
Polémica en el bar
Juan Carlos y Natalia Pereyra, Roque Russo y José María Novas Regueira compartieron con LA NACION las anécdotas y los avatares del oficio de auxiliar del comercio exterior
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"La aduana es anterior a la organización nacional, tiene más de 400 años. Por aquella época llegó el vapor con el primer manifiesto declarado. Me acuerdo porque el apellido del capitán del barco era Pereyra", recuerda Juan Carlos Pereyra. La solemne anécdota quedó abruptamente desarticulada por la ironía: "Claro, seguro todavía tenés los documentos del buque en la oficina", lo chanceó Roque Russo. "Y bueno... Quiero saber si ya los puedo tirar", bromeó Juan Carlos. "Ah, ¿le tenés miedo al sumario, no?", completó José María Novas Regueira. "Olvidate, ya pasaron los 10 años", añadió Natalia Pereyra, hija de Juan Carlos, en referencia a la obligación que tienen los despachantes de aduana de conservar los documentos durante una década.
Las carcajadas cómplices resonaban en La Posada de San Telmo, el café que viste una esquina de Belgrano y Balcarce, en pleno barrio de los despachantes. Allí los reunió LA NACION para que, café de por medio, cavilaran sobre el añejo oficio (o profesión, como les gusta decir) del despachante de aduana, que mañana celebra su día, a 94 años de la fundación del Centro Despachantes de Aduana (CDA).
José María comenzó cadeteando en el puerto en 1968 y desde 1974 es despachante. Roque despacha desde 1963. Natalia empezó pasando libros y firmó el primer despacho en 1999. Es cuarta generación en esta profesión, y su padre, Juan Carlos, se inició en esta tarea en 1961.
-¿Cómo están las cosas con la Aduana y la AFIP?
-R.R.: Hay mayor transparencia y más medios técnicos para los controles pero hay fallas de agilidad. Lo bueno es que en Aduana tenemos un director que es de carrera [Ricardo Echegaray] que está agilizando todo y puso en funcionamiento el Consejo Consultivo Aduanero. En la AFIP, Abad [Alberto, titular del organismo] está haciendo mejor las cosas que sus antecesores y entiende por qué necesita a los despachantes como auxiliares para lograr una mayor transparencia y agilizar los trámites. No obstante, la mala noticia es que este año no se va a hacer el Tercer Congreso de Derecho Aduanero, que es vital para nosotros, por desinteligencias entre la AFIP y la Aduana. En la medida en que los despachantes, como verdaderos auxiliares de estos organismos, puedan tener mayor participación en la normativa, los trámites se van a agilizar.
-J.C.P.: En ese sentido, la Aduana y la AFIP tienen que entender que es mucho mejor controlar a 2000 despachantes que a 30.000 importadores.
-¿Se sienten realmente como auxiliares del comercio?
-J.M.N.R.: Más que antes. En un momento se quiso crear una enemistad entre el aduanero y el despachante de aduana, y se lo consiguió. Hoy hay más acercamiento; nos escuchan y nos ven como auxiliares.
-¿Cómo es el diálogo con los importadores y exportadores?
-N.P.: Los clientes delegan mucho y no saben las responsabilidades que tenemos como despachantes. Muchas veces quedamos como responsables de una serie infinita de documentos de los que no toman conocimiento.
-J.C.P.: El despachante es un mediador entre un organismo público y el sector privado. Es el que interpreta la reglamentación y las leyes y se las tiene que explicar al cliente. Por esta razón, a veces quedamos como los que ponen piedras en el camino. Tenemos que explicarles temas de IVA o de valores de transferencia y hasta de giro de divisas a los contadores...
-J.M.N.R.: Cumplimos el mismo rol que los contadores ante la AFIP o los abogados ante la Justicia. Las responsabilidades son muy grandes y a veces quedamos expuestos. Por eso estamos peleando por la colegiatura.
-¿Qué les daría la colegiatura?
-J.M.N.R.: Una presencia más seria de la que tenemos hoy. Hay gente que cree que trabajamos en la Aduana, y no con la Aduana. Antes nos preguntaban si podíamos traer relojes Seiko o videocaseteras, y hoy no cambió mucho la cosa. Con la colegiatura estaríamos mejor parados y tendrían que consultarnos para la redacción de la normativa aduanera que la hace alguien sentado en un escritorio que desconoce la operatoria, y una resolución mal dictada complica todo el trabajo.
-N.P.: Además, nos ayudaría a no estar tan desprotegidos. Estamos entre el Estado y los privados, y quedamos mucho más expuestos que el importador porque tenemos que presentar una garantía en la Aduana. El importador sólo tiene que llenar un formulario, presentar CUIL o CUIT y queda registrado en 15 días.
-¿Cómo resuelven el hecho de tener tanta responsabilidad y al mismo tiempo estar tan expuestos?
-J.C.P.: Cuando uno toma un cliente nuevo, es muy violento pedirle que firme una nota donde diga que voy a actuar en su nombre, pero que ante cualquier ilícito él es responsable y me libera a mí... Uno asume de buena fe la responsabilidad. Sucede que a veces, sin mala intención, se cae en ilícitos: por ejemplo, el exportador en origen embarcó mal y la licencia dejó de estar en vigor o tenía un error y no cubrió la mercadería; o el certificado de origen no cumple con una coma, cae la licencia y empieza a correr una multa por el valor de la mercadería. El importador no quiere entender que esto pasa.
-¿Cómo afectó la operatoria el incremento del comercio con China y el surgimiento de nuevos clientes como India?
-N.P.: A veces hay que esperar hasta última hora para mandarle el mail por el tema de los certificados, porque a lo mejor los encontrás y te responden rápido. Ahora noto que tienen horarios rotativos y trabajan las 24 horas para comunicarse con todo el mundo.
-¿Cómo es ese contacto con la contraparte?
-R.R.: Es muy fluido porque hoy el despachante es como la oficina de comercio exterior de las pymes. Reservamos fletes, liquidamos retenciones, giramos divisas...
-J.C.P.: Y esto es algo nuevo. Hace 40 o 50 años, los importadores eran una institución. Eran pocos, muy avezados, conocedores, y viajaban mucho. Con la apertura de los 80 y los 90, el comercio exterior se generalizó y aparecieron nuevos jugadores que no sabían nada de la operatoria. Antes recibíamos la documentación en la oficina, la presentábamos en la Aduana y entregábamos la mercadería. Luego tuvimos que asumir el rol de auxiliar del comercio exterior, que supera la mera acción de "sacabultos". Por eso es importante delimitar la responsabilidad.
-¿En qué sentido lo dice?
-J.C.P.: Yo quedo vinculado a la operatoria. Tengo que guardar 10 años la documentación de un despacho porque la AFIP tiene ese tiempo para reclamarle al importador por alguna diferencia y me obliga a tener un archivo. ¿Sabés a cuántos, que ya no eran más clientes, salvamos porque la Aduana los estaba citando y necesitaban la copia del despacho?
-¿Cómo se actualizan?
-N.P.: Leyendo todos los días el Boletín Oficial porque siempre sale alguna resolución.
-R.R.: El problema es que muchas normas se superponen. Cuando se hizo el Código Aduanero, se juntó la legislación de años que estaba dispersa. Hoy no se puede actualizar, justamente porque no se puede realizar el Congreso de Derecho Aduanero.
-J.M.N.R.: Además, no hablamos sólo de resoluciones de la Aduana. Están las del Banco Central, del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), de la Secretaría de Comercio... Tenés que conocer todo el universo arancelario y sus normas.
-Pero ¿no se da una especialización por sectores o industrias?
-J.C.P.: Es que, por ejemplo, tenés un cliente que importa tinta y papel. Después compra una máquina para imprimir, y luego una guillotina, y después una computadora para diseñar, y más tarde un equipo purificador de agua para el manejo de efluentes... Tenés que estar preparado siempre.
-A propósito, ¿qué sucede cuando tienen que hacer consultas en la Aduana ante alguna duda?
-N.P.: Cuanto más consultás por una clasificación arancelaria, peor es. Pueden tardar hasta ocho meses en responderte.
-¿Cómo están las cosas por el puerto?
-R.R.: Y... ¿qué querés que te diga? Las terminales son como las dueñas del territorio.
-J.M.N.R.: La Aduana es la máxima autoridad en el puerto, pero para las terminales son uno más.
-J.C.P.: Hay una terminal que está colapsada. Cuando te llega el turno para verificar el contenedor está en una plazoleta en tercera fila, y tenés que esperar que llegue la grúa. Y la prioridad encima la tiene la descarga. O estás verificando, y te pasan por al lado los camiones con contenedores...
-¿En todas las terminales hay que pedir turno para verificar?
-N.P.: Sí, en todas. Conseguir al verificador cuesta mucho, y es todo un tema que cuando llega tu turno el contenedor esté allá arriba, y que la grúa no venga porque la prioridad la tiene la descarga del buque. Si la terminal te dice que no puede bajar el contenedor, no podés hacer nada. Ahora, si por algún motivo no llegás a cargar cuando te toca, tenés que recoordinar y te cobran 40 dólares más IVA.
-¿Y ustedes le trasladan estos extracostos al cliente?
-N.P.: Lo termina pagando el consumidor final...
-¿Los despachantes trabajan sábado y domingo también?
-J.M.N.R.: Cuando a la terminal le conviene, habilita sábados y domingo, o las 24 horas. Ellos dependen de los buques.
-J.C.P.: Pero si por alguna urgencia querés cargar un sábado, tenés que habilitar toda la terminal, algo que es económicamente inviable. Pero si están saturados de carga, y quieren liberar, te dan turnos incluso los viernes a las 23.
-¿Qué proponen para cambiar esta situación?
-R.R.: Tener más participación. Las terminales tienen que entender que manda la Aduana, y que el despachante tiene autoridad porque es auxiliar de control. Hay que construir algo con la participación de los operadores para resolver los problemas actuales.



