Microprocesadores: las razones de Biden para llevar la producción de chips a Norteamérica
Los mandatarios de Estados Unidos y México acordaron ampliar la fabricación de esta tecnología en ambos lados de la frontera
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Teléfonos, computadoras, cámaras digitales, televisores, lavadoras, refrigeradores y microondas, todos necesitan chips semiconductores para funcionar. Más allá de los aparatos de uso diario, su alcance llega hasta los sectores militar, automotriz e industrial que cada día dependen más de esta tecnología. Es por esto que Estados Unidos quiere producir más chips en su propio territorio (o bien, en territorios aliados). Es materia de “seguridad nacional”, ha dicho la Casa Blanca, pero también es un negocio: se estima que los ingresos por ventas de chips semiconductores este año sean de US$596.000 millones a nivel mundial, de acuerdo con la consultora Gratner.
Durante la visita de Joe Biden a México, como parte de la Cumbre de Líderes de América del Norte esta semana, Estados Unidos y México acordaron ampliar la cadena de suministro de semiconductores de manera que México aporte algunos de los minerales clave que se pueden encontrar en el estado de Sonora y pueda aportar la mano de obra en algunos de los procesos. Esto puede traer grandes beneficios a México, pero el bajo nivel educativo del país limitará su potencial, aseguran expertos.
Hechos de silicio, una especie de arena refinada, los chips semiconductores tienen propiedades para conducir la electricidad. “Son tan avanzados que pueden contener más de 100.000 millones de transistores en una sola pieza de silicio, tantos que a una persona le tomaría más de mil años contar cada uno en voz alta”, describe la Asociación de la Industria de Semiconductores de EE UU (SIA, por sus siglas en inglés) en su más reciente reporte anual. Es por eso que se han vuelto ubicuos.
Según los datos más recientes de SIA, esa industria generó ingresos de más de US$45.000 millones a nivel mundial en noviembre del año pasado solamente. Se espera que para 2030, la industria tenga un valor de un billón de dólares, según la consultora McKinsey.
Empresas estadounidenses, alemanas, holandesas y chinas están entre las más grandes productoras de esta tecnología, pero gran parte de sus operaciones están en Taiwán y el gobierno de Joe Biden busca traer esas operaciones a su país o, por lo menos, a países aliados, como México. Durante los picos más intensos de la pandemia de Covid-19, entre 2020 y 2021, las interrupciones de cadenas de suministro global llevaron a una escasez de chips semiconductores. Esto retrasó la producción de millones de productos, generando, a su vez, inflación. La crisis fue el impulso que terminó por convencer a legisladores en EE UU de ambos partidos políticos que invertir en la industria nacional es urgente. A finales del año pasado, el gobierno pasó el Chips and Science Act, con el cual se invertirán miles de millones de dólares en incentivos para la industria.
Mucha de la producción actual se encuentra en China, explica James Lewis, experto del Center for Strategic and International Studies (CSIS), quien trabajó en los Departamentos de Estado y de Comercio. El país ha sido muy agresivo en contra de EE UU desde que Xi Jinping tomó el poder, explica Lewis, y no tener mayor control sobre la producción de chips pone a EE UU en una posición vulnerable.
“De repente nos encontramos en una competencia con una potencia hostil que es China”, dice al teléfono desde Washington. “Es esa competencia con China la que está impulsando esto porque China juega con un conjunto diferente de reglas y EE UU ha decidido que necesita centrarse en tecnologías emergentes, tecnologías centrales, como semiconductores. Estos son los más importantes en este momento porque están en todo: están en tu auto o en tu heladera, en tu teléfono. Son la industria central de la economía global digital”.
Debido a los ambiciosos incentivos para la fabricación de chips ofrecidos por los gobiernos de otros países y la consolidación en curso en la industria, la participación de la capacidad de fabricación de semiconductores hechos en EE UU se redujo en más del 10% en los últimos 8 años, dice el reporte de SIA publicado a finales de 2022. A pesar de esto, la tecnología se ha convertido en la quinta exportación más importante del país, después del petróleo refinado, los aviones, el petróleo crudo y el gas natural. La iniciativa de la Casa Blanca “no pone al país a la cabeza”, dice Lewis, “sino que le permite alcanzar a los demás”.
Una parte del esfuerzo que está haciendo Biden consiste en colocar incentivos —como exenciones de impuestos— a empresas que inviertan en producir chips en su país, pero otra parte es geopolítica. En octubre, Washington emitió una orden que prohíbe a las empresas estadounidenses suministrar chips semiconductores y dispositivos de fabricación de chips a empresas chinas. También prohibió a los ciudadanos estadounidenses trabajar para empresas chinas de semiconductores.
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