
Una escala comercial en el estrecho del Bósforo
Es un mercado estratégico que todavía no ha sido explorado por la Argentina en todo su potencial. Las manufacturas industriales son las que más mercado pueden ganar en este país
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“Turquía es uno de los mercados que más se expanden en el nivel mundial, siendo el décimo noveno por el volumen de sus importaciones. Con las perspectivas de su ingreso a la UE cada vez más firmes, todo hace pensar que la importancia de Turquía como puerta de ingreso para los productos argentinos hacia Europa del Este, el Cáucaso, Asia Central y Medio Oriente no podrá sino incrementarse”, dijo a La Nacion Luis Eduardo Susmann, consejero a cargo de la Sección Económica y Comercial de la embajada argentina en Ankara.
“Después de una fuerte crisis económica que Turquía experimentó en 2001, la economía se recupera muy aceleradamente. El PBI creció un 6,5% en 2002; 7,3% en 2003; 9,8% en 2004 y se estima que en 2005 el crecimiento será de 5,3. Y proyectan un incremento de al menos un 5 % para este año”, amplió.
“Por su ubicación estratégica, sin duda Turquía debería ser un foco de atención de exportadores argentinos, concebida como cabecera de puente para el acceso a otros mercados, incluso los de la Unión Europea”, expresó Félix Peña, director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación BankBoston, y agregó: “Tiene un mercado interesante y en expansión, si se toma en cuenta el segmento de población con ingresos altos y medios, así como el turismo extranjero. Quienes producen bienes diferenciados y con valor intelectual agregado - por ejemplo, diseño y calidad - deberían estudiar todo el potencial de este mercado y de sus conexiones, y examinar como llegar a las bocas de expendio, es decir, cuáles son las correas transmisoras más eficaces para llegar al consumidor turco y al turista que visita el país. Pensemos por ejemplo y entre muchos otros, en vinos, productos gourmet, frutas y vegetales, indumentaria infantil, muebles y juguetes de madera, calzado de calidad”.
Para Susmann, el principal motor de la expansión de la economía turca es el comercio exterior. “Las exportaciones crecieron a una tasa superior al 30% anual de 2002 a 2004. Para 2005 los datos provisionales indican que aumentaron un 16 %, siendo los sectores de mayor dinamismo exportador el automotor (US$ 10.500 millones), el de la vestimenta e industria textil en general, y los electrodomésticos, que se destinan fundamentalmente a la Unión Europea (UE) gracias a las ventajas que Turquía tiene para el ingreso en este mercado por el Acuerdo de Libre Comercio que entró en vigor en 1997”, detalló.
Si bien el sector agropecuario aporta menos del 11% del PBI, un 40% de la población turca se desempeña en tareas rurales. “El gobierno turco otorga subsidios a los agricultores, que no están ligados a la producción”, dijo Susmann.
Las inversiones que más se realizaron en los últimos tiempos vienen también por el lado de los automotores y los electrodomésticos, “especialmente destinadas a la producción de televisores. La mayoría de los televisores que se compran en Europa se manufacturan en este país”, señaló el diplomático, y advirtió que “el hecho de que la UE haya comenzado negociaciones para incorporar a Turquía como miembro pleno de ese bloque económico el 3 de octubre de 2005 motivó el interés de inversores externos para radicarse en el país”.
Asimismo, el gobierno turco cuenta con proyectos de inversión para la “la construcción de oleoductos, gasoductos y tres túneles que unirán por carretera y ferrocarril la parte europea y asiática de este país, cruzando por debajo del Estrecho del Bósforo”.
Con la Argentina
En muy poca cantidad, pero con ventas al fin, a Turquía se venden productos variados que van desde productos de IBM -cuya software factory argentina exporta el 25% de lo que produce a 12 países, entre ellos el mercado turco- hasta maíz pisingallo.
“Desde hace ya varios años la Software Factory de IBM Argentina trabaja para la división de Retail Store Solutions de IBM (EEUU). Esta división entre sus múltiples ofertas y productos incluye las impresoras fiscales que, para su funcionamiento, requieren de un micro código (interfase entre aplicación y hardware) que debe cumplir con la ley fiscal de los respectivos países donde se comercializan, en este caso particular Turquía”, señalaron desde IBM Argentina.
“Los especialistas de IBM en Argentina interactúan con personal de IBM en Turquía, quienes se encargan de suministrarles la ley fiscal y los requerimientos específicos. Con el paso de los años y la consecuente evolución tecnológica se han producido varias versiones de micro código destinadas a soportar las impresoras de última generación. Hasta el momento, las versiones de micro código generadas apuntan a satisfacer las necesidades de tres segmentos del mercado bien diferenciados: supermercados, la versión mas difundida; Entertainment Solutions, destinada a cubrir requerimientos de cines, teatros y demás espectáculos, y Gas Station, una versión más ágil para este tipo de comercios”, ampliaron desde la multinacional.
El caso de maíz pisingallo es sorprendente. Este producto, con el que se hace el popcorn, tiene un alto arancel en Turquía “que a veces es del ciento por ciento, y a veces oscila entre el 75 y el 80%, lo que convierte a Turquía en un comprador errático. No obstante, es un cliente importante de este producto: es el segundo comprador de la Argentina y está casi al nivel de Brasil”, primer importador del producto local, según sostuvo Carlos Wetzler, de CFM. Brokers SA, que exporta Turquía. “Sospecho que por el volumen que están comprando –que es enorme, de 20.100 toneladas frente a casi 22.000 de Brasil- mucha de esta mercadería termina en Irak”.
“Las ventas argentinas a Turquía fueron de US$ 79 millones en 2000, 50 millones en 2001 (cuando Turquía entró en crisis), 76 millones en 2002, 167 millones en 2003 y 238 millones en 2004, es decir que aumentaron alrededor de un 200% en los cinco años, lo que lo transforma en un cliente muy interesante, más importante que países como Ecuador, Vietnam, Arabia Saudita, Marruecos, Australia, Portugal, Suiza, Austria y Grecia, entre otros”, dijo el subsecretario de Comercio Internacional de la Cancillería, Luis Kreckler, a La Nacion.
Según informó Susmann, “los principales productos que la Argentina importa desde Turquía son tabaco, tejidos y fibras artificiales, artículos de plástico, aceite de oliva, refrigeradores domésticos, manufacturas de caucho, partes de automóviles, máquinas herramienta y colorantes o curtientes”, por montos muy poco relevantes. Por su parte la Argentina le exporta a Turquía “semillas de soja y girasol, tortas se soja, maíz, lanas, medicamentos, tabaco (diferente del que Turquía le vende a nuestro país), trigo pan, aceite de soja y girasol, papel y cartón, y pieles enteras y curtidas principalmente de ovejas, autopartes y productos químicos”, agregó.
Turquía tiene aplica un rango de aranceles muy amplio, “llegando a un máximo de 250% para todo tipo de carnes rojas (capítulo 02). Sin embargo, aún cuando este arancel es enorme, en la práctica se aplican incluso medidas de prohibición de importación de estas carnes. En el otro extremo, muchos productos industriales y de la minería tienen arancel 0”, indicó Susmann. Cabe señalar además que la Argentina está incluida en la lista de países alcanzados por el Sistema Generalizado de Preferencias (SPG) turco, cuyos beneficios pueden consultarse en www.gumruk.gov.tr/english
Con una incidencia del 38% en el PBI y dueñas del 10% de las exportaciones, las pymes turcas han sido un engranaje clave para la recuperación económica del país, debido a que constituyen “el 99,5% del total de empresas y emplean el 59,1% de la población”.
Si bien no se registraron inversiones argentinas en este mercado euroasiático, los turcos han incursionado en estas tierras. “El grupo Sabanci, uno de los dos conglomerados industriales y financieros turcos más importantes, inauguró en Berazategui, en 1999, la planta Dusa Mercosur para la producción de encordados utilizados en la fabricación de neumáticos. Y la empresa Alara invirtió para la producción, empaquetamiento y exportación de cerezas argentinas en Santa Cruz (Los Antiguos), Chubut (Trelew) y Mendoza”, agregó.
Alara es nada menos que la mayor exportadora de cerezas del mundo. En 2003, junto con la comercializadora inglesa Utopía y la firma argentina Río Claro (productora y exportadora de Santa Cruz) crearon Río Alara SA con el objetivo de ser líderes en la provisión mundial de cerezas. “Alara de Turquía lidera el mercado en la temporada de verano del hemisferio Norte y, al formar Río Alara se crea la única empresa que puede abastecer al mundo de cerezas durante siete meses y medio”, señaló el vicepresidente de la firma, Juan Sain. Río Alara administra hoy más de 150 hectáreas de cerezas en distintas zonas del país y es la principal exportadora del hemisferio Sur a Inglaterra, con plantas de empaque en Tunuyán (Mendoza) y en Los Antiguos (Santa Cruz).
Negocios con potencial
Serhan Kara, consejero comercial de la embajada turca en nuestro país, confirmó a La Nacion que los sectores con alto potencial exportador son “el de GNC en Turquía, que se encuentra en condiciones y disponibilidad favorable, pero se necesita de regulaciones acordes y promoción; el de vinos, donde aún cuando los impuestos internos que se aplican son muy altos, hay mucho interés; el de autopartes, que en cambio es muy amplio y muy competitivo a la vez, y el textil, donde se nota mucho interés por los diseños argentinos”.
En este último rubro, la pyme argentina Patagonia Exotic Leather (que exporta cueros de pescado, cabras andinas, carpinchos, suríes e iguanas, y paneles magnéticos sobre la base de estos productos), está haciendo sus primeras armas. Eduardo Cassullo, director de la firma, destacó que el mercado de Estambul “es muy interesante porque la clase media pudiente de Rusia toma esta ciudad como lugar de shopping, por lo que hay un movimiento que supera al propio del mercado turco”. Eso sí, Cassullo recomendó extremar cuidados en la selección de socios “porque los criterios de formalidad a los que estamos acostumbrados no son fáciles de encontrar”, indicó el director de PEL.
Susmann también identificó a aquellos segmentos de mercado aptos para incursiones argentinas. Respecto del GNC, dijo que “Turquía ha realizado múltiples gasoductos para abastecerse de gas de países vecinos. Como consecuencia de una proyección de consumo exagerada que se efectuó en los 90, actualmente se encuentra sobreabastecida de gas natural, por lo que tendría mucho sentido alentar su consumo para sustituir importaciones de otros combustibles más caros”.
Gregorio Kopyto, gerente de la Cámara Argentina del Gas Natural Comprimido, sostuvo que “Turquía tiene planes de reemplazar 800.000 vehículos que funcionan a gas licuado de petróleo (GLP) por gas natural comprimido (GNC) aprovechando que es un nudo en el paso de los gasoductos que van por vía marítima, y por cuyo paso cobra peaje. Hay un programa de cooperación en marcha entre los gobiernos argentino y turco para el desarrollo acelerado de la industria del GNC. Además, varias firmas argentinas tienen sus equipos validados con la Regulación 110 de la Unión Europea (relativa a los gases de escape), que era una de las demandas turcas, en virtud de su plan de adhesión al bloque”, explicó.
Por lo pronto, Aspro GNC ya está asentada en Turquía. “Vendimos y pusimos en marcha un sistema de compresión para una estación de GNC en Ankara, que se inauguró en 2004. Capacitamos al personal de la Estación con personal argentino y estamos trabajando junto con empresas turcas para desarrollar el GNC en diferentes áreas del país”, manifestaron directivos de la empresa, tras agregar que “Turquía está dando sus primeros pasos en GNC. Tiene un parque automotor de 11.000.000 de vehículos –de los cuales sólo 1000 son a gas– y tienen cuatro estaciones de expendio de GNC, tres en Estambul y una en Ankara”, ampliaron. El marco energético del GNC no esta regulado del todo “pero como la Argentina es líder en GNC, pueden tomar nuestra experiencia legal y seguir nuestros pasos”, agregaron desde la empresa.
Es llamativo lo que sucede en el sector de autopartes. “Turquía revirtió el tradicional superávit que teníamos en el capítulo 87 del nomenclador. En 2003, el saldo favorecía a la Argentina en US$ 171.534, pero en 2004, la balanza pasó a ser favorable para Turquía en US$ 896.038”, detalló Susmann, al identificar los siguientes nichos, entre muchos otros: válvulas de dirección, sistemas de inyección y carburación, rodamientos, pastillas de freno, paragolpes, levas y cigüeñales, catalizadores, silenciadores, cambios y engranajes, caños de escape, sistemas hidráulicos, radiadores, correas de transmisión, embragues, amortiguadores y bujías.
Un proveedor recurrente de bujías precisamente es la pyme Componentes Especiales Diesel SA. Con 62 años, y varios sellos de aeropuertos en su pasaporte, Hugo Gentile, director comercial de la firma conoce Estambul y el mercado turco por haber participado en la feria Automechanika Estambul. Es una de las pocas fábricas dedicadas exclusivamente a la construcción de bujías de pre y poscalentamiento para motores diesel: “No hay demasiados en el mundo. Competimos con monstruos alemanes como Bosch y Beru”, explicó. Producen 170 modelos de bujías, para todo tipo de vehículos diesel, “nuevos y viejos, de todo el mundo”. De las 500.000 bujías que fabrican, exportan la mitad a mercados que van desde Bielorrusia, Rumania, Bulgaria y Emiratos Arabes Unidos hasta una decena de países latinoamericanos.
“Turquía es un muy buen mercado. Tenemos un cliente que está comprando, que lo conocimos en la feria de Francfort, y otro cliente nuevo que está empezando. Es un mercado que supera las 700.000 bujías por temporada [se refiere al invierno]. Lo que más nos cuesta es convencer de que una fábrica argentina entrega un producto de alta calidad, y que puede competir en precio (el promedio por unidad es de US$ 1,50) e ingresar por volumen en este mercado. Reforzamos nuestra calidad dando garantía por un año”, comentó Hugo. “Los turcos pelean mucho por el precio. Nos piden muestras, las ensayan y mandan la aprobación de calidad del producto. Recién ahí viene el pedido”, añadió. La pyme proyecta duplicar la exportación de todo 2005 este año, y para eso participarán en ferias de India, Francfort y Dubai. Tienen un as en la manga para atraer clientes de todo el mundo: “Llevamos equipos de demostración para que vean cómo funciona la bujía en sus ciclos eléctricos”, concluyó Hugo.
En vinos
“Con 68 millones de habitantes y 20 millones de turistas en 2005, Turquía se perfila como un interesante mercado para la exportación de vinos. El consumo local está aumentando impulsado por la apertura de las importaciones que comenzó hace tres años y que, en 2004, se ubicó en torno a los US$ 15 millones. Si bien los vinos importados aún deben abonar aranceles del 70%, estarían ocupando una fracción cada vez mayor del mercado”, dijo Susmann. “Por otra parte –continuó–, el gusto del mercado turco, tradicionalmente volcado hacia el raqui (aguardiente anisado, similar al arak del Líbano o al ouzo griego) se estaría desplazando hacia bebidas más suaves, como el vino”.
El vino argentino llegó por primera vez a Turquía de la mano de Trapiche. “Llegamos en 1998, y mantenemos desde hace ocho años una presencia constante en el mercado. El 60% del vino que exportamos es tinto, el resto es vino blanco, y los varietales que más vendemos son el Malbec y el Cabernet Sauvignon, seguidos por el Merlot”, indicaron directivos de Bodegas Trapiche.
“Un dato importante para esta industria es que “por razones religiosas, el consumo de vino se da sólo en una parte de la población”, que demostró una evolución muy favorable cuadriplicando el volumen de consumo. “Ya hay vinos argentinos en las góndolas de los supermercados turcos”, expresaron.
Por último, Susmann aclaró que Turquía es un gran importador de medicamentos. Es un mercado que en 2005 facturó US$ 6300 millones. “La Argentina le exportó por US$ 1,5 millón en 2001, y pasó a US$ 12 millones en 2003. Hay aproximadamente 36 medicamentos argentinos aguardando obtener registros del Ministerio de Salud en este país, donde estarían apareciendo trabas no arancelarias. De acuerdo con importadores turcos, podrían estar en juego exportaciones argentinas adicionales por US$ 100 millones”, agregó.
“Estamos registrando productos cardiológicos”, dijo destacó Andrés Ziffer, presidente de Laboratorios Lazar, y agregó: “Ya hicimos la presentación, la bioequivalencia y hace dos meses recibimos los inspectores turcos. Fue como una inspección de la Unión Europea, son así de exigentes”. A Turquía, Laboratorios Lazar exportará productos terminados, tal como lo hace en Libia, Azerbaiján y Kazajstán. “Es un mercado atractivo por sus altos estándares y porque en menos de dos años se duplicó el volumen de venta. Hasta hace tres años no tenía un sistema de cobertura social. Al tenerlo ahora, hay mayor acceso por parte de la población a los medicamentos”.
Por su parte, Laboratorios Gador exporta productos oncológicos con marca propia 1998 a través de un distribuidor local. “Entre 2004 y 2005 vendimos por US$ 532.000”, dijo Martín Cerioni, gerente de mercados externos del laboratorio que este año intentará registrar ante las autoridades turcas un antiresortivo (para tratar la osteoporosis). “Entramos en la recta final del proceso, ojalá podamos lanzarlo en el primer semestre de este año”, añadió. También para Gador Turquía es un destino prioritario: “El volumen del mercado es enorme y tiene un potencial y proyecciones de venta futura muy alentadoras”. Cerioni concuerda con otros conocedores del mercado respecto de los requerimientos donde “están siendo más exigentes por su proceso de ingreso en la Unión Europea, lo que nos permite mejorar mucho en calidad y estar a la altura del mercado europeo”, amplió.





