre 45 y 60 días. La mística de estos autos de colección requiere también protagonistas, si no míticos, al menos de otros tiempos. Por ejemplo, "quien hace las ruedas es un jubilado de 75 años que recibe 200 pesos por mes por su jubilación. Por cada rueda que hace recibe 50 pesos", cuenta Rondano, y agrega que "puede hacer hasta cinco ruedas que, hasta lograr la perfecta no para".
En los talleres no hay molderías o matricerías. Los artesanos resucitan técnicas como la del fundido de aluminio en tierra, para luego darle formas con un torno. Las unidades que llegan a Francia, Alemania, Holanda y Bélgica son completamente a mano. Se saben únicos en el mundo "porque en el exterior la mano de obra para estas artesanías cuesta 100 dólares la hora y un vehículo como la Alfetta requiere al menos 500 horas de trabajo", explicó Rondano.





