Luego de un año difícil, el país puede batir récord de exportación en 2021

Barco cerealero en los puertos del gran Rosario. Zona de San Lorenzo Puerto San Martin
Barco cerealero en los puertos del gran Rosario. Zona de San Lorenzo Puerto San Martin Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Ana Belén Ehuletche
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30 de diciembre de 2020  • 19:23

Así como no se puede dejar de incluir el efecto de la crisis sanitaria por el Covid-19, y su afectación a la economía global, en un análisis del comportamiento del comercio internacional durante 2020, en el caso de la Argentina, es preciso hacer un enlace con el cambio de ciclo de 2019 que puso al país al borde de un nuevo default. "Era imprescindible tener planificado el endeudamiento futuro y las obligaciones", destaca Miguel Ponce director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior del Siglo XXI.

Fuera de cualquier pronóstico, negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no bastó para ordenar la macroeconomía; desde marzo la pandemia abrió un nuevo e inédito interrogante que concentró el interés de todas las esferas de poder y obligó a redefinir estrategias de gestión.

En ese marco, la Organización Mundial del Comercio (OMC) proyectó una caída del volumen de entre 13 y 30% que final y felizmente no se cumplió; se estima que el año cerrará con una baja de entre 7% y 9%. Pero los resultados no han sido del mismo modo favorables para las exportaciones e importaciones de la Argentina.

"Mientras la actividad de turismo internacional caía en torno al 70% en los primeros 8 meses del año y el petróleo un 32%, la única excepción, que pudo haber representado una oportunidad para la Argentina, fue el intercambio de alimento, que creció más de un 30%, entre enero y julio de 2020, en el momento más duro de la crisis", repasa Ponce.

En la misma línea opina Marcelo Elizondo, consultor en economía y negocios internacionales, al analizar el descenso del comercio internacional argentino por debajo de la tendencia global. El experto cita un informe realizado por el Módulo de Políticas Económicas, del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), que estima que las exportaciones locales caerán un 13% y las importaciones 20%en el año.

Entre abril y junio de este año el comercio internacional global cayó 19%, en el tercer trimestre se contrajo un 6%, pero para el último cuarto del año se calcula una caída de sólo el 3%.

Buque que realiza un servicio de importación y exportación desde el puerto de La Plata hacia China
Buque que realiza un servicio de importación y exportación desde el puerto de La Plata hacia China Fuente: Archivo - Crédito: GPBA

"Es cierto que la pandemia afecta, pero hay un componente que agrava todavía más; el 60% de las exportaciones de la Argentina son bienes de origen agropecuario, esto debió llevar a caer menos que el promedio mundial porque fue lo que menos cayó en el comercio de todo el planeta (cerca de 1% en relación al año anterior)", aclara Elizondo y apunta a "condiciones exógenas" que explican el comportamiento del intercambio comercial de la Argentina.

1) Desorden de la macroeconomía que afecta las decisiones de los actores económicos.

2) Entorno normativo sumamente rígido que hace muy difícil superar estas disrupciones tremendas.

3) Ruido político y falta de previsibilidad institucionalidad.

4) Regulación propia del comercio exterior.

"En exportación, brecha cambiaria, retenciones y afectación impositiva; en importación, altísimos aranceles, licencias no automáticas, restricciones del Banco Central al acceso a dólares", agrega y asegura que habrá demanda para los productos argentinos, pero que no se puede acompañar el crecimiento internacional con un tipo de cambio ajustado administrativamente.

Odiosas demoras

Desde el sector importador, que aporta más del 80% de lo que ingresa al país hacia la industria y la producción argentina, destacan el funcionamiento de la plataforma Trámites a Distancia (TAD) como una herramienta de agilización de operaciones, pero se quejan de las demoras para ingresar producción al país. "Tenemos mercadería paga esperando en el puerto, eso lo único que hace es generar sobre costos que inevitablemente se trasladan al precio final", refleja un dirigente de la Cámara Argentina de Importadores (CIRA).

"Con los datos del primer semestre de 2020, el sector que más exportó en los primeros seis meses del año fue el oleaginoso, aportando el 31,3% del valor de las exportaciones. Dentro de éste, casi 90% lo aporta el complejo sojero (a nivel total aporta 28% de las exportaciones), mientras que el 10% restante se lo dividen entre los complejos del maní, girasol y olivícola" según el informe de Undav.

Mientras tanto, el segundo sector más relevante de nuestra estructura exportadora es el cerealero, que aportó el 20,8% de las divisas en el primer semestre del año. Le sigue el sector bovino (7,4%), el complejo petrolero-petroquímico (7%), el sector metalero, metalífero y litio (6,4%) y el complejo automotor (6,3%), siendo todos estos sectores los aportantes de 79,2% de las divisas que ingresan a las arcas nacionales por exportación".

"Paradójicamente -indica Ponce-, lo que mejor funcionó, superando todas las grietas existentes, ha sido el accionar del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), que apunta a consolidar a la Argentina como líder en el comercio internacional de alimentos y exportador de tecnologías del ecosistema agroalimentario". Se decidieron políticas para aumentar exportaciones en 100.000 millones de dólares y alcanzar 700.000 nuevos puestos de trabajo en los próximos años.

"Si esta línea se respeta medianamente, 2021 puede ser el año de mayor crecimiento de exportaciones para la última década por lo menos", asegura Ponce, pero advierte que "toda la dirigencia argentina debe asumir el compromiso con responsabilidad porque hoy la principal cadena de valor es la agroindustrial; con la necesidad de divisas que tiene el país, no puede ser que tengamos parados los puertos, porque se pierden 100 millones de dólares por día".

Además de favorecer el diálogo entre el sector agropecuario y el Gobierno, con 23 encuentros distribuidos en siete mesas de trabajo, la creación del CAA representa un "paso auspicioso" para que se reconozca y valore el aporte de este sector y la exportación "como una esperanzadora vía para incrementar las ventas externas y así contribuir rápidamente a solventar las restricciones en el ingreso de divisas y los cíclicos ahogos fiscales", explica Andrés Alcaraz, gerente de Comunicaciones Corporativas y Asuntos Públicos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA-CEC).

"Como consecuencia de la presentación de un proyecto, con un alcance de diez años, el CAA propuso un modelo de crecimiento mediante un estímulo al valor agregado, evitando pérdida de ingresos fiscales", enfatiza Alcaraz. El directivo, asimismo, destaca que esta es una apuesta al futuro y a la expansión exportadora.

El Consejo donde están representadas 53 cámaras del sector, trabaja en una ley de fomento a las exportaciones agropecuarias que contempla la baja temporaria de retenciones y un plan para su descenso hasta su desaparición. Junto con otras normativas permitirá consolidar la expansión del comercio exterior de la Argentina, al menos en la agroindustria, que es el sector más dinámico del país y que incluye numerosas economías regionales del interior", describió Alcaraz.

Desde el sector gremial, Julio González Insfrán, secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y de Cabotaje Marítimo, reconoce que la actividad se mantuvo en los mismos niveles de 2019 y "se alcanzó una recuperación salarial razonable". El dirigente destaca el rol estratégico de la logística portuaria y el sector marítimo y fluvial, que moviliza el 90% de contenedores y granos de exportación, para incrementar el ingreso de divisas y generar empleo a partir de desarrollar economías regionales de todo el país. "La Argentina no tiene bodega propia, no tiene desarrollada su marina mercante, entonces el negocio del flete, que representa cerca de 3900 millones de dólares anuales en concepto de fletes para colocar sus exportaciones, se lo llevan otros", comenta.

Desde ProMendoza, una entidad público-privado dedicada a la internacionalización de productos y servicios de la provincia, anuncian que el vino a granel, alcanzó este año la meta prevista para 2023, que era la de exportar 200 millones de litros y alcanzar el 5% del negocio mundial.

El balance es alentador en general porque, pese al impacto de la pandemia de coronavirus, la provincia sostuvo el volumen de las exportaciones que venían creciendo en años anteriores y hasta el mes de septiembre se verificó 6,47% de crecimiento en la cantidad de bienes exportados. "Vamos a llegar a fin año con números similares o parecidos a los del 2019 lo cual, en un año de pandemia no es menor", señala Mario Lázzaro, gerente de la Fundación.

Lázzaro, enseguida aclara que ese número general engloba a sectores ganadores y perdedores. Lejos de los productos vinculados a los alimentos frescos y procesados entre los menos favorecidos -por la situación de pandemia- ubica a la industria de equipos y bienes para petróleo y minería; la industria metalmecánica en general y los producidos en el Parque Petroquímico.

"Es notable el crecimiento de las exportaciones del sector de servicios basados en el conocimiento: tecnología, software videojuegos, audiovisuales, producciones audiovisuales, que han dado un gran paso adelante convirtiendo a Mendoza en un foco muy activo en la exportación de industrias creativas en 2020, por lo cual la pandemia y la virtualidad aceleró está semilla de un Polo tecnológico importante", destacó Lázzaro.

Cuarta revolución industrial

En coincidencia, Ponce destaca el crecimiento de las operaciones digitales y el tráfico de internet (+50%) en todo el globo y comenta que "en los países avanzados más del 70% de las compañías internacionales se han volcado a marcas, patentes, capital intelectual en el marco de una cuarta revolución industrial que tiene como insumo decisivo más que el capital, el conocimiento: la inteligencia colectiva".

En los últimos años, con un ingreso sostenido que se ubica en torno a 6000 millones de dólares, la economía del conocimiento ha escalado posiciones entre los complejos exportadores. "La actividad fluctuó por mercados, pero el e-banking, el e-commerce y la industria del software nunca frenaron, en cambio otras vinculadas a turismo, hotelería o gastronomía debieron readaptarse forzosamente", cuenta Alejandro Peña, integrante de la Comisión Directiva de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi).

"El primer trimestre registró un aumento del empleo, mientras que caían ligeramente las exportaciones", aclara Peña. El especialista explica, además, que la pandemia aceleró la transformación digital a niveles que se pronosticaban para dentro de cinco años.

Parte sustancial del trabajo exportador implica viajes, ferias y eventos que la pandemia inhabilitó, y no permite anticipar un panorama. Aun así, el sector celebra la reglamentación de la ley de Economía del Conocimiento a través del Decreto 1034/2020 publicado en el Boletín Oficial, que eliminó los derechos de exportación (con una baja del 5% al 0%) para las exportaciones de servicios basados en el conocimiento. A partir de incentivos y promoción, el sector del software que hoy genera 115.000 empleos apunta a alcanzar 500.000 y se prepara para exportar U$10.000 millones hacia la próxima década.

"La Argentina tiene un desafío muy importante que tiene que ver con la competitividad y el acceso a nuevos mercados; la carga impositiva es fuerte y los incentivos no están muy definidos, algo que genera inestabilidad en las decisiones de las empresas y duda sobre cuáles van a ser las políticas en un contexto cambiante constante que al mismo tiempo no alienta a que las empresas se embarquen en proyectos exportadores", analiza Emma Fontanet, gerenta del departamento de promoción de comercio internacional de la Fundación ICBC.

La especialista explica que en la actualidad existe más relación comercial con China, pero no como efecto de la pandemia sino por la necesidad del gigante asiático de comprar alimento y acercarse a los países no centrales, la "diplomacia económica" que apunta a colaborar con determinados países a través del comercio.

Asociación de empresas

Para Fontanet, la necesidad "urgente" de conseguir divisas se puede resolver por medio de vinculación comercial y la asociatividad entre empresas que complementen una oferta exportable para disminuir costos. "Tener mayor volumen de producción y acceder a mercados más fuertes es una estrategia y al mismo tiempo generar alianzas con empresa al exterior que permitan acceso a los mercados y hasta esa financiación que en el mercado local es imposible acceder", señala.

En el mundo hay actualmente más incertidumbres que certezas, pero es claro que el Coronavirus afectó en mayor o menor medida a todos los países y los llevó a proteger sus industrias. "La pandemia trajo más proteccionismo, más restricciones, más barreras para arancelarias, y cambios de reglas constantes que complejizan el entramado de los vínculos comerciales entre los países, eso puede dificultar el acceso de productos a distintos mercados", destaca Fontanet.

Por eso, asume que la Argentina tiene que ser inteligente en la vinculación a todos y cada uno de los bloques comerciales y las oportunidades que se puedan dar; tiene que haber muchísimo trabajo del sector privado sin esperar reacciones muy rápidas a nivel gubernamental porque la dinámica es otra por una cuestión de necesidades y urgencias.

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