
Puntada argentina en Tokio
Un grupo de jóvenes e innovadores diseñadores deslumbra con sus creaciones en uno de los mercados más exigentes y exquisitos de la moda. Historias de exportación nada tradicional
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OK, Japón queda lejos. Son 18.372 kilómetros entre Buenos Aires y Tokio entre los cuales hay que superar llanuras, montaña, mar, y algunas islas esporádicas para llegar, en este viaje imaginario, a la gran capital japonesa, una urbe de más de 12 millones de habitantes que se encuentra entre las más pobladas del mundo.
Sin embargo, existe algo que acorta la distancia: los japoneses siempre se interesaron por Occidente. Si no, ¿cómo se explica que el sushi y el sake sean tan populares actualmente en Buenos Aires?
Claro que ese interés es de doble vía. De hecho, los japoneses, grandes innovadores de la moda (¿el nombre Kenzo les dice algo?) se han fijado ya hace algunos años en la ropa creada por los jóvenes e innovadores diseñadores de indumentaria argentinos. En orden alfabético: Martín Churba, de Tramando; Mariana Cortés, de Juana de Arco; Valeria Pesqueira, de Pesqueira TM, y Nadine Zlotogora, con la marca que lleva su nombre.
Aunque algunos de ellos (Nadine y Valeria) no conocen aún Japón, la verdad es que ya tienen gran parte de su vida en Buenos Aires sincronizada con lo que ocurre a 18.372 kilómetros de distancia. Es una dinámica entre globalización y creación que muchas veces se vuelve vorágine, sobre todo por el proverbial apego de los japoneses a la calidad, la formalidad y el trabajo, que permitió perfeccionar el profesionalismo y la capacidad de los que ya hacían gala sus contrapartes argentinos.
El inicio de esta curiosa historia, que conecta los locales trendy de Palermo Viejo y Recoleta con las distinguidas tiendas departamentales de los distritos de Ginza o Shinjuku, en Tokio, y que incluye misteriosas compras de ejecutivos japoneses en los locales argentinos; visitas a Buenos Aires de periodistas asiáticos; reuniones contra el reloj; firmas de autógrafos; juventud y talento; contactos en Nueva York; cartas de fanáticos, y hasta pitonisas y piqueteros, se remonta a abril de 2004.
En ese momento, Martín Churba (36) había viajado a Nueva York con el propósito de hacer nuevos contactos internacionales. Entre las citas programadas tenía una con Takanao Muramatsu (Taka, para los diseñadores argentinos), de la firma japonesa HP France.
"Cuando vio la ropa, tuvo un cambio muy particular. Empezó a tratarme de otra manera, como si me conociera; empezó a mostrarse muy interesado, no sólo por mí, sino por la Argentina", dijo Churba a LA NACION.
"Es un personaje muy particular él; un tipo muy transparente que cuando se emociona se agarra la cabeza. En ese momento, se agarraba la cabeza y decía cosas en japonés, y yo no entendía nada", recordó Churba.
Muramatsu le propuso un negocio conjunto con HP France para el mercado norteamericano. Pero Churba quería ingresar en el japonés, donde HP France tiene unos 70 locales de venta de ropa en los que, hasta ese momento, ningún latinoamericano había llegado. Churba quedó en contacto con Taka y le prometió una respuesta para más adelante. Lo consultó con su gente "y con una pitonisa. Yo le preguntaba: «¿El mercado americano o el japonés?» Y ella me dijo: «El japonés»". "Me tomé tiempo para contestarle, tanto que un día Taka me dijo: «Tengo un pasaje para Buenos Aires». Vino y se enamoró perdidamente de la ciudad. Nos sentamos a esta mesa [en el primer piso de su local de la calle Rodríguez Peña] hace ya tres años a intentar cerrar un contrato en el que finalmente conseguimos que él nos distribuya en Japón", comentó Churba. La verdad es que Taka se había preparado especialmente para ese viaje. Una de sus asistentes conocía la marca Juana de Arco, de Mariana Cortés (34), que ya estaba vendiendo en Nueva York, y concertó una entrevista para que ambos se reunieran en Buenos Aires.
Valeria Pesqueira (31), por su parte, estaba empezando a exportar a los Estados Unidos y viajó en septiembre de 2004 a Nueva York para participar en la feria de moda The Train. Ahí conoció a la gente de HP France, que ya representaba a Tramando. "Vieron en mi tarjeta que soy argentina. Me preguntaron: «¿Lo conocés a Martín? », y me invitaron a que les mostrara la colección. Cuando la vieron, dijeron que era más para el mercado japonés que para Estados Unidos", dijo Pesqueira, una self made woman, que había empezado en plena crisis de 2001 con una inversión de 1000 pesos (en ese momento, 1000 dólares) y trabajando en el cuarto del fondo de la casa de sus padres en Adrogué.
En 2004, Nadine Zlotogora (36), que inició su propia marca en 2000 y había dado el "salto" a Palermo después de abrir su primer local en la galería Larreta, recibía varias visitas de clientes japoneses en su local de la calle El Salvador. Pesqueira le preguntó si ya había conocido a una ejecutiva de HP France. "Le contesté que, no. Ella me dijo: «qué raro, porque compra en tu local». Y pasaron dos temporadas. Después me llegó un e-mail del grupo HP France con la visita de unas periodistas japonesas y, a la semana, otro donde me comunicaban que vendría el presidente de la empresa y quería tener una reunión", contó Nadine. Eso fue a fines de 2005.
¿El resultado? Japón representa actualmente el 70% de la facturación de Tramando (le vende unas 8000 prendas por año y experimentó un 30% de crecimiento en la última temporada); el 50%, de la de Juana de Arco (envía 2500 prendas por mes); el 40% de la de Pesqueira TM, y el 30% de la de Nadine Zlotogora.
Las razones
Para Pesqueira, el cambio que posibilitó con el tiempo vender a Japón empezó con la crisis. De hecho, con la convertibilidad, los argentinos miraban a los diseñadores de Milán y París. Estaban los que podían ir a esas ciudades a comprar y los diseñadores argentinos, cuya fuente de inspiración era esa moda. Pero después de la devaluación no fue tan fácil viajar para los propios argentinos, que empezaron a ver la producción de indumentaria local con otros ojos. Y los empresarios extranjeros de la moda (los japoneses, principalmente) advirtieron en la Argentina una tierra de oportunidades.
"Lo nuestro [en cuanto a diseño] es muy fresco. Es bien de acá, usamos tela de acá y es algo real, cero pretencioso", dijo Valeria a LA NACION. Los japoneses también están muy atentos a las nuevas tendencias en los países occidentales. "Y en Occidente está pasando que Buenos Aires está de moda. No es cualquier cosa que en la revista Vogue, de París, aparezca una tapa que diga «Buenos Aires très chic», como pasó hace un año", enfatizó.
En el caso de Juana de Arco, según comentó Cortés, a los japoneses "les gustó la propuesta" y la "autenticidad" de la marca, que vende "ropa de autor, especialmente ropa interior y tejidos artesanales, y es también una casa de arte". Churba destacó la originalidad de su diseño como clave, tanto en la indumentaria como en las telas. "No se está copiando; se está inventado de verdad", dijo y contó que, HP France se inició hace unos 30 años en el barrio de Harayuku (la sigla HP corresponde a Harayuku Project). Allí, la firma tenía un pequeño local y comenzó a vender prendas de diseñadores franceses en Japón, algo que en ese momento no existía. Por eso, cada vez que abre un local, lo hace con la misión de presentar una cultura nueva. Ello derivó en la inauguración del local Ante Buenos Aires, en el que HP France comercializa la indumentaria argentina.
Las exportaciones de indumentaria argentina a Japón provocaron también que los diseñadores argentinos debieran mejorar aún más su producción. Algunos dicen, por lo bajo o no tanto, que las ventas se transformaron en "oro que quema" por los altísimos niveles de exigencia de ese mercado y porque un error puede equivaler a quedar eliminado del negocio.
Cortés fue a Japón dos veces desde el inicio de la relación comercial con HP France, y armó exposiciones de arte en Tokio. Allí se encontró con una legión de admiradoras de Juana de Arco. Le entregaron cartas en las que le decían que se sentían parte del "mundo Juana", que quieren conocer la Argentina... Le sacaron fotos, le regalaron dulces típicos y flores. Próximamente, se inaugurará la "casa" de Juana de Arco en Omotesando, un distrito de Tokio.
Churba, por su parte, intervino en la puesta en marcha del taller textil de la cooperativa piquetera La Juanita, lo que derivó en la exportación de 200 guardapolvos que utilizaron los utileros de la ópera Evita cuando estuvo en cartel en Tokio, en 2006.
El crecimiento de sus ventas a Japón también le posibilitaron a Pesqueira pensar en esquemas innovadores. Próximamente, empezará a vender el diseño a los japoneses y se producirá en China ropa diseñada por ella para atender el mercado japonés. Uno de los posibles focos es la indumentaria para chicos, porque en Japón hay un baby boom .
Lo cierto es que la venta de diseño y no de prendas terminadas también es una manera de escapar del nuevo mal de la economía argentina: la inflación, que provocó el aumento del valor de las telas de los diseñadores. Por eso mismo, Juana de Arco está pensando en tercerizar procesos en algunos países o importar materiales. Y no es nada fácil que los japoneses absorban estos costos. No es extraño: se trata de una cultura en la que la palabra tiene un valor enorme, no por nada el bushido, el férreo y antiguo código samurai, reza: "Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho".
Fotos: Miguel Acevedo Riú, Maxie Amena y Ana Armendariz





