Por qué se debe abandonar la política cambiaria

Las discusiones sobre la elección de tipo de cambio fijo o flotante, o si es necesario un mercado desdoblado, ya no tienen sentido ni vigencia alguna en el mundo
José Alfredo Nogueira
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1 de septiembre de 2015  

Luego de 32 años de recuperación de la democracia, todos los gobiernos que se sucedieron en la Argentina sufrieron un contundente fracaso en la implementación y consecución de sus políticas económicas. Esta lamentable situación tuvo su origen en los sistemas cambiarios implementados.

La Argentina probó diferentes alternativas de sistemas cambiarios sin tener en cuenta las experiencias vividas en el mundo, y por eso siempre se aplicaron tipos de cambio fijos y fuertes controles de cambio que provocaron gravísimas crisis económicas y políticas.

No obstante, a fines de 2001 y principios de 2002, cuando dejamos atrás el tipo de cambio fijo de la convertibilidad (vigente desde 1991) el gobierno creó el mercado único y libre de cambios (MULC), denominación ostentosa que no fue respetada y que sigue vigente, estableciendo que el tipo de cambio "resultará del libre juego de la oferta y la demanda".

Como es habitual, los funcionarios de turno le sumaron el ya característico "toque vernáculo" a las políticas, cambiando su objetivo original. Y así, tras el anuncio de que el valor del peso flotaría libremente, se impuso un estricto control de las operaciones cambiarias que debían realizarse sólo en un mercado de cambios que nunca fue único ni libre.

Al mismo tiempo, se dispuso que el Banco Central interviniera en el mercado para evitar una exagerada devaluación del peso, aunque muy pronto resultó evidente que el ente monetario actuó para cumplir ese objetivo con impericia y falta de profesionalidad, razones del rotundo fracaso que llevó al dólar rápidamente a cotizar en $ 4, con el agregado de una importante pérdida de reservas.

Otra equivocación

En los años siguientes, y gracias a una fuerte iliquidez e importantes ingresos de divisas por el aumento de las exportaciones el Banco Central actuó como comprador de última instancia, y acumuló reservas por cifras impensadas. Entonces, quienes conducían la política cambiaria volvieron a equivocarse al ponerle un piso al dólar, lo más alto posible, en lugar de dejar que el mercado decidiera el cambio de equilibrio.

Aquél error hizo que el Banco Central tuviera que aumentar exageradamente la emisión monetaria, con los consecuentes resultados inflacionarios y encareciendo la importación de insumos vitales y bienes de capital necesarios para el crecimiento. Y a partir de 2011, ya con un tipo de cambio atrasado, comienza la pérdida de reservas y una escalada de la inflación, razón por la que el Gobierno recurre a otra medida extrema como el "cepo cambiario", que se fue agravando a medida que la situación empeoraba.

Consecuente y paradójicamente, se impuso una mayor restricción a la salida de dólares del país, que finalmente limitó el ingreso de capitales, produjo estragos en la economía y paralizó las actividades productivas.

Lo relatado puede servir en estos momentos de definiciones de cara a las elecciones de octubre, porque también en este tema se necesitan cambios fundamentales.

Hay que tener bien claro -y no perder más tiempo- que las discusiones sobre la elección de sistemas de tipo de cambio fijo o flotante o si es necesario un mercado desdoblado, ya no tienen sentido ni vigencia alguna en el mundo. Hoy nadie imagina recurrir a devaluaciones y al anclaje cambiario para solucionar los problemas de balanza de pagos o fuga de capitales. La libertad también ha llegado a los mercados de divisas y los tipos de cambio son una consecuencia.

El mercado libre y los tipos de cambios flexibles son las únicas alternativas que permitirán insertar a la Argentina en el mercado de los países que han elegido el camino de la libertad responsable, la interdependencia, el diálogo, la cooperación y el acuerdo. Así comenzaremos a transitar el fascinante camino de la incertidumbre que da la libertad y donde sólo podrán sobrevivir los que actúen con profesionalidad creativa y los que sepan cómo enfrentar los riesgos.

Equilibrio

Sin política cambiaria tienen plena vigencia los tipos de cambio de equilibrio, que ajustan naturalmente ingresos y egresos, créditos y débitos, sin necesidad de regulaciones prepotentes y autoritarias. Entonces, no existirán más la sobrevaluación ni subvaluación de la moneda. Cualquier tendencia que se origine en el mercado, en uno u otro sentido, será contrarrestada inmediatamente por reacciones correspondientes de los tipos de cambio. Y es esta una gran ventaja de un sistema de cambios flexibles, pero no la única. Los tipos de cambio pueden sufrir variaciones ocasionales, causadas por acontecimientos imprevistos, pueden sufrir súbitas alzas y repentinas bajas, pero estas reacciones ocasionales serán sólo transitorias si no responden a causas económicas.

El sistema cambiario que comenzó a regir a mediados de los 70 en los principales países del mundo fue el de la flotación del tipo de cambio, que se distinguió por sus cuatro características fundamentales.

En primer lugar, bajo este sistema, los tipos de cambio se mueven libremente de acuerdo con la oferta y la demanda, demostrándose así la flexibilidad de las paridades cambiarias. En segundo lugar, esos precios son consecuencia de las decisiones tomadas libremente por los operadores, según sus expectativas, y de las políticas, directas e indirectas, aplicadas por los países para influir en las tendencias de los mercados de divisas. La tercera característica es la marcada volatilidad que habitualmente muestran los tipos de cambio. La cuarta característica tuvo que ver con la decisión de ciertos países de influir directamente en el nivel de los tipos de cambio, como objetivo de política, haciendo intervenir a los bancos centrales en los mercados para morigerar movimientos exagerados o cambiar tendencias que pudieran afectar normas monetarias internas. Así nació la denominación de sistema de flotación "administrada".

Pero las intervenciones, si bien tenían fundamentos políticos y económicos, siempre y durante años se realizaron con criterios únicamente nacionales, lo que no favorecía los acuerdos de integración entre los países. Por eso las grandes potencias concluyeron en que la única manera de influir con éxito en la orientación de los mercados era consensuar líneas de acción con el propósito de lograr el equilibrio necesario.

Así, la intervención directa de los bancos centrales en los mercados de divisas fue perdiendo eficacia por las crecientes dificultades surgidas con el crecimiento de los volúmenes transados en los principales mercados cambiarios del mundo. Simultáneamente, aparecieron renovadas críticas al sistema de intervenciones oficiales directas en los mercados porque no tenían ningún efecto distinto del que podían traer las contrapartidas monetarias que originaban. De acuerdo con este criterio, la nueva modalidad que propiciaron se basaba en que las políticas monetarias eran las más efectivas para influir en el nivel de los tipos de cambio.

En la segunda mitad de los 80 ganó terreno aquella teoría y los bancos centrales comenzaron a utilizar instrumentos indirectos como la fijación de las tasas de interés referenciales como principal arma. Durante los 90 y principios del siglo 21 se afianzó la idea de que los niveles de los tipos de cambio tenían un valor relativo y que su equilibrio dependía de la disciplina y la coordinación de las políticas macroeconómicas. Y ya en el nuevo milenio, el G-7 desistió de las intervenciones de los bancos centrales en el mercado de cambios, pero dejando en libertad a los países para decidir libremente sobre el tema. No obstante, hubo total acuerdo en cumplir estrictamente cuatro reglas fundamentales:

  • No deberán adoptarse medidas económicas que afecten a otros sin previo acuerdo.
  • No intervenir en los mercados cuando las tendencias sean correctas.
  • Respetar pautas acordadas y mantener una estrecha relación multilateral.

  • Procurar políticas monetarias estables y balanza de pagos equilibrada.

La Argentina debe abandonar el sistema de control de cambios y dejar sin efecto la enorme cantidad de normas que lo regulan. Sin política cambiaria, la Argentina volverá a ser un país normal, capaz de liderar un fuerte crecimiento y garantizar el bienestar de sus ciudadanos.

El autor es socio de ABC Mercado de Cambiosy ex Foreign Exchange Manager en la Argentina de The Chase Manhattan Bank y Manufacturers Hannover Trust Co./Chemical Bank.

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