
Cómo preparar 1000 tazas de café en la oficina sin moverse del escritorio
Castro y Cámara crearon un sistema de pequeñas máquinas expendedoras
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En 1992, cuando comenzaron a desregularse las telecomunicaciones en el país, después de la privatización de Entel, Marcelo Castro (35) y Pablo Cámara (34)creyeron encontrar una oportunidad en el mercado.
La dupla creó una empresa de pagers llamada Indicom, cuando apenas comenzaba a popularizarse la transmisión de mensajes alfanuméricos. Para eso invirtieron 250.000 dólares, dejaron sus empleos en una consultora y en una entidad financiera y sumaron 15.000 clientes. Hacia 1996, cuando los teléfonos celulares comenzaron a robarles protagonismo a los pagers, vendieron Indicom a Panam Wireless International en casi siete millones de dólares, que se repartieron con un socio que entró después en el negocio.
Traspasando apenas el umbral de los 30 años y con una cuenta bancaria a prueba de zozobras, la dupla dedicó los meses siguientes a incursionar en actividades inmobiliarias y de exportación, hasta que en 1999 puso en marcha otro proyecto tan exitoso como el de los pagers:crearon un sistema para proveer café a las empresas, para competir con las máquinas expendedoras tradicionales.
Castro y Cámara ofrecen en comodato cafeteras que caben sobre un escritorio -tienen 33 centímetros de alto por 23 de ancho- y venden un kit que contiene todos los ingredientes necesarios para preparar 1000 pocillos, de café espresso o de filtro.
Las máquinas las importan de los EE. UU. y cuentan con termos de alta duración que mantienen el café caliente por más de 10 horas. El negocio lo desarrollaron a medias con la gente de Office Net, emprendedores también, que crearon una de las mayores empresas locales proveedoras de insumos para oficina.
Marcelo Castro afirma que en un año ya sumaron 900 clientes, y cita entre ellos a 3M, Bagley, Banco Galicia, Gas Natural Bank, Merrill Lynch, Tetrapac y Boston Security.
Pero su foco principal son las firmas pequeñas y medianas: "Podemos abastecer a empresas de tres empleados para arriba", explica Castro, que ha logrado posicionar su producto, además, en estudios de abogados y arquitectos.
Coffice tiene alianzas con proveedores de primera línea, como Bonafide, La Morenita e Hileret; opera en la Capital Federal y en las principales ciudades del interior, y tiene en la mira el inicio de su expansión internacional. Durante su primer año de vida la empresa facturó un millón de dólares y para fines de 2000 proyecta un crecimiento del 30 por ciento.
Pero no sólo de café viven estos entrepreneurs, que comenzarán a ofrecer un catálogo con todos los insumos necesarios para el break room. "La idea es que la gente tenga a mano infusiones, gaseosas y agua mineral sin abandonar la oficina", justifican.
Para sumar clientes, recurren a un esquema mixto. Por un lado, tienen vendedores que recorren empresas. Por otro, cuentan con un centro de atención de llamadas para pedidos de quienes llegan por propio modo.
El precio y la calidad son los mejores argumentos de venta que dicen tener: "Les damos el mismo café que en el bar de la esquina, pero más rico y más barato", sostienen. Tomando el costo por unidad, cada pocillo de espresso le cuesta a la empresa 35 centavos.
¿Por qué optar por las cafeteras de Coffice, antes que por las máquinas expendedoras tradicionales?
Castro y Cámara dicen que ocupan mucho espacio, que utilizan insumos de marcas desconocidas y que, además, tienen mayor costo de mantenimiento.





