Coronavirus. La falsa disyuntiva entre epidemia y actividad económica
La crisis pandémica del coronavirus, iniciada en China a fines de diciembre, se ha expandido con una increíble rapidez. A la fecha de escribir esta nota, los países involucrados ascendían a 145 con más de 200.000 personas afectadas y aproximadamente 10.000 fallecidos. El análisis de este inesperado flagelo debe abarcar dos aspectos estrechamente relacionados: el sanitario y el económico.
Respecto del primero, los especialistas en infectología admiten que -por el momento- no existe vacuna ni medicación que pueda "contener" la expansión geométrica de este "tsunami". La pregunta que surge, entonces, es: dado este actual y complicado escenario sanitario, ¿cuáles son las medidas necesarias para acotar la expansión de la crisis e ir reduciendo su extensión temporal y su gravedad? Distintos países –partiendo de la base que el principal foco de expansión es la circulación de personas infectadas- gradualmente han dictado normas restrictivas que han ido "in crescendo"; entre otras: cuarentena de infectados y personas eventualmente en contacto con ellos, cierre de lugares con numerosa presencia de público, cancelación de espectáculos, cierre de fronteras, prohibición de circular en determinados espacios y cierre de plantas de producción y centros de servicios.
Estas medidas -más allá de restringir ciertas libertades- han ido mellando en forma creciente los niveles de actividad y el grado de confianza de los inversores. La desaceleración económica y la entrada en pánico de los inversores, con el consecuente colapso de los mercados financieros, ha sido inevitable.
A esta altura de los acontecimientos, es claro que la condición necesaria para lograr atemperar la caída de la actividad, evitar llegar a una recesión y -al menos- frenar el actual descalabro bursátil, consistiría en intentar frenar lo más rápido posible la expansión de la pandemia. Para ello, la experiencia indica que es necesario profundizar las medidas restrictivas de circulación y, más aun, de ser necesario llevarlas al límite de un confinamiento general ("lockdown"), como ya lo ha implementado China con éxito y actualmente, entre otras naciones, lo están llevando a la práctica España, Italia y Suiza.
Sin embargo, no es menos cierto que, cuanto mayores sean las restricciones de circulación, mayor será el impacto negativo en los niveles de actividad económica. A este respecto, y en aras de evitar una eventual recesión, las autoridades políticas de la mayoría de los países no han sido lo suficientemente severos con las políticas de "no circulación"; planteando una disyuntiva entre el grado de combate de la pandemia y la profundidad de la desaceleración. Dicho de otro modo, argumentaban -por ejemplo- que llegar al confinamiento general llevaría indefectiblemente a una profunda recesión.
A nuestro juicio, esta disyuntiva es incorrecta y extremadamente peligrosa, ya que el atacar "levemente" la epidemia para evitar la recesión, lo único que se lograría es el efecto contrario: esto es, una prolongada persistencia temporal de la crisis virósica que llevaría finalmente a una mayor caída de los niveles de actividad económica.
¿Cuál sería entonces la estrategia a seguir para combinar el más rápido aplanamiento posible de la curva de expansión del virus con una corta desaceleración (dos ó tres trimestres) que –además- no se convierta en una peligrosa recesión global? Sin duda, la solución es la que ya están encarando -entre otros- países como Estados Unidos, España, Inglaterra, Italia, la Unión Europea y Japón. Esto es: combatir fuertemente la epidemia con medidas restrictivas de circulación cada vez más extremas y atemperar los efectos negativos de las mismas con medidas monetarias y fiscales de estímulo.
Quizás el mejor ejemplo es Estados Unidos. En efecto, luego de declarar la emergencia sanitaria, su autoridad monetaria (la Reserva Federal) bajó su tasa de referencia de 1,75% a 0%, aumentó la liquidez mediante una masiva compra de títulos públicos, redujo los encajes bancarios, estableció líneas especiales de redescuento para las entidades financieras, se comprometió a comprar deuda ("commercial paper") emitida por pequeñas y medianas empresas afectadas por problemas de caja y estableció swaps de monedas con los principales bancos centrales. Por su parte, la Secretaria del Tesoro (su Ministerio de Economía), con la aprobación del Congreso, complementó las mencionadas medidas monetarias con un tremendo paquete fiscal; estimado en 1,2 billones de dólares (¡6% del PBI!).
En síntesis, a nuestro juicio, se equivocan aquellos que plantean que no es conveniente atacar a fondo la pandemia –incluso con un confinamiento general- ya que ello terminaría en una fuerte y prolongada recesión. Sin embargo, de lo que se trata es exactamente lo contrario: atacar ambos problemas con todo el herramental disponible, que incluye severas medidas restrictivas de circulación (incluso con confinamiento general), acompañadas de fuertes políticas monetarias y fiscales de estímulo. Sería ésta la manera de evitar una prolongada pandemia y una larga y costosa recesión.
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