La hidrovía llega a Porto Alegre
Podría convertirse en el centro exportador de la región.
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Antes de Navidad navegué a Porto Alegre en el portacontenedores Paraná Feeder con el capitán Godoy. La navegación fue costera, pasando frente a Montevideo, Piriápolis, Punta del Este, el Polonio, el Chuí y el puerto de Rio Grande. Allí entramos y un práctico de la Lagoa dos Patos nos llevó a Porto Alegre.
Partimos con mal pronóstico: "Temporal del Sudeste". Dice el refrán: "Delfines que mucho saltan traen viento y calma espantan". A nosotros nos saltaron demasiado, pues el temporal vino con todo y pasamos dos noches bien movidas. Igualmente, la costa uruguaya siempre es agradable de ver; hasta el Chuí, donde comienzan las costas bajas del sur del Brasil, con médanos y dunas, que sólo se interrumpen en Rio Grande donde el agua de la Lagoa cavó un canal natural en la barra de arena, que está dragado a 40 pies (12 metros) en la boca y poco después de entrar, en lo que -un poco pomposamente- llaman el Superpuerto.
A poco de ingresar los calados disminuyen y en el Porto Novo hay 30 pies. Como es agua dulce, los barcos calan un pie más que en el mar. No pueden operar los superbarcos Cape size por problemas en los puestos de amarre en los muelles. Quizá les falte carga, pues sólo vi barcos de tamaño mediano. Por ejemplo, en la Terminal Tecon, con casi 40 pies de calado, estaba operando un barco de 1200 Teu (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies) y les falta utilaje para el movimiento de contenedores. Es evidente que están pensando en atraer el creciente flujo de contenedores de nuestro comercio exterior.
El práctico me informó de un plan de profundizar el puerto exterior a 60 pies, pero el costo sería de 150 millones de dólares (¡!). Quizá lo veremos en algún momento del siglo XXI; mientras tanto deberíamos estudiar las posibilidades que nos ofrece Rio Grande con sus profundidades de 30 a 40 pies. No creo para completar granelero, pues los granos brasileños están más al Norte, cerca de Itajaí, Paranaguá y Santos. Será para la carga en contenedores, con mayor valor agregado, cuando empiecen a llegar los de 4 a 6000 Teu y calados de 40 a 50 pies. No podrían salir completos de nuestros puertos y tampoco de Montevideo por las limitaciones que ya muestra: calados dragables no mayores a 37 pies (hay granito gneiss en el fondo, sobre todo del lado del cerro), además que la Ciudad Vieja "aprieta" al puerto y deja poco espacio para las grandes superficies que requeriría un superpuerto hub. Por otra parte no puede recibir convoyes de barcazas, pues la ola del Río de la Plata los desarma.
Nuevos conceptos
Rio Grande do Sul tiene -además- el importante hinterland y acceso fluvial de Porto Alegre. Si vamos a jugar a Rio Grande la carta de nuestro comercio exterior en contenedores -el más valioso y el que decidirá la "batalla exportadora"- y así lo proponen los gaúchos, será indispensable convenir nuevos criterios con las autoridades del Brasil, en especial con las del Estado de Rio Grande do Sul que administran el puerto, pues el actual criterio de considerar "puestos políticos" al administrador y su equipo gerencial produciría ineficiencias incompatibles con los costos globalizados y los sobrecostos los pagarían las cargas argentinas.
Será necesario que el puerto sea administrado y operado por una comisión ad hoc en la que tengan voz y voto los empresarios y operadores que usarán las instalaciones. Hará falta un nuevo concepto de extraterritorialidad operativa para que argentinos y brasileños podamos compararnos con la eficacia y los costos de Rotterdam y los puertos del Mediterráneo. La geografía está allí y las cargas aquí, por lo que hará falta que los hombres apliquen su inteligencia y creatividad.
El autor es economista del radicalismo, Capitán de ultramar y perito naval.





