China desata tempestades

Su desaceleración impacta en el comercio mundial, sobre todo, en el mercado de buques de gran escala que le lleva materias primas
Claus Noceti
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18 de septiembre de 2012  

En los próximos años, el transporte marítimo de gran escala tendrá un exceso de capacidad. Así lo indica el informe Dry bulk shipping - Capes of no hope?, publicado por PwC, al analizar las consecuencias de la desaceleración del comercio mundial.

Se trata principalmente de los capesize, los buques cargueros de materias primas secas a granel que, debido a sus colosales dimensiones, tradicionalmente recorren los océanos por la ruta de los grandes Cabos –el de Hornos, en el extremo sur de América, y el de Buena Esperanza, en el extremo sur de África– llevando cereales y minerales de un punto a otro del globo. El mercado de los capesize es sensible a la evolución de China, un destino en el que depositan buena parte de sus cargamentos de mineral de hierro.

Cuestión de números

Ante semejante panorama, los propietarios de los buques deberán hacer números para resolver si les conviene navegar, teniendo en cuenta que las tarifas son bajas y que es probable que caigan aún más en el mediano plazo. Asimismo, los bancos que trabajan con el sector también deberán estar atentos; es probable que durante un largo período las tarifas sean insuficientes para cubrir los costos operativos y que, como consecuencia, muchos actores queden fuera de juego.

China viene batiendo récords propios y ajenos de importaciones e inversión en infraestructura. Mientras tanto, los otros emergentes son incapaces de compensar individual o colectivamente la desaceleración del consumo chino de materias primas; ni siquiera la India se presenta como una alternativa válida.

El razonamiento consecuente es que si los chinos dejan de comprar con tanto frenesí, los nuevos buques que se están construyendo serán inútiles. El nivel de inversión chino ha sido tan alto que duplica a sus mejores vecinos asiáticos, en gran parte gracias a los proyectos de larga vida económica que tendrán un efecto acumulativo con el paso del tiempo. Se trata de una verdadera sobreinversión, visible en las ciudades vacías, los edificios de departamentos deshabitados (unos 64,5 millones, según un estudio chino basado en los medidores de energía eléctrica).

Ahora bien, China no es el único problema de los capesize. El sector también es víctima de algunos de sus clientes más tradicionales, como los productores de materias primas, que están ampliando sus propias flotas; como ocurre con las compañías mineras, que aumentan progresivamente la proporción de mineral de hierro que transportan por su cuenta (Vale fleta un 25% de lo que produce por su cuenta). Sorprende que el sector continúe construyendo naves para responder a la larga lista de pedidos pendientes, en parte, porque los compradores acumularon balances positivos durante los años de bonanza y quieren seguir invirtiendo. Obviamente, esto provocará un abaratamiento de los barcos.

En definitiva, se desacelera el comercio mundial, con China en el centro de la escena y el transporte marítimo de gran escala como uno de los sectores más sensibles.

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