Mejoras, retrocesos e idas y vueltas: las medidas del gobierno de Macri

Diego Dumont
Diego Dumont MEDIO:
A pesar de haber adelantado algunos cambios significativos para el sector, aún persisten los problemas estructurales que demandan una transformación sustancial
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29 de agosto de 2019  

Diciembre de 2015. El presidente Mauricio Macri cerraba con su discurso la 21° Conferencia de la UIA. Allí, como en toda la campaña, prometía, entre otras cosas, "premiar al que se anima al desafío de exportar", eliminar las retenciones de exportación, que no iba a tener a ningún Guillermo Moreno y se iba a normalizar la economía con la eliminación del cepo cambiario. ¿Cómo nos fue?

  • Derechos de exportación de mercaderías. Una empresa que exportaba una máquina envasadora por U$S 100.000 en 2015 pagaba US$4761 de derechos de exportación, hoy paga US$5769 con la posibilidad de estar eximida por el incremental respecto a lo hecho el año pasado, hasta cierto tope. Una cerealera que exportaba porotos de soja por un precio oficial total de US$100.000, en 2015 hubiera pagado US$25.925 de retenciones. Hoy tributaría aproximadamente US$25.600 entre el 18% de derechos y el adicional con tope. Pasaron cuatro años y el cambio no fue significativo. No sólo eso, las idas y vueltas fueron permanentes en estos cuatro años, primero eliminando luego restableciendo, luego eximiendo una pequeña parte para seguir estos días con sucesivos ajustes. El Gobierno no le encontró la vuelta a este tema y terminó incumpliendo las promesas de campaña.
  • Reintegros de exportación. Se aumentaron y luego se contrajeron, pero con mejores condiciones de pago, ya que antes las trabas burocráticas eran mayores. Sería como sí antes viajábamos en ruta y ahora lo hacemos por autopista, pero más caro. Volvamos al ejemplo anterior: la empresa que exportaba una máquina de US$100.000 en 2015 percibía (con demoras significativas) US$5714 de este estímulo. Hoy, con un proceso más ordenado y menos burocrático, cobraría casi US$1000 menos.
  • Exporta Simple. Aún sin estar de acuerdo con la forma en que se implementó, anunciado para las economías regionales y devenido camino para la exportación de algunas empresas hechas y derechas, este punto es el mayor acierto del Gobierno en medidas apuntadas al sector, si tenemos en cuenta la impagable deuda que se tiene con la increíble concentración de nuestras exportaciones. En la Argentina, 750 exportadores de un padrón de casi 10.000 representan más del 90% de las ventas al exterior. Es como si en un equipo de fútbol 9 de cada 10 goles los hace el mismo delantero. Necesitamos nuevos exportadores y la microexportación puede ser el trampolín de muchos de ellos.
  • Derechos de exportación de servicios. Me quedaré corto en palabras en este punto. Se me ocurre, como mínimo, definirlo como imperdonable. Gravar las exportaciones de servicios con derechos de exportación como sucedió a principios de año es un retroceso histórico, que incluso sentó bases legales en la propia Ley del Código Aduanero. Si queremos fomentar las exportaciones de alto valor agregado, es inconcebible que se hayan atacado estas exportaciones. Más aún en un país con persistente balanza negativa de servicios (más de US$7000 millones de salidas netas).
  • Importaciones. Se reorganizó el sistema, pasando de las nefastas DJAI del anterior gobierno al actual SIMI. Se ganó en transparencia. El sistema antiguo era perverso. En combo con el dólar blue de aquellos años se conformó un sistema que subsidió las importaciones de unos pocos beneficiados que, gracias la escasa competencia, podían vender a precios elevados. Dólar barato para unos pocos que pescaban en la pecera. Fue un cambio tan cantado como necesario. Se intentó eliminar las distorsivas percepciones de IVA y Ganancias en importaciones, pero se pudo sostener esta medida sólo siete meses. Se incrementó la tasa estadística a niveles que están fuera de razonabilidad y de su justificación a la luz del artículo VIII del Gatt. Preocupante. Como acierto, se eliminaron algunos aranceles en tecnología y se busca la eliminación gradual de los impuestos internos.
  • Puerta a puerta. Lo más importante fue la eliminación del dólar tarjeta y del cuello de botella en los depósitos. Vía postal: se produjeron cambios para descomprimir las aduanas. El 80% de las compras puerta a puerta valen menos de US$20. En el caso de la vía postal se subió el límite de US$999 a US$3000. También la franquicia se elevó de US$25 a US$50 y su uso a 12 veces al año (antes de uso único). Vía courier: se elevaron los montos de importación y exportación a US$3000. Se flexibilizó el sistema que antes generaba grandes congestionamientos en Ezeiza.
  • Régimen de equipaje. Se incrementaron las franquicias. En ingreso al país vía aérea o terrestre se pasó de US$300 a US$500. Si el ingreso es por vía terrestre, de US$150 a US$300. Las compras en free shops pasaron de US$300 a US$500. La finalidad fue armonizar el tratamiento aduanero a nivel Mercosur. Los viajeros agradecidos. Suma porque el impacto en las importaciones de estos movimientos no es importante y se agilizan los procesos en frontera.
  • Mercado de cambios. Se desmanteló un control de cambios riguroso, que se endureció con la escasez de reservas en el gobierno anterior, y se pasó a un contexto de libertad cambiaria (la Argentina es históricamente cíclica en este aspecto). Por el lado de las importaciones se eliminó el Sepaimpo, por el lado de las exportaciones desaparecieron los plazos para embarcar e ingresar divisas. No obstante, desde la órbita aduanera persisten controvertidas facultades otorgadas por el artículo 954 inciso C del Código Aduanero que le otorga a la Aduana la facultad de sancionar en caso de diferencias entre los montos documentados y los negociados en el mercado de cambios.
  • Balanza comercial. El Presidente tomó un país que exportaba por US$56.000 millones en 2015 e importaba por US$60.000 millones (déficit de US$5000 millones). Llega al fin de este mandato con un país que en 2018 exportó por US$61.000 millones e importó por US$65.400 millones. Recién este año veremos un superávit comercial de aproximadamente US$10.000 millones, explicado fundamentalmente por exportaciones similares al 2018 y contracción de las importaciones por el nivel de actividad. Queda pendiente la reglamentación de herramientas que serían muy útiles, contempladas en la ya histórica Ley de Promoción a las Exportaciones 23.101.
  • Desburocratización del comercio exterior. No puedo dejar de mencionar este punto. En nuestras operaciones de importación y exportación intervienen alrededor de 80 organismos, entre públicos y privados. Con la Ventanilla Única del Comercio Exterior (VUCE) y Trámites a Distancia (TAD), principalmente el país busca simplificar procedimientos y facilitar el comercio. Hubo cambios importantes en este rubro, aunque aún hay mucho por andar. La implementación de la VUCE inició en 2017 y sigue un programa que culminaría en 2021. .

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