
De carabineros chilenos y policías argentinos
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Los segmentos de mercado en los que Andreani se especializa encabezan el ranking de "altamente atractivos para el robo".
-¿Qué lugar tiene la seguridad?
-(Sonriendo) ¡Es nuestro tercer costo! El primero es personal y el segundo es transporte y fletes. Trabajamos muchísimo en seguridad. Lo hacemos muy bien con algunos clientes, en conjunto. Esto requiere de mucho profesionalismo y tecnología, porque los hombres son vulnerables. Tenemos un bunker desde donde monitoreamos todo. Ya instalamos alrededor de 500 cámaras y todavía nos falta mucho, porque instalaremos alrededor de mil.
-¿Cuándo se agudizó el tema?
-Los primeros robos empezaron en 1988. En 1992 se profundizó.
-¿Es hoy el peor momento?
-No se puede generalizar. Es según los rubros y tiene mucho que ver con cómo está el canal de comercialización. Se roba sólo lo que alguien compra. El mercado farmacéutico, por ejemplo, ha mejorado mucho, pero porque se combatió. Hoy lo peor es el mercado de la telefonía celular y la tecnología en general porque hay un canal paralelo para comercializar los productos.
-¿Cómo está la región?
-Es un problema de todas las grandes ciudades de Latinoamérica. Se tienen que dar dos cosas: una ciudad grande y un país con mucha evasión impositiva. Una de las pocas excepciones es Chile. Es verdad que no es lo mismo un carabinero chileno que un policía de acá, pero además en Chile no hay compradores de mercadería en negro. Se da algo que es muy raro en la región: hay cultura impositiva en serio. Pero el problema de la Argentina no es sólo un problema de la policía sino una cuestión cultural. El administador de propiedades le saca al plomero el 10%. Eso se da en el 90% de los casos. Si el político roba es porque algún empresario le da la plata, y el operario de un supermercado se engancha para robar los pallets y revenderlos. El problema es de todos como ciudadanos.
-¿Y tiene solución?
-Creo que sí, es una cuestión de cambio cultural.
-¿Por dónde se debe empezar?
-Por la educación. No está todo podrido, hay muchísima gente joven que vale la pena. Hay que seguir luchando por valores como la honestidad, el esfuerzo y el trabajo.





