Química del Sur, de la quiebra al éxito
Para mantenerla en actividad sus empleados se asociaron en una cooperativa y volvieron a exportar
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La historia de la cooperativa Química del Sur no es la historia de una Pyme exportadora tradicional.
Lo original en este caso no es que esté especializada en la fabricación de óxidos de hierro y colores para cemento, sino el hecho de que sus trabajadores pudieron recuperarla de la quiebra, conservando su corazón productivo, para devolverla a la vida comercial.
En noviembre de 2001 cuando se declaró la quiebra de Química Sudamericana, tras estar concursada desde 1994, algunos de los que trabajaban en la gerencia de la empresa junto con los obreros de la planta vieron que el único camino para no perder el trabajo -para algunos el mismo desde hacía más de 30 años- era formar una cooperativa.
Así, esa antigua Pyme familiar que llegó a ser conocida en 12 países y que no pudo "resistir los embates del proceso de desindustrialización" que vivió el país quedó en manos de sus trabajadores con el desafío de seguir adelante no sólo en el mercado interno, sino tambíen en el exterior.
Con el rostro teñido de rojo, algunos; con las manos amarillas, otros; los empleados siguieron el ritmo cotidiano de producción. Nada había cambiado dentro de la planta. Sólo que en esta nueva etapa la preocupación por satisfacer los pedidos de clientes como Colorín o ALBA se intercalaron con las necesidades más urgentes de los trabajadores y sus familias.
"En ese momento no queríamos quedar en la calle. Este trabajo se hace de manera casi artesanal e intentar buscar otro era imposible. La única alternativa que teníamos era armar la cooperativa y pasar de una firma de capitalización a ser una empresa social. Pudimos llegar a un acuerdo con los antiguos dueños sobre el cobro de parte de los salarios adeudados con facturas por vencer y arrancamos con $ 1500 de capital y muchas deudas", comentó el ex gerente de Química Sudamericana y hoy director comercial de Química del Sur, Carlos Ortíz.
El presidente de la cooperativa, Carlos Hugo Ramírez, recordó que tomar esa decisión no fue un paso fácil. "La cooperativa se fue organizando de a poco desde antes que quebrara la sociedad anónima, y en su momento propuse no firmar nada sin antes consultar con las familias, porque la propuesta salió de la gente que antes pertenecía a la dirección de la firma y dudábamos si se convertiría en otro problema más. Yo estoy separado, pero tengo dos hijos y le comenté a la madre de los chicos que nos esperaban épocas duras. Sin embargo, gracias a Dios nunca dejamos de darles de comer a nuestros hijos. Se garantizó la comida por semana y más adelante logramos tener una obra social", contó Ramírez.
Puertas afuera de la empresa, el mercado seguía girando -contaron- y se debía hacer frente a la pesada deuda que acosaba a la firma.
"En la primera etapa exportamos a Bolivia, Paraguay y algo a Chile y nos propusimos buscar nuevos clientes tanto acá como afuera", dijo Ortíz, que reconoció que con la salida de la convertibilidad la empresa tuvo un golpe de suerte ya que logró triplicar sus ingresos gracias a las ventas en dólares.
Arraigada en Berazategui, la firma fabrica insumos básicos para la industria: óxidos de hierro o ferrites rojos y amarillos, y colores para cemento negro, verde, azul, y pardos. Se utilizan como pigmentos en la fabricación de pinturas, para colorear hormigón, ladrillos, tejas, cartón y cerámicas.
En su conquista por nuevos destinos, participó en una misión comercial que se hizo en abril último a San Pablo, Brasil, a donde acudió asesorada por BAExporta y por el Consulado argentino."Nos habían hecho 48 contactos de los que resultaron 14 entrevistas. Todos trabajaron muy bien y fue una experiencia muy buena", reconoció Ortíz.
A más de un año del inicio de la cooperativa, los empleados pasaron de ser 30 a 58 y sus salarios se duplicaron. Actualmente, Química del Sur produce más de 1000 toneladas al año y exporta la mitad a Chile, Salvador, Brasil, Paraguay y Bolivia.
Uno de sus triunfos es haber entrado en el mercado brasileño y tener como cliente a BASF, tras competir cuerpo a cuerpo con Bayer.
Sus dueños coinciden en que atrás quedaron los momentos más duros, pero saben que si quieren crecer necesitarán mejorar su nivel de producción, ya que los clientes no perdonan y otro mundo está golpeando a la puerta.






