
El puma que armó un negocio a partir de sus dos pasiones
Federico Méndez ya exporta sus vinos
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Se dice en el mundo de los negocios que un empresario feliz es quien trabaja de lo que le gusta y le va bien.
Pero más feliz aún es quien descubrió una veta comercial en una pasión propia, le picó la curiosidad, percibió algunas señales, investigó otro poco y con una pizca de creatividad y marketing se lanzó de lleno en el nuevo proyecto. Y no sólo no sacrificó ni un segundo de dedicación a ese hobby, sino que potenció las satisfacciones que le daba al ver cómo ganaba dinero practicándolo.
La Argentina exporta emprendedores de este tipo, y Federico Méndez -jugador de la selección nacional de rugby, los Pumas, desde hace más de una década- es uno de ellos: logró unir dos pasiones, el rugby y el vino, y desde el año último exporta vinos con marca propia -Cuevas del Puma- a mercados selectos como Irlanda y Cataluña.
Pero la estrategia comercial futura incluye a Inglaterra, el Caribe, España, Holanda, Dinamarca y Estados Unidos. "Estamos preparándonos para atacar todos los frentes", señaló el socio de Méndez y también dueño de la bodega, Rodolfo Montilla.
Para amigos
Cuevas del Puma comenzó con partidas especiales de vinos para conocidos, amigos y los típicos "tercer tiempo" del rugby. Hoy ya es una bodega boutique "con una producción de 350.000 litros", según Carlos Aranda, gerente general de la bodega, que descubrió el éxito rápidamente en las mieles de la diferenciación.
Son varias características particulares que distinguen a la bodega en el exterior: una cuidada tarea de marketing personal, por la cual le añadieron a la botella el logo "El vino de Federico Méndez", con lo que al menos en el selecto grupo de los rugbiers se asegura una llamada de atención. Como si hiciera falta reafirmar la estrategia, el mismo Méndez, junto con Montilla, vende los vinos de forma directa: "Queremos ser lo más directos posible. Vamos a viajar a donde sea, a llevar nosotros nuestros vinos, sólo los dueños, hasta que hayamos crecido lo suficiente", dijo Montilla.
Aranda explicó que la exportación formal empezó en 2002, con un embarque de "cuatro contenedores con 50.000 botellas de tintos y un trivarietal de Cabernet, Malbec y Merlot".
La producción se realiza en viñedos propios y con unos 25 viñateros asociados de Tupungato, Junín y Luján de Cuyo. "Vamos a duplicar tranquilamente la cantidad de embarques este año porque tuvimos una respuesta excelente. Esperamos llegar a las 500.000 botellas anuales", dijo Aranda, y agregó que "cada botella se vende a no menos de 20 dólares".
Cuevas del Puma está abriendo una sede comercial en Brasil para explorar ese mercado, cuyo consumo está en alza impulsado por la clase de mayor poder adquisitivo. "Es curioso: con Brasil la Argentina tiene una cuota de exportación que nunca cumplió", indicó el directivo.
Para hacer el negocio más "integral", los ideólogos de Cuevas del Puma incluyeron otra fuente de tentación al extranjero, al margen del vino boutique asociado con el rugby y comercializado por sus propios dueños: el turismo (ver recuadro).
El atractivo turístico
En La Puntilla, en el departamento mendocino de Luján de Cuyo, los bodegueros Federico Méndez y Rodolfo Montilla incursionaron en el turismo para complementar su actividad exportadora con los vinos Cuevas del Puma.
Allí, en uno de esos pasajes históricos, una entrada en forma de tonel recibe a los turistas y curiosos en la "cueva-museo" de la firma, un espacio dedicado a la historia del rugby y del vino, donde hacen degustaciones.
Apenas se ingresa en el pequeño museo, el visitante percibe los racimos de los varietales Malbec, Merlot, Cabernet, Bonarda, Syrah y Chardonnay, que están suspendidos en una solución especial.
"Es un lugar para recibir a nuestros amigos del rugby y, de paso, es una opción turística más", narró Montilla, quien conoció a Méndez, precisamente, jugando al rugby.
Junto con las botellas estacionadas, en las paredes, se exhiben grandes fotos de partidos históricos del rugby, muchos de los que marcaron la carrera de Méndez, camisetas de todo el mundo y textos alusivos a las pasiones de los dos bodegueros, que hoy también son negocio.






