Jonathan D'Oleo. "América latina es víctima del individualismo"

El economista dice que los políticos piensan más en las próximas elecciones que en las próximas generaciones; metodología científica para emprendedores
Florencia Carbone
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25 de octubre de 2016  

Había una vez un famoso chef que estaba cocinando dos grupos de camarones aparentemente iguales. Cuando le preguntaron por qué una de las ollas estaba cubierta, respondió que era ahí donde estaban los camarones gringos y europeos. "Se ayudan unos a otros y si no les pusiera una tapa lograrían escaparse", explicó. ¿Y en la otra? "En esa están los camarones latinoamericanos, talentosos y con mucho potencial, pero estoy tranquilo y puedo cocinarlos sin cubierta porque donde alguno intente sobresalir, los otros se encargarán de arrastrarlo al fondo", respondió.

Con esa anécdota, Jonathan D'Oleo Puig intenta resumir la mentalidad individualista que prima en la región a la hora de hacer negocios.

Nacido en República Dominicana, se mudó a Boston para estudiar Economía y Ciencias Políticas, y cuando tenía veintipico fundó D'Oleo Analytica LLC, una firma de capacitación, entrenamiento y asesoría empresarial con sede en Miami. De paso por Buenos Aires para presentar su último libro, Emprende Dinámica, conversó con LA NACION.

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

¿Es diferente hacer negocios en América latina que en otros lugares del mundo?

-Tenemos una diversidad idiosincrática marcada y eso puede ser aprovechado. Es bueno que no tengamos uniformidad, pero para hacer negocios tiene que haber unidad en esa diversidad. Si los dos vendemos arroz, no necesariamente tenemos que actuar como competidores. Frente a un tercero que vende insumos para el arroz, si nos ponemos de acuerdo, podemos comprar insumos más baratos. Lo que he podido observar en mis experiencias en la región es que muchas veces somos víctimas del individualismo. Tenemos que abrazar el mensaje de José Martí en ese famoso ensayo que escribió a finales de 1800 titulado Nuestra América: Somos todos diferentes pero iguales. Celebremos la diversidad, pero sobre la base de una unidad. Somos 500 millones.

¿Cuán cerca estamos de eso?

-A veces damos tres pasos para adelante y dos para atrás, pero sobre la base del conocimiento y la experiencia acumulada llegó la hora de avanzar con pasos certeros. En los 80 utilizamos el modelo de sustitución de importaciones para la industrialización de Raúl Prebisch. El modelo era bueno, pero la mano del Estado estaba ahí y no supo cuándo salir. El argumento para la sustitución de importaciones era que le daríamos protección a nuestros productores por un período de tiempo y cuando se fortalecieran, cortaríamos el cordón umbilical. Pero eso nunca pasó y nuestras corporaciones no maduraron. Tenemos que abordar el problema sin extremismos. El ave necesita un ala derecha y una izquierda para poder volar, y el cerebro está en el centro. Necesitamos gente con una buena cabeza sobre sus hombros, que tomen decisiones pensando en el interés de los ciudadanos.

¿Cuál es el papel de la educación en el desarrollo económico de un país?

-Es el elemento sine qua non para el desarrollo de cualquier nación, pero muchas veces el sistema educativo de nuestros países está altamente politizado, y como los políticos están pensando en las próximas elecciones y no necesariamente en las próximas generaciones, no toman cartas en el asunto para perturbar al sistema, que es lo que se necesita. Hace falta una dinámica creativa-destructiva.

Ese concepto incluye la idea del fracaso, posibilidad que genera un fuerte rechazo en el mundo de los negocios. ¿Cómo se logra ese cambio cultural?

-Eso se asienta en lo personal y hasta en lo espiritual. Muchas veces adjudicamos valor al individuo de acuerdo a lo que hace y a lo que tiene. Pero somos seres humanos, tenemos valor intrínseco. El gobierno no necesariamente tiene una cosmovisión a partir de esa realidad existencial y penaliza el fracaso en el sentido de que si una compañía se va a la quiebra tiene que esperar 10 años para poder emprender de nuevo. En EE.UU. la ley de banca rota es pro emprendedor. Te dice: trata, si fracasas, y es muy probable que suceda, te levantas. En las universidades se usan mucho los casos. No se leen los libros de texto sino casos de compañías, se prepara al emprendedor de modo que aplique la inteligencia empresarial para minimizar los riesgos y aumentar las probabilidades de éxito.

Hay que seguir una metodología científica para los emprendimientos. Muchas veces los emprendedores tienen una idea, se emocionan con ella y quieren que se las financien con la idea nada más sobre el papel. Pero no debe ser así, tenemos que depurar los emprendimientos. Aplicar la metodología científica a partir de la cual podemos validar un prototipo de nuestra idea en una muestra poblacional del mercado que queremos penetrar. Si es validada, la ensayamos, se la presentamos a potenciales socios, atraemos inversión y reducimos riesgos. En nuestra región predomina la teoría del probando es que se sabe.

Podemos transformar datos de 5000 años de historia a través de inteligencia comercial.

¿Eso lo puede hacer solo un empresario o se necesita contratar a un experto?

-Creo que lo puede hacer cualquier empresario pero se tiene que instruir en la aplicación del método científico. Los hermanos McDonalds no empezaron algo desde cero. Tomaron un modelo exitoso, el de Henry Ford, que tenía la línea de ensamblaje aplicada a los autos. Ellos extrapolaron ese modelo de negocios a algo tan sencillo como la preparación de una hamburguesa y de ahí nació una nueva industria, la industria de la comida rápida.

¿Se es innovador copiando lo que hizo otro y adaptándolo a un nuevo modelo?

-Agregándole valor. ¿Cuál fue el valor agregado que le dio Ray Kroc que fue quien masificó la idea de la franquicia? Dijo déjame incorporar una estrategia inmobiliaria y ponerme en locaciones inmobiliarias estratégicas. Eso permitió la masificación de la franquicia McDonalds. Si a medida que fracasamos le hacemos una autopsia a nuestros fracasos, entonces nuestros fracasos no serán destinos sino peldaños a un eventual éxito.

Hacés una distinción entre ahorro, inversión y especulación, ¿son definiciones que se aplican a las finanzas personales o son extrapolables a una empresa o un país?

-Es extrapolable a todo. Lo que predomina no sólo en nuestra región, sino en EE.UU. y Europa, y es un subproducto negativo del capitalismo, es el consumismo. Lo queremos todo aquí, ahora y sin demora. Si presento una naranja y una semilla de naranja, mucha gente dice dame la naranja porque tengo hambre ahora. No desarrollamos la ambición de inversionistas. Hoy en esa semilla diminuta y arrugada hay cientos de naranjas que a su vez contienen cientos de semillas. Pero pasa que para que esa semilla dé frutos tiene que morir. Y eso significa enfrentar ese miedo al fracaso, a que no queremos que nos rechacen. Necesitamos liderazgo para hacer la transición del consumismo al inversionismo. Se requiere un cambio de mentalidad, porque el liderazgo que tenemos hoy es uno que sigue, no que lidera, que sigue lo popular. Un liderazgo real es uno que articula algo que causa dolor pero sobre la base de un argumento bien sustentado convence a la mayoría de seguir eso que causa dolor.

¿Qué ejemplos de liderazgos hay en el mundo?

-En Gran Bretaña, Winston Churchill.

¿Y en la actualidad?

-Hay escasez de líderes reales. Hay muchos líderes de eco, se hacen eco de la mayoría. El líder de voz es el que articula una visión de algo mejor y mayor que causa dolor y convence a la mayoría, que fue lo que hizo Churchill. Su antecesor dijo: No nos metamos en eso. El vino y dijo lo único que les puedo prometer es sangre, sudor y lágrimas, pero al final venceremos. No tenemos líderes así. En América latina pienso en José Martí, en Duarte, pero ahora lo que tenemos es un populismo recalcitrante, como el cultivado por Chávez, que utilizó los petrodólares para engrandecerse a él y mira cómo dejó a su pueblo. Populismos que nos endulzan los oídos y no nos dicen la verdad.

¿Qué impacto tendrá en la economía del mundo el resultado electoral de EEUU? ¿Es posible un triunfo de Trump?

-Lamentablemente es posible un triunfo de él y lamentablemente es posible un triunfo de Hillary. No tenemos buenas opciones. La oferta electoral en EE.UU. es la peor que hemos visto en la historia. Trump es una persona que si bien ha tenido éxito en los negocios lo ha tenido sobre la base de negocios que explotan los vicios, casinos y todo lo demás. Heredó alrededor de US$200 millones de su padre. Trump no tiene el temperamento para ser Presidente, es una persona muy volátil y un rasgo distintivo del liderazgo efectivo es la previsibilidad.

Hillary es una persona que deja mucho que hablar en lo que atañe a su capacidad para decir la verdad, que busca expandir el Estado de manera significativa. El Estado ha crecido muchísimo bajo la administración demócrata. Desde 2008 a hoy la deuda externa del país se triplicó, la cantidad de personas recibiendo cheques del Estado aumentó de 20 millones a 50 millones, el electorado está sumamente politizado. Es peligroso lo que tenemos en la mesa en términos de oferta electoral.

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