
Un banquete con sabor agridulce
El año cierra con débitos y créditos para el bloque regional; la relación con Chile será clave en 2001
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Si el Mercosur fuera una comida, los invitados al banquete se retirarían de la mesa con un sabor agridulce, resultado de una no siempre acertada combinación de azúcar y sal. Esta parece ser la sensación generalizada entre los analistas del acuerdo regional, que ya lleva nueve años de vida.
Al analizar la marcha del bloque durante el año 2000, se ven tanto aspectos positivos como negativos. Entre los primeros, se destaca una mejora en las relaciones entre los dos miembros principales, Brasil y la Argentina, que parece señalar la voluntad política de continuidad. Los segundos, en cambio, incluyen una sensación generalizada tanto en el interior del Mercosur como en el resto del mundo de que la crisis aún no se supera.
El año 2000 fue el del tan mentado "relanzamiento" del Mercosur, una propuesta que sonó casi como un manotazo de ahogado, tras un 1999 de franco retroceso. En efecto, el año último los cuatro miembros del bloque, sin excepción, experimentaron un crecimiento negativo, al tiempo que la devaluación del real, en enero, no ayudaba a mejorar las relaciones entre Brasil y la Argentina. Como consecuencia de la crisis, el comercio intra-Mercosur registró una caída de casi el 30% con respecto al año anterior.
En ese contexto, la primera mitad de este año se destinó a negociar un acuerdo, sellado finalmente el 29 de junio durante la reunión del Consejo Mercado Común en Buenos Aires. Entre otros aspectos, se decidió trabajar en conjunto para eliminar restricciones para el acceso a los mercados, acelerar la incorporación de la normativa Mercosur por parte de cada Estado, revisar aspectos del arancel externo común del bloque y estimular la coordinación de políticas macroeconómicas entre los socios.
Seis meses después, no obstante, se observa que "el relanzamiento ha llevado mucho más tiempo de lo esperado y es todavía un signo de interrogación", según analizó Roberto Bouzas, economista e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
Desde el otro lado del Atlántico, Ramón Torrent, director del Observatorio de la Globalización de la Universidad de Barcelona, coincidió con esta visión. "Da la impresión de que aún no se ha conseguido redefinir adecuadamente la agenda y de que el proceso (y el derecho que lo rige) sigue estando corto de credibilidad", aseguró este ex funcionario del Consejo de la Unión Europea.
La cumbre de Florianópolis, que reunió hace 15 días en Brasil a los máximos responsables del bloque, cerró oficialmente el año 2000 para el Mercosur. Y lo hizo con algunos éxitos. El más evidente parece ser la firma, finalmente, del acuerdo automotor, un área conflictiva e importante. Las relaciones entre los dos principales socios parecen encaminarse.
Lo mejor del año
"Creo que lo mejor del año fue que se frenó la pendiente de deterioro en la que el proceso de integración sub-regional (y en particular la relación entre la Argentina y Brasil) había entrado hace ya algunos años", opinó Bouzas. Por su parte, Torrent evaluó que lo mejor del 2000 para el Mercosur fue "que se mantiene, e incluso se refuerza, la voluntad política de seguir avanzando en el proceso de integración".
En el ámbito comercial, este año fue testigo de numerosas disputas , y si bien algunas parecen encaminados hacia una solución, como el caso de los lácteos, otros, como el azúcar, continúan siendo eje de conflicto.
No obstante, para la Argentina en particular, el Mercosur permitió incrementar sus exportaciones y obtener además un saldo favorable. Durante los primeros nueve meses del año, las exportaciones argentinas al bloque alcanzaron los US$ 3136 millones (1037 millones más que en igual período del año anterior y 2634 millones más que las ventas de 2000 a la Unión Europea), según datos de la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía.
Cuando parecía que ya nada nuevo podría surgir, Brasil y la Argentina se despertaron con la noticia de un flamante acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Chile, un asociado al Mercosur. Según el economista, este hecho trae aparejados tres efectos para el Mercosur: por un lado, lo obliga a alcanzar por fin una posición común en su relación con Chile. Por otra parte, pone en evidencia que la manera más eficaz de atraer nuevos socios es demostrar la solidez del proceso de integración. Finalmente, "envía una señal clara de que Estados Unidos seguirá inyectando expectativas en torno del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y el Mercosur debe prepararse seriamente para esta negociación".
La cena de fin de año deja en los comensales la duda acerca de si les gustó la comida o no, y la esperanza de que la próxima sea mucho más dulce.




