
Retrato de la típica pyme exportadora
Para el empresario, el valor agregado tiene un sabor agridulce: por él recibió un premio de LA NACION y Terminal de Cargas Argentina, y al mismo tiempo, el IVA es una pesadilla
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Diego Parodi brama. Tiene el semblante apesadumbrado y comienza él mismo con la entrevista mientras muestra el camino hacia su oficina, instalada a metros de las líneas de producción de su fábrica de colmenas en Avellaneda.
El objetivo de la charla -mostrar a la pyme que se alzó con el Premio a la Excelencia Exportadora LA NACION-TCA 2005 en una de las categorías de mayor relevancia, la del valor agregado- sufrió un giro de 180 grados. De un plumazo, todo parecía una anécdota: tomar los desperdicios de madera del aserradero que la pyme familiar Parodi Apicultura tiene en Misiones y hacer estudios de mercado (de los caseros, a pulmón) para conocer qué valor podrían lograr con ese descarte; vislumbrar que la apicultura sería un fuerte negocio en un país como la Argentina que se posicionó como uno de los principales productores y exportadores mundiales de miel; desarrollar para esa industria un insumo clave como las colmenas; cerrar el círculo entre una materia prima en principio residual y un producto industrializado con un gran mercado interno, y coronar el esfuerzo comercial con la exportación de las colmenas, luego de descubrir que la tecnología desarrollada era un camino intermedio entre los caros productos europeos y los más baratos de Asia.
Pero para Diego Parodi, el valor agregado tiene un sabor agridulce: por él recibió un premio de LA NACION y Terminal de Cargas Argentina, y al mismo tiempo, el impuesto al valor agregado (IVA) es una pesadilla que le quita el sueño de seguir emprendiendo.
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"Hoy el tema fiscal en las pymes es más importante que lo comercial o lo productivo. Si no tenés un buen asesor de impuestos, el Estado te funde. Yo no gano el 21% en todas las exportaciones, y eso es el IVA que le tengo que pagar a cada proveedor. Si el Estado no me lo devuelve, en cada negocio que hago pierdo plata", explica.
Sostiene Parodi que el régimen de recupero del tributo al agregado de valor en una materia prima es imposible para las pymes industriales. "El Estado te obliga a estar al día con el IVA y las cargas sociales, que me parece perfecto; pero de pronto las cosas no van bien y te atrasás. Tenía que pagar $ 150.000 de ganancias y no pude, así que tuve que ir a moratoria, que tiene un interés mensual del 3%. Pero ¡el Estado tiene una deuda conmigo de $ 1.000.000 por IVA desde hace dos años, y no me lo paga! ¿Cómo hago para estar al día, entonces?"
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La relación con los proveedores ya no es meramente comercial, es decir, comprar insumos, pagar, dar factura, etcétera. Si la AFIP entra en la ecuación, la complejidad entra en una espiral ascendente. "Antes de devolverme el IVA, el Estado debe fiscalizar a mis proveedores. Pero lo hace a través de mi empresa; me solidariza con mi proveedor", agrega Parodi.
"Antes de pagarle la factura -continúa-, la AFIP me obliga a ingresarla en su sistema de Internet para verificar que no sea apócrifa. Supongamos que en ese momento está bien, y yo comienzo con el trámite de recupero, pero al año y medio ese proveedor desaparece, se funde o le empezó a ir mal y deja de pagar impuestos. Entonces, la AFIP no encuentra a ese proveedor, y me responsabiliza: no me reconoce la factura (que yo contabilicé y fiscalicé según su regulación y que en aquel momento me autorizó a pagar) porque hoy no lo puede encontrar".
-¿Qué pasa, entonces?
-No te reconocen la operación. Dicen que es apócrifa, que no sucedió. Yo compré la mercadería. La exporté; tengo la factura de exportación. La Aduana me fiscalizó. Cobré la operación. Pagué las retenciones, ingresé las divisas? Y como según la AFIP la operación es apócrifa, ¡me generan una multa por exportación de productos sin documentación de compra!
-¿Pero?
-(Interrumpe.) No. Esperá, que ahí no termina. Dicen que, como la factura no existe, no me puedo tomar el crédito fiscal porque esa plata no la gasté. Y si no la gasté, entonces la gané. Así que me obligan a pagar impuesto a las ganancias. ¿Entendés el absurdo? Compro mercadería por $ 100.000 y me deben IVA por $ 20.000 que no sólo no me los devuelven sino que me generan una deuda de $ 50.000 de ganancias, más los intereses, más la multa por exportación de productos sin comprobante de compra. El régimen es perverso con las pymes. Yo no puedo pagar abogados y estudios de auditoría. Soy una pyme y tengo el contador de toda la vida al que le pago $ 500.
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Hacia 1996 comenzaron con las primeras investigaciones para exportar las colmenas a Europa luego de descubrir el hueco que existía en ese mercado, donde el producto se vende a 130 euros, y él las podía colocar a 40 dólares. Debía demostrar que las suyas eran de mejor calidad que las asiáticas, que eran más baratas aún. "Trabajamos con el IRAM y generamos la primera norma de calidad (IRAM 114001) para las colmenas. Pero como no había antecedentes de exportación de colmenas en el país estuvimos durante cuatro meses con la Aduana para encontrar una posición arancelaria", cuenta.
"Siete meses después de dar con la posición, la Aduana viene a fiscalizarme. ¡Me mandan inspectores para ver si el valor declarado es el real cuando fui yo quien les dijo lo que valía una colmena!", dice Parodi elevando, involuntariamente, el tono.
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"La primera exportación fue en 1997. Viajé con Santiago [Herrero, gerente de comercio exterior] 20 días a Estados Unidos a recorrer fábricas de colmenas y a proponerles que dejaran de hacerlas. Convencí al segundo fabricante del país de que me compre a mí porque mis costos eran mejores que los suyos", recordó. Envió un contenedor de prueba y recibió una orden de compra por 300.000 dólares. Fue al Banco Provincia (con el que había hecho la operación de prueba) para pedir una prefinanciación de 50.000 dólares. "Me la negaron porque no había líneas para esos productos", indica. "Con ese cliente obtuve contactos por US$ 1.000.000".
Su negocio se transformó violentamente al ver que los apicultores ofrecían pagarle las colmenas con miel, y se propuso el objetivo de lograr una sinergia total con ellos. Así incorporaron a la oferta el resto de los productos de la colmena: propóleos, cera y, ¿por qué no?, las abejas reina. En este caso, no fue la voracidad fiscal del Estado la que trabó los negocios, sino la burocracia de los organismos de certificación sanitaria.
"La gente de la cabaña apícola Pedro J. Bover de General Belgrano me pidió que le vendiera sus abejas en el exterior. Pero perdí plata porque el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) tardó 30 días en emitir el certificado sanitario, y el cliente [del Líbano] no las quiso pagar: llamó a Australia y tuvo las reinas en 48 horas".
Con la exportación de propóleos sucede algo similar. "El mercado interno estaba muerto y por eso el apicultor no lo recolectaba. Pero en los países de Europa del Este y en Rusia la apiterapia está muy incorporada. Así que le dije a Santiago que saliera a ofrecerlo. Hace dos años que estoy detrás de una empresa rusa y logré finalmente una orden de compra de 1000 kilos. Tenía que mandarles 100 kilos de muestra. Pero cuando llego al Senasa... otra vez lo mismo".
-¿Por qué?
-¡Porque no había antecedentes de exportación de propóleos a Rusia! Les dije que había que generarlo entonces, pero me respondieron que es caro, que no tienen gente para fiscalizar. Hace tres meses que estoy con el tema y en cualquier momento me multan por incumplir el contrato. ¡No les estoy pidiendo nada extraño! ¡Que manden 18 técnicos y hagan las muestras que quieran! Pero no: es el típico caso del no argentino.
-¿Te pidieron coima?
-No, nunca me pidieron plata, pero no se quieren complicar la vida. No encontrás en el Estado una ayuda a los problemas y las trabas que aparecen en todos los mercados, como, por ejemplo, en España. "La gota que rebasó el vaso", dice. "Me rebotaron dos contenedores."
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La cosecha española de miel fue desastrosa. Y los apicultores -que reciben un subsidio de entre 30 y 40 dólares por colmena- tienen otro problema porque ahora las ayudas se reparten según las necesidades de cada país, y este año tienen que competir con 10 nuevos miembros. "El gobierno español dijo que los iba ayudar. Y yo fui testigo de esa ayuda."
Sucede que la Unión Europea (UE) y la Argentina firmaron un convenio según el cual se realizan 15 análisis a la miel, que conforman el Plan Crhea (Control de Residuos e Higiene de los Alimentos), para verificar que los restos de medicamentos o cualquier otro producto no excedan un límite preestablecido de partes por billón (ppb) .
"España hizo caso omiso y en lugar de 15 análisis realizó 140. Encontró 0,10 ppb de trifluralina, y rechazó mi embarque", indica. La trifluralina (herbicida utilizado antes de la siembra del girasol) no está en el convenio. "El análisis no tiene validez porque no está homologado por el organismo sanitario europeo. Aun así, marche preso."
Parodi acudió al Senasa, que no podía hacer nada si no había comunicación oficial del gobierno español. Nunca llegaría la comunicación porque si un país europeo detecta un problema sanitario debe emitir automáticamente un alerta. "España no lo hizo porque le iba caer una auditoría de Bruselas, y quedaría en evidencia entonces. Le pedí ayuda a Sáenz Briones [Pablo], el agregado comercial de la embajada argentina en España, y me maltrató por teléfono porque estaba cansado de los exportadores argentinos que mandan m... a España y desgastan las relaciones diplomáticas."
Las autoridades españolas reconocieron que era una arbitrariedad lo sucedido. "Pero como no podían ir en contra de los inspectores, me propusieron que me traiga la miel de vuelta [el costo de 90 días en el puerto de Valencia fue de US$ 10.000] y que ellos cajoneaban el expediente."
-¿Cuál es el futuro de la firma?
-No bajar los brazos. Vamos a abrir una oficina en Europa.
También aquí, dice que el Estado está ausente: "Quiero abrir un depósito en Europa, pero ¿En qué país me conviene? ¿En qué puerto? ¿Hay zonas francas con las que la Argentina tenga convenio? ¿Hay alguna entidad que me preste una oficina hasta que tenga la mía? ¿Cómo abro una empresa allá? ¿Qué abogados me recomiendan para que me orienten en qué tipo de sociedad comercial me conviene?".
Preguntas de una típica pyme exportadora argentina.
En síntesis
Parodi Apicultura es una pyme familiar que se dedica desde 1918 al sector foresto-industrial.
- Cuenta con un aserradero en Misiones y una fábrica de colmenas en Avellaneda.
- En 1995, como parte del programa de reconversión industrial, invirtieron en máquinas para agregarle valor a la madera de pino.
- 35 de las 40 máquinas con las que hacen las colmenas son de diseño y fabricación propios.
- Emplean a 70 personas y tienen una cartera de unos 100 proveedores.
Exportación
Embarcan cuatro TEU (medida equivalente a un contenedor de 20 pies) por mes de colmenas.
- También envían 15 TEU por mes con miel, cera, abejas reina y propóleos.
- En 2004 exportaron colmenas por US$ 950.000 y otros productos por US$ 2.000.000.
- Tienen clientes en los cinco continentes y llegan a más de 20 destinos.
Productos
- En el aserradero de Misiones fabrican revestimiento, machimbre, molduras, vigas multilaminadas y chips.
- Esos productos dejan una gran cantidad de descarte, que se suma a la madera con nudos y las que se parten.
- Antes de empezar con las colmenas pensaron en hacer desde palos de escoba hasta juegos didácticos.
- Parodi Apicultura también ofrece para los mercados interno y externo desde la ropa para el apicultor hasta las pequeñas agujas de traslarve (para la remoción de larvas en la colmena).





