Claudio Rodríguez. "Todo lo que apunte a eliminar burocracia y agilizar los trámites es ganancia"

El director de Administración y Finanzas de Sinteplast cree que varias medidas tomadas por el Gobierno favorecen la exportación, pero también que todavía quedan varios temas por mejorar; dice que la única forma de crecer es abrirse al mundo
Graciela Cañete
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9 de febrero de 2017  

Pasión es una palabra que Claudio Rodríguez, director de Administración y Finanzas de Sinteplast, utiliza con frecuencia. Rodríguez cree que la pasión es necesaria en los negocios, un mundo en el que es posible avanzar sin importar los obstáculos que se encuentren en el camino. "En la Argentina el volumen de ventas del sector cayó cerca del 10% el año pasado, sin embargo nosotros crecimos un 9 por ciento. Los negocios dependen muchas veces del esfuerzo, la planificación, la innovación, de la pasión que uno tiene por lo que hace", afirma.

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

La compañía fue fundada por su padre en 1958 y a fines de 1989 comenzaron las exportaciones a Bolivia, luego a Uruguay, Brasil y Paraguay y en los cuatro países tienen fábricas. También venden a Cuba, Chile, Ecuador, Costa Rica, Israel y la India. Rodríguez ingresó en Sinteplast en 1976. Recuerda que se producían 10.000 litros de pintura por mes y trabajaban 15 personas. "Ahora fabricamos 6 millones de litros y trabajamos 1100 personas."

-Después de más de 30 años en el mercado local, ¿qué los llevó a tomar la decisión de exportar?

-Fue una decisión estratégica. En aquellos años el dólar estaba barato y entraba una gran cantidad de producto importado. Era una competencia complicada y se corría el riesgo de perder mercado. Comprendimos que la única forma de seguir creciendo era abrirnos al resto del mundo. Así que empezamos de a poco. Primero fuimos a Bolivia, estudiamos cómo adaptar los productos a otro mercado, y después llegamos a Uruguay, Brasil y Paraguay.

-No sólo exportaron, sino que también instalaron fábricas.

-Es que es más competitivo producir los artículos de menor precio en el exterior y enviar desde la Argentina las líneas premium. En la producción de pintura hay precios dolarizados, como el de algunos insumos o la chapa del envase; no hay diferencia entre comprarlos acá o en otro país. Además, al exportar tenemos que sumar el costo del flete. Como resultado hay productos que se encarecen y quedan fuera de mercado, por eso optamos por fabricarlos en los países vecinos.

-¿Cómo se gana competitividad en la Argentina? Porque muchos empresarios para ser competitivos piden sueldos bajos y tipo de cambio alto.

-Son dos caras de la misma moneda. El tipo de cambio influye, pero a veces se habla sólo del dólar como problema y no es así. Creo que la competitividad pasa por otras cosas. Lo principal es la innovación, el desarrollar fórmulas que permitan tener productos diferentes, de calidad y a buen precio. También es importante automatizar la producción. Y cuando se automatizan procesos los sueldos no son bajos sino altos, porque ya no hay personas moviendo bolsas o latas, sino personas capaces de manejar tecnología.

-¿Y ustedes capacitan al personal para esa transición?

-Muchísimo. En los últimos cinco años la automatización fue ganando espacio en la compañía y la gente que antes movía bolsas hoy maneja computadoras. Los capacitamos para las nuevas funciones. Los conocimientos se adquieren, pero la voluntad y las ganas de aprender vienen con la persona.

-¿Qué más hace falta para lograr buena calidad a buen precio?

-Es clave la investigación y desarrollo y para eso tenemos un laboratorio importante en la planta. Pero además firmamos acuerdos con asociaciones internacionales integradas por empresas de pintura, en su mayoría familiares, para el intercambio de tecnología e información. Por caso, en una de las asociaciones pagamos las investigaciones que realiza un laboratorio en Estados Unidos. Distribuir los costos entre los asociados nos permite contar con alta calidad a precio competitivo.

-¿Hay diferencias en la región en el uso de la pintura?

-Los argentinos somos los que usamos tonos más opacos y poco color; Uruguay se parece a nosotros. En cambio Brasil pinta con mucho color y Paraguay es más parecido a Brasil. En Bolivia prefieren los tonos pastel. En Brasil se venden 7 litros por persona por año; en Uruguay, entre 6 y 7. En Paraguay y Bolivia, cerca de 5 litros, y en la Argentina unos 5,5. El consumo promedio por habitante en la región está en 6 litros por año pero en Europa y en los Estados Unidos es de 14. Y hay países como Costa Rica o Puerto Rico que tienen la costumbre de pintar la casa todos las Navidades, donde consumen 28 litros por persona.

-Ampliaron sus operaciones en Brasil. ¿Les interesa el mercado?

-En Brasil tuvimos altibajos: empezamos a exportar a fines de 1998 y también instalamos una planta en Río de Janeiro, pero con el agravamiento de la crisis de esos años no nos fue bien. Retomamos las operaciones con fuerza en 2013 y en 2015 invertimos US$3 millones en la compra de Tintas Sulan, con su planta de San Pablo. El volumen de producción de Tintas Sulan es alto y los precios de los artículos muy accesibles. Y para un consumidor brasileño el precio es decisivo a la hora de comprar. Por eso ofrecemos lo que el mercado pide. En un año triplicamos las ventas.

-En la Argentina anunciaron una inversión de US$20 millones para este año y el próximo, ¿cuál es el destino?

-Unos US$17 millones los vamos a utilizar para un depósito automatizado, lo que nos facilitará las operaciones y el manejo del stock. Hoy tenemos 3800 artículos, con un almacén automatizado podemos aumentar la cantidad de artículos y bajar costos. El resto lo invertiremos en maquinaria.

-Las empresas que exportan en la Argentina son minoría. ¿Qué le falta al empresario argentino para decidirse a exportar?

-Es cierto que el empresario argentino exporta poco. Creo que falta más pasión. Pero también me parece que al empresario hay que acompañarlo en los primeros pasos, allí los gobiernos pueden contribuir a que se pierda el miedo. Ayudarlos en la primera exportación y facilitarles la tarea.

-¿Y qué le pide un empresario argentino al Estado para exportar?

-Que bajen los costos administrativos, la complejidad y el tiempo que demandan los trámites. Son muy engorrosos. Nosotros cuando empezamos a exportar empleábamos a una persona para llevar los papeles y hoy necesitamos tres; podíamos sacar un camión en 72 horas y hoy necesitamos 15 días. Y el costo no es lo peor: tampoco podemos cumplir con un cliente que precisa algo urgente. Ahora, el gobierno está instrumentando la Ventanilla Única de Comercio Exterior, eso será un avance. Todo lo que signifique eliminar burocracia y agilizar los trámites es ganancia para todos. A la vez, el exportador necesita contar con líneas económicas de financiación para llegar a otros mercados. En cuanto a los impuestos, este gobierno eliminó las retenciones del 5% a las exportaciones y eso fue importante, porque los costos pesan a la hora de exportar y las retenciones nos complicaban más, así como nos complicaba el cepo y las trabas al comercio.

-¿En qué mercado estiman que van a crecer más?

-Tenemos mucha fe en Brasil, aunque por el momento la economía está mal. Creemos que podemos hacer las cosas bien en el sector y seguir ampliando nuestra participación de mercado. En general América del Sur estuvo creciendo en estos años, y aspiramos a estar entre las principales compañías de la región. Pensamos en el largo plazo, apostamos al futuro, a seguir abriendo mercados y aunque se presente una crisis, en la Argentina o en el exterior, no dejamos de invertir para crecer.

Del auto justicialista a cinco plantas

Con la importación de autos restringida durante la Segunda Guerra Mundial, Perón le encargó al empresario italiano Piero Dusio la instalación de una fábrica. Tres de los primeros prototipos del Auto Justicialista fueron pintados por Raúl Rodríguez, colorista, pintor de autos y dueño de un taller de chapa y pintura. La empresa que lo contrató le ofreció incorporarlo como asesor técnico, y más tarde lo nombró gerente de ventas. Años después dejó la firma junto con dos compañeros y en 1958 fundó Sinteplast. Hoy la firma está dirigida por sus cuatro hijos, y también trabajan cuatro de sus nietos. "Mi padre fue un ejemplo de amor por la empresa, pasión por lo que hacía, esfuerzo. Se retiró en 1995 pero cuando murió mamá se hizo cargo de la planta en Bolivia, lo que contribuyó a su crecimiento. A los 84 iba y venía de Bolivia", recuerda Claudio Rodríguez. Hoy Sinteplast tiene una participación de mercado del 25%, y en la Argentina su principal planta es la de Ezeiza, con 11 ha, la única que produce pinturas en polvo.

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