La profesión de fe de la nueva alianza entre capital y trabajo
Fue, en definitiva, una profesión de fe, donde el sacramento celebrado fue el ingreso de los trabajadores en el directorio de Maruba, para sellar la nueva alianza del "capital y el trabajo", y donde el "signo visible" fue el nombramiento de Omar Suárez, jefe de los obreros marítimos, como nuevo director de la compañía marítima.
No es que el acto desbordara espiritualidad. Es que lo que sobraban, y todavía abundan, son los incrédulos, los agnósticos que quieren y necesitan pruebas. Y ante la falta de ellas, se los consuela con el "conocimiento por la fe".
"Crean" es el imperativo que autoridades, sindicalistas y los accionistas de Maruba más repitieron en estos últimos tiempos.
Porque todo fue una formalidad la semana última. No se adelantó ni cómo Maruba conseguiría esos barcos prometidos (una decena de nuevos graneleros salidos de gradas chinas, con mucha capacidad de un financiamiento "desprejuiciado"), ni tomó estado público la situación financiera de la compañía. Ni siquiera se habló de qué aportarían los sindicatos con su acceso al directorio.
"Necesito espaldas. A nosotros no nos salvaron, como a las otras líneas, los gobiernos con inyecciones millonarias para salir de la crisis. Por eso, necesito espaldas", confesaba un director –de la rama empresaria, o línea fundadora– de Maruba.
En un país donde pocos quieren hacer historia y muchos se conforman con ser parte de lo más efímero de ella, muchos empiezan a creer. Otros quieren creer. Y algunos no lo pueden ni creer.





