
¿Cuál es el uso óptimo de los recursos que son escasos?
Porque no cumplieron una orden divina, Adán y Eva fueron echados del paraíso y desde entonces, los seres humanos tenemos que ganarnos el pan con el sudor de nuestras frentes, a menos que consigamos que el Estado le cobre impuestos a los demás y nos subsidie a nosotros. Para entender lo que ocurre en la Tierra, con frecuencia los economistas hablan de óptimo. ¿A qué se refieren, concretamente?
Sobre el particular conversé con el norteamericano Abram Bergson (1914-2003), experto en la economía de la ex Unión Soviética, por haber trabajado en la Oficina de Servicios Estratégicos de su país entre 1940 y 1945, y dirigido el Centro de Investigaciones Soviéticas de Harvard entre 1964 y 1980. Alexander Gerschenkron, Ronald Lindley Meek, Alexander Nove y Francis Seton también se ocuparon de la economía de la URSS, puntualizando que Occidente sobreestimaba su potencial económico. Lo entrevisté porque en 1938 publicó una monografía que creó la nueva economía del bienestar. En Harvard fue compañero de estudios de Paul Anthony Samuelson, quien afirmó que Bergson figuraba en todas las "listas cortas" de candidatos al Premio Nobel de Economía, galardón que no obtuvo.
-¿Qué es óptimo para los economistas?
-El primer principio que se enseña en la Facultad de Ciencias Económicas es el de la escasez, según el cual no hay de todo, para todos, gratis. El segundo es que los recursos son escasos, pero tienen usos alternativos. Porque con determinada cantidad de ladrillos se puede construir casas, cárceles o jardines de infantes.
-Esto último, gráficamente, genera la frontera de posibilidades.
-Exacto. Si en los ejes se miden las cantidades que se pueden producir de aviones y camisetas, los recursos de las provincias A o B, los de los jubilados y los estudiantes, el ocio y los bienes que se consiguen trabajando, etcétera, aparece una curva de pendiente negativa, que significa que -dados cierta cantidad de recursos y tecnología en uso- para que aumente uno hay que disminuir el otro. En un momento dado no se puede trabajar menos y consumir más. Pero el gráfico no es lo importante.
-¿Qué es lo importante?
-La idea. Cada vez que existe un recurso escaso, que tiene usos alternativos, aparece una frontera, que separa lo factible de lo que no lo es. No es una posición única: un gobierno puede privilegiar los fondos destinados a cierto fin; otro gobierno, a otro destino. Los criterios de asignación sirven para alcanzar el óptimo. Por eso los economistas comenzamos por listar las alternativas posibles, para dentro de ellas elegir la mejor.
-Pero también interesa que alguna situación que hoy no es posible, mañana lo sea.
-Si lo que hoy es factible depende de la cantidad de recursos y de la tecnología en uso, mañana podrá ser factible algo que hoy no lo es; si aumentan los recursos o el cambio tecnológico posibilita fabricar más bienes con los mismos recursos. La evolución del PBI a lo largo de varias décadas muestra que el cambio tecnológico es más importante que la acumulación de recursos, aunque es claro que la mejora tecnológica no cae del cielo, sino que viene incorporada en la nueva maquinaria.
-Las economías pueden no ubicarse en la frontera, de manera que la realidad puede mejorar sin mayores recursos o mejor tecnología.
-Sí, pero salvo en la hipótesis del estancamiento secular, o de las restricciones artificiales que enfrentan los productores, esto es más un fenómeno coyuntural que uno permanente. De cualquier manera es una cuestión empírica, que por consiguiente tiene que ser medida en cada país, en cada momento.
-Según usted, el óptimo es lo mejor de lo posible, pero muchos periodistas, intelectuales y algunos economistas plantean objetivos que por el momento no son factibles.
-Yo me referí al óptimo económico, pero no es el único. Quien le quiere hacer creer a la audiencia que no solamente es preferible, sino también posible, algo que en función de los recursos y la tecnología existentes no lo es, muestra que tiene más corazón que cabeza. Imperdonable, en el caso de los economistas.
-Don Abram, muchas gracias.






