
La moneda del Mercosur
La posibilidad de fijar un esquema de convertibilidad o similar de las unidades de cambio a nivel intrazona representa una aspiración del momento; la experiencia del euro en Europa
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La XIII Reunión del Consejo del Mercado Común y Cumbre de los jefes de Estado del Mercosur revitalizó la necesidad de minimizar el riesgo de cambio en el comercio regional para brindarle al bloque mayor seguridad mientras se obtenga un equilibrio estable de las tasas de interés. En este sentido, según asegura Luis Stoup -abogado y director de la Revista de Derecho del Mercosur-, fijar un sistema de convertibilidad de las monedas intrazona es el primer paso hacia la unidad de cambio única y protegería al bloque regional de las consecuencias de las devaluaciones programadas de Brasil para este año.
La evolución mercantil regional, frente a la desregulación de los mercados y del régimen de inversiones extranjeras, exige parámetros de cambio estables, que proyecten seguridad. La experiencia del ecu y luego del euro, ambas monedas comunitarias, muestra que las empresas y los distintos sectores de la economía van adhiriendo a ellas progresivamente, a medida que evoluciona su organización interna y se compenetran con el efecto de la ampliación del mercado. Tiempo que exige a nivel jurídico el respeto de períodos transitorios de acostumbramiento.
Para Daniel Bianchi, economista y especialista en Negocios Internacionales, la meta de tener una moneda única común del Mercado Común del Sur, promovida por la Argentina, es un objetivo de orientación política y estratégica. Por otra parte, asegura que "el euro, moneda única de todas las divisas europeas fusionadas a partir de enero de 1999, perteneciente a la Unión Monetaria Europea (UME) y creada por los líderes del bloque comercial de 15 países que forman la Unión Europea, dista mucho de ser un acuerdo finalizado".
El mito de la moneda única
El nuevo escenario económico del Mercosur trae a escena el debate sobre la unificación de la unidad de cambio
El persistente déficit fiscal y la sobrevaluación del tipo de cambio son enfermedades comunes hoy en América latina. La XIII reunión del Consejo del Mercado Común y Cumbre de los jefes de Estado del Mercosur revitalizó la necesidad de minimizar el riesgo de cambio en el comercio regional para brindarle al gran mercado mayor seguridad mientras se obtenga un equilibrio estable de las tasas de interés. De esta forma, el Mercosur intenta controlar los dos riesgos básicos del comercio exterior enfrascado en la coyuntura de la crisis asiática destinada a generar una suba en los aranceles externos para proteger el mercado único de la consecuente expansión exportadora.
Y, por supuesto, la posibilidad de fijar un esquema de convertibilidad o similar de las monedas a nivel intrazona representa una aspiración del momento. Un semejante esquema de atamiento monetario significa el primer paso hacia la moneda única y protegería consecuentemente al Mercosur del arrastre que provocarán las devaluaciones programadas del Brasil durante 1998. Pero exige un cierto esclarecimiento: soslayamos todo enfoque referido a la moneda material, pensando exclusivamente en la unidad de cambio interna que permita estabilizar a modo indiciario las oscilaciones cambiarias y sirva de referencia para que los distintos sectores de la economía puedan invocarla, ajustando sus operaciones a ese parámetro único y supranacional. Una suerte de índice monetario comunitario.
Se trata entonces de una etapa constructiva intermedia y necesaria en la cual las empresas podrán adecuarse a la evolución mercantil regional, que soporta fuertes vientos de competencia, por causa de la desregulación de los mercados y del régimen de inversiones extranjeras. En efecto el gran negocio de la región lo constituye el proceso privatizador y el desmantelamiento del Estado, procesos que han modificado el derecho regional e incluso alterado sectores enteros de la economía, procesos por otra parte, imprescindibles sobre todo en Brasil, para mantener la estabilidad cambiaria en el Mercosur.
De esta manera, las actividades traspasadas al sector privado reciben hoy una regulación específica y muy variada, denominada en Brasil "la era de las agencias" (en la Argentina, entes reguladores), pasando desde el exceso normativo hasta la absoluta ausencia de norma, como por ejemplo la Argentina, que no ha sancionado ninguna ley sobre telecomunicaciones y parece inscribirse en el modelo de Nueva Zelanda.) Así incluso, fuera del ambiente tradicional de aplicación de los capitales, el futuro tiende a mostrar un boom para las inversiones multinacionales -que comenzaron a proyectarse en México, luego hacia la Argentina y en 1997 invadieron Brasil- orientadas a explotar las industrias extractivas, generando a nivel jurídico un vuelco esencial en la confección y sanción de nuevos códigos normativos que transforman al Mercosur y sus países vecinos en el principal polo de desarrollo minero del mundo. Queda claro entonces que el nuevo panorama de convivencia exige parámetros de cambio estables o que proyecten seguridad.
La experiencia europea del ecu y luego del euro, monedas comunitarias de carácter virtual y material respectivamente, muestran que las empresas y los distintos sectores de la economía van adhiriéndose a ellas progresivamente, a medida que evoluciona su organización interna y se compenetran con el efecto de la ampliación del mercado. Tiempo que exige a nivel jurídico el respeto de períodos transitorios de acostumbramiento. Tiempo que permite asimilar como parte del comercio interno los flujos de divisas regionales que manejen las empresas, lo cual exige ciertas acciones prioritarias de su parte en función de sus actividades, de sus clientes y de su organización interna. Tiempo que permitirá en definitiva armonizar completamente los criterios contables que apunten a la integración final. La creación de una moneda única virtual entonces, con el respeto de la transición necesaria que por supuesto indica la exigencia de nuevos costos de adaptación, sobre todo en el campo de la empresa familiar y de las Pyme, promete la erosión del riesgo cambiario. Y también la del riesgo de tasa de interés porque si bien éstos intervienen en los costos de explotación, también son fuente de ingresos para las empresas que consiguen adiestrar su capacidad de financiamiento y la colocan en instrumentos financieros. El criterio de unificación monetaria obliga a converger las economías en materia de tasas de interés, como fruto de la libre competencia entre los bancos y entre las empresas.
Lejos de ser un escollo, la necesidad de implantar una moneda única no puede postergarse.
Abogado, director de la Revista de Derecho del Mercosur.
El ejemplo del euro en el Viejo Continente
Por Daniel Bianchi (para La Nación)
La meta de tener una moneda única común del Mercosur promovida por la Argentina es un objetivo de orientación política y estratégica. No es ni más ni menos que abandonar las divisas nacionales, una de las medidas más audaces para alcanzar la unidad de América latina.
El único antecedente a nivel planetario es el euro, moneda única de todas las divisas europeas fusionadas a partir de enero de 1999, perteneciente a la Unión Monetaria Europea (UME) que crearon los líderes del bloque comercial de 15 países que forman la Unión Europea (UE). Pero la UME dista mucho de ser un acuerdo finalizado. En Europa está instalado un debate a todo nivel que deja entrever los intereses político-económicos que hay detrás. Sucede que lo que se espera de la UME no es lo mismo en cada país y muchas actitudes tienen que ver más con sentimientos nacionales emparentados con la idea predominante de Europa que con análisis serios de ventajas y desventajas. Por ejemplo: alemanes y franceses, locomotoras de la iniciativa, se unen en la meta de construcción europea. Pero Francia piensa en la integración sólo en términos geopolíticos, con tradición de intervencionismo estatal y se percibe deseosa de una Europa "a la francesa". En Alemania, con una cultura de estabilidad monetaria, no se quiere saber nada con una Europa calcada de instituciones francesas.
Por otra parte, hay evidentes dificultades de todo orden que incomodan el cronograma del Tratado de Maastricht. De respetarse a la letra sus criterios -déficit presupuestario por debajo del 3% del PBI y deuda estatal menor al "satisfactoriamente" cercano 60%- la cantidad de miembros de la UME disminuiría. Otro aspecto delicado es que una vez dentro de la UME, los países cederán el control de su política monetaria a un banco central europeo y adoptarán políticas presupuestarias similares en toda la unión además de respetar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de Dublín/96, que sanciona los aumentos de déficit. Esto genera dos interrogantes: quién comandará el Banco Central Europeo (BCE) y cómo se manejarán las sanciones que, relacionadas con déficit, comprometen variables sensibles como ahorro, inversión, empleo.
Pasando a la moneda propiamente dicha, es evidente que la inserción del euro en el panorama monetario mundial no será fácil. El costado comercial y financiero sólo ahora se está estudiando y no es suficientemente claro. A saber: a) el área hipotética del euro sería la UE y los países involucrados en las áreas del marco y del franco- francés; b) el dólar se fortalece frente a todas las divisas que se fusionarán, salvo la libra, que no integra el grupo fundador; c) parecería que las monedas que hoy son débiles es porque se percibe que el euro que las reemplazará mañana será débil, d) las incertidumbres también erosionan al futuro euro: los franceses lo preferirían débil para promover exportaciones y los alemanes fuerte por una cuestión patrimonialista.
En otro orden cosas: el 63% de las reservas mundiales y el 83% de todas las transacciones comerciales y financieras son en dólares. Los veinte puntos entre ambos reflejan pases, futuros y también dólares virtuales. El dólar domina por completo a América latina al punto que en el plano mayorista varias economías carecen de moneda propia.
En materia comercial el panorama no es simple. En 1995 Estados Unidos significó el 12% del giro mundial y sus operaciones en dólares llegaban al 48%. A su vez la UE representaba el 38% de las transacciones. Sólo en este plano la banda que tiene el euro para progresar es mayúscula.
En síntesis: muchos políticos dudan de que se cumplan los plazos de la UME y los operadores internaciones están intranquilos de sólo pensar en mantener posiciones en euro, que no saben quién ni cómo lo administrará.
Sin duda, a la luz de la experiencia europea y en el caso del Mercosur es poco lo que se sabe y mucho lo que hay que estudiar. Por ahora se conoce que la participación del Mercosur en el comercio mundial es sólo el 1,46% y en aumento, tanto como su poder de negociación. De concretarse y consolidarse el euro, en la próxima década la economía mundial podría enfrentar un sistema de facto: dólar, yen y euro. Entonces, sí el camino estaría abierto para una moneda común del Mercosur.
El autor es licenciado en Economía y especialista en negocios internacionales.
Desafío empresarial
El criterio de unificación monetaria descubre un atractivo desafío para el management empresario, que ajustará las cuentas y los costos ocultos, tanto financieros como bancarios, que repercuten sobre cada transacción. Un aprendizaje que será sufrido principalmente por Brasil, que ha combinado las inversiones de multinacionales con los grupos empresarios familiares mediante rigurosos y complejos acuerdos entre accionistas que impiden cambios radicales como el que ha sucedido en Chile en octubre, por ejemplo: la renuncia "ad nutum" del presidente del directorio de Enersis (la mayor empresa privada de energía) a pedido de sus accionistas.
Si ya el derecho de la competencia en el Mercosur exhibe su dinámica como una de las más ligadas a la evolución mercantil del derecho, una moneda única corregiría la comprensión y el estudio de su casuística, permeabilizando el dumping incluso, multiplicando las alianzas estratégicas y las operaciones jurídicas de crecimiento externo (fusiones, adquisiciones) desembocando, sin lugar a duda, en el refuerzo de la concentración empresaria. Una evolución jurídica que pivoteará por supuesto sobre el tratamiento técnico del precio de venta.
Las empresas y los bancos norteamericanos han aprovechado durante mucho tiempo la ventaja de su referenciamiento directo con la moneda de ese país, privilegiada por su papel fundamental en el comercio exterior desde la Segunda Guerra Mundial. Si el euro le ofrecerá una concreta resistencia, la aparición de una moneda única y virtual para el Mercosur exigirá en algún momento una readecuación del sistema monetario internacional. Un cambio de contexto que ni siquiera ha conseguido Japón con el yen, cuya economía sufre hoy las consecuencias letales de la práctica desmedida de la securitización, que provocó el cierre definitivo y hasta la quiebra de las más grandes firmas brokers (Sanyo Securities, Hokkaido Takushoku Bank, Yamaichi Securities) arrastradas por los efectos de la crisis asiática. En suma, sólo el esfuerzo comunitario puede embestir contra ese sistema monetario tradicional para asegurar una globalización depurada de ventajas comparativas cambiarias.




