David Ruda: “Me escriben a mi casilla y yo les contesto a todos”
El presidente y fundador de Tarjeta Naranja explica que la relación que tiene con sus empleados es muy cercana; los llama colaboradores
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Con un léxico propio, los empleados de Tarjeta Naranja hablan de colaboradores en vez de trabajadores; comercios amigos en vez de asociados, y al número uno de la empresa le dicen el jefe.
Nada de lo que está bajo el paraguas del cordobés David Ruda está en los libros tradicionales de management. Quizá sea por eso que participa de eventos como el de TED, donde cuenta como al pasar, cómo llegó de ser profesor de educación física a el creador de Tarjeta Naranja, un plástico que se publicita como financieramente incorrecto, pero que llegó lejos por caminos alternativos. Uno, un hip hop sorpresivo en la puerta de uno de sus locales, en Córdoba. El clima festivo es una de las marcas de la compañía, aunque hoy Ruda se muestre preocupado por la situación de la Argentina.
–¿Cómo ve al país en el mediano y largo plazo?
–El país necesita recuperarse. Hay situaciones de violencia que desconocíamos. Hay necesidades angustiantes en mucha gente. Lo que añoramos es que haya una puesta sobre la mesa de planes de futuro y que la gente elija. Es importante que la gente se convierta en juez de quienes nos dirijan, sean quienes sean, para que cumplan o hagan cumplir las cosas que prometen en una plataforma. La Argentina que sueño es la que tiene trenes para llevar la mercadería por todo el país y más puertos para exportar los productos que se fabrican. Pero las fábricas solas tampoco nos sirven porque ahí tienen que ir personas educadas por escuelas estatales o privadas que tengan buenos maestros, que estén bien capacitados, con una vida económica estable y a partir de eso generar una población apta para trabajar, que disfrute del trabajo y de los bienes que el trabajo le va a dar. Creo que hay que empezar por las escuelas, por la educación. Los maestros no pueden ni deben ganar mal, deben poder vivir dignamente, capacitarse y leer libros que compren con su propio dinero. Hay que volver a recuperar los valores del maestro. En muchos lugares del mundo el maestro es un doctor, se lo trata con respeto y consideración.
–¿Cuánta gente trabaja?
–Unas 4200 personas, que en general entran con 20 años y terminan sus estudios mientras trabajan.
–¿Cómo se dio el cambio, de profesor de educación física al creador de Tarjeta Naranja?
–El proceso llevó hasta el día de hoy, 57 años. De la educación física pasamos a tener una casa de deportes con Gerardo Asrin. Empezamos consiguiendo en Buenos Aires materiales para equipar las escuelas de Córdoba en materia deportiva: colchonetas, pelotas, etcétera. Nos daban mercadería en consignación. Así empezó y el negocio que comenzó a multiplicarse también con libros de educación física. Fuimos los primeros clientes de Adidas en Córdoba. Pedimos 12 pares de zapatillas: 4 del artículo 303, blancas con tiras celestes; 4 del 302, blancas con tiras rojas, y 4 del 301, blancas con tiras negras. Con el tiempo, 15 años después, vendíamos 17.000 pares por mes en 7 sucursales.
–¿Cómo nació la tarjeta?
–Empezó como una cartulina de identificación. Una juguetería, La Naranja Mecánica, nos vino a hablar. Quedamos en que les pasábamos los clientes: Vos les vendés, yo te cobro una comisión y te pago. Me quedo con esa utilidad y nos hacemos cargo de la morosidad. Así empezó, sumamos más y terminamos con mil comercios amigos en todo el país. Hoy Tarjeta Naranja es la principal vendedora de plásticos del país, hay 2.500.000 resúmenes mensuales y con los adicionales, unas 5.000.000.
–¿Cómo motiva a los colaboradores?
–Hacemos muchas cosas. Escribo editoriales en las comunicaciones internas. Visito sucursales, charlo con ellos. Me escriben a mi casilla y yo les contesto a todos. El 80% me dice que se siente feliz en Naranja.
–¿En qué etapa está el desembarco en Capital?
–Está bien, aunque ahora está un poco frenado. Teníamos alquilado un hermoso local en el Centro y lo tuvimos que dejar porque había que tomar 60 personas más. Cuando la situación cambie nos venimos con todo.
–¿Podría darse una situación similar a la de 2002 cuando, con acuerdo con los trabajadores, se bajaron los sueldos, pero no se despidió a nadie?
–La situación no es igual a la de 2001. Entonces se dio un cambio muy abrupto. Esto es un proceso que se viene desgastando. El acuerdo de 2001 fue muy bueno, pero lo de hoy no pasa por ahí, sino por la inflación. A la gente no le alcanza. Si llegara el momento trataríamos de llegar a un acuerdo como ya lo hicimos, y que entre todos pensemos en un futuro en conjunto.
–¿Recuerda alguna anécdota en especial, de las tantas que tiene?
–La última es la más linda, porque estuvimos con Lionel Messi en Ezeiza, para que él grabe nuestra publicidad junto a Gonzalo Iguaín y Ángel Di María. Somos sponsors de la selección nacional. El equipo de marketing se conectó con el papá de Messi, que es su manager, para ver qué podíamos hacer juntos. Tenemos un programa que es Un gol, un potrero, como una colaboración con la gente. A don Jorge le gustó hacer algo con la fundación Messi y este programa de los potreros. Salió la idea de hacer una publicidad hablando de esto. Con el primer gol donamos 100 potreros.
–Todo vuelve al primer amor, en este caso el deporte.
–Es cierto. Estuvimos con Messi y el día que se hizo la filmación quise cumplir con un sueño y le dije: Quiero que me des un abrazo. Es un gran chico.





