Dólares que crecen en los árboles

Las exportaciones del complejo frutihortícola y vitivinícola compensan con su superávit el déficit comercial de la industria automotriz
Alejandro Rodríguez
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14 de julio de 2015  

Por fin un respiro para las economías regionales. La Argentina y Brasil llegaron a un acuerdo para levantar algunas de las tantas medidas paraancelarias, más específicamente aquellas que impedían el envío de frutas a Brasil, y que dificultan el comercio entre los países miembros del área de libre comercio conocida como Mercosur.

Todo comenzó en diciembre de 2012 cuando se detectó en el Estado de Paraná un caso atípico de encefalopatía espongiforme bovina (EEB), también conocida como "vaca loca" para los simples mortales, en una vaca que había muerto en 2010. La paranoia rápidamente se hizo eco y pese a que la Organización Mundial de Salud declaró a Brasil como país de riesgo insignificante para la EEB, el embargo al comercio de carne de res proveniente de la tierra del carnaval no tardó en instalarse. Sin dudas éste fue un duro golpe para el principal exportador mundial de proteína vacuna.

La Argentina, sin ser un destino del producto afectado, se sumó a las sanciones, pero a diferencia de otros países, como Rusia, las mantuvo más de lo necesario. Esto provocó el descontento de los funcionarios brasileños que veían las restricciones al comercio de carne como una mancha que afectaba negativamente a la imagen de su país. La revancha no se hizo esperar.

A principios de año, la ministra de Agricultura Kátia Abreu informó que los controles realizados por la Argentina para combatir la Cydia pomonella, o gusano de la manzana, eran insuficientes. Acto seguido frenó el ingreso de peras, manzanas y membrillos argentinos, principalmente de Río Negro, Neuquén y Mendoza. Inmediatamente se frenaron los envíos de esas frutas y se puso en jaque la comercialización de 140.000 toneladas de peras y 50.000 de manzanas.

Afortunadamente, luego de tres meses de negociaciones, la Argentina y Brasil llegaron a un acuerdo para levantar conjuntamente las restricciones al comercio de carne y frutas. El conflicto dejó una cicatriz: nuestros productos deberán someterse a un proceso de ocho semanas a temperaturas de cero grado para garantizar que se encuentran libres de gusanos. Este procedimiento, obviamente, eleva los costos y, seguramente, será absorbido por el productor local.

Si bien para muchos porteños las exportaciones de frutas pueden parecernos un vuelto en comparación con el comercio pujante y desarrollador de la industria automotriz, lo cierto es que el saldo comercial del complejo frutihortícola es superavitario. En 2013, las exportaciones del complejo frutihortícola alcanzaron los US$ 2400 millones; el sector de la uva (vino incluido) que aportó la para nada despreciable suma de US$ 1300 millones. Las importaciones de frutas, hortalizas y productos derivados apenas si alcanzaron los US$ 400 millones.

Por su parte, las exportaciones de autos y autopartes llegaron a los 11.000 millones, pero las importaciones superaron los 14.000 millones. Básicamente, el superávit de divisas que genera el sector frutihortícola más el complejo de la uva equivale al déficit que genera el complejo automotor.

A más de un funcionario le gustaría poder imprimir dólares, pero, lamentablemente, no es posible (nota para Guillermo Moreno: los Cedines no cuentan). Sin embargo, la Argentina tiene la suerte de poder hacer crecer los billetes verdes en los árboles y en el campo.

Es increíble que desde el Gobierno hagan todo lo posible para evitarlo con derechos a las exportaciones, ROE y un tipo de cambio oficial artificialmente bajo que sólo beneficia al ensamblador de celulares y televisores en Tierra del Fuego y al que compra dólar ahorro para revenderlo en el mercado paralelo.

El autor es director del Departamento de Economía de la Universidad del CEMA

Alimentos y bebidas

Copal presentó datos del primer cuatrimestre

Exportaciones.Las exportaciones de alimentos y bebidas entre enero y abril acumularon un descenso del 11%, y alcanzaron los US$ 7014 millones.

Volumen y valor.Se embarcaron 11.645 miles de toneladas, lo que representó un incremento del 11,3% en el período. En tanto, los precios promedio por tonelada sufrieron una merma del 20,7% en el primer trimestre del año.

Los más castigados.

Los sectores con caídas más importantes, tanto en valor como en volumen son: carne aviar (36,5% en valor y 23,7% en volumen); leche en polvo (32,8% y 8,1%); quesos (31% y 26,8%); té (16,6% y 4,1%); arroz (50,9% y 53,2%); chocolates (15,7% y 22,4%); panadería, galletitas y pastas (29,4% y 45,1%); frutas y hortalizas congeladas (21,5% y 18,3%), y jugos de frutas (19,9% y 20%).

Balanza comercial.Con importaciones por US$ 412 millones, la balanza comercial para la industria de alimentos y bebidas fue de US$ 6587 millones en el período de referencia, cayendo un 10,3% respecto del mismo período de 2014.

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