
De la crisis sólo se sale invirtiendo, dice el presidente de Aluar
Cree útil aunar esfuerzos con el Estado
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El presidente de Aluar, Javier Madanes Quintanilla, sostuvo que el futuro de la Argentina pasa por "encontrar un modelo de inversión" que combine los esfuerzos del sector público con los del privado.
El titular de la compañía que la semana pasada anunció la puesta en marcha de las obras de ampliación de su planta de Puerto Madryn por $ 2000 millones dijo que su objetivo es pasar de una producción actual de 272.000 toneladas anuales de aluminio a 400.000 toneladas en 2007, para lo cual ya se aseguró la provisión de gas, uno de sus principales insumos, por los próximos veinte años, por parte de las petroleras Pan American Energy y Repsol YPF, en un contrato que cuenta con la particularidad de haber sido impulsado por el Gobierno.
"No bien se concluyó la primera ampliación de nuestra planta de Puerto Madryn, en 2000, iniciamos este nuevo proyecto, y ahora finalmente hemos podido atar todas las variables que nos permiten llevar adelante la inversión", explicó Madanes Quintanilla, que recibió a LA NACION para dar a conocer algunos detalles del mayor proyecto de inversión anunciado este año, que cuenta con el apoyo del Estado nacional a través del programa que incluye la devolución anticipada del IVA y la amortización acelerada de la inversión. Aluar exporta el 65 por ciento de su producción.
-¿Qué papel cumplió la negociación de la deuda pública en la puesta en marcha del proyecto?
-No tengo la menor idea acerca de en qué instancia está la negociación de la deuda. La mejor ayuda que puede dar el sector privado en este tema es opinar lo menos posible. En estos temas se necesita una conducción fuerte, y si cada uno quiere coconducir lo que se hace es enredar más las cosas. El Estado tiene la responsabilidad de encontrar una solución al default, y cuanto antes se resuelva mejor, porque dificulta la situación de todos.
-¿Cuál es la lectura que hace del papel del Gobierno y la marcha de la economía?
-El Gobierno tuvo que entrar en un momento sumamente complejo para la Argentina. Para el futuro, yo lo único que siempre repito es que de esto se sale invirtiendo, tanto desde el sector privado como desde el público. Estoy convencido de que si no se invierte vamos a volver a tener problemas, y al menos en nuestro caso estamos poniendo nuestro granito de arena con este proyecto. Ahora es importante que la sociedad en su conjunto se mentalice con este tema de las inversiones, y el gran desafío que tenemos como país es encontrar un modelo de inversión privada y pública.
-¿El tema del gas venía demorando la implementación de su inversión?
-No, son muchas variables las que hay que cerrar en una inversión de este tipo: desde la energética hasta la relación con el Estado y la planificación financiera, que en una inversión de este nivel no es un tema menor. Lo que nos aseguramos a partir de este acuerdo es la provisión de energía por parte de Pan American Energy y el back up por parte de Repsol YPF para llevar adelante la ampliación de la planta de Madryn.
-¿Qué papel cumplió el Gobierno en la negociación? ¿Fue el mediador?
-Si uno entiende que por mediar es que hubo una intervención oficial, metiéndose en un contrato entre privados, el Gobierno no medió. De hecho, no participó en ninguna reunión ni hizo ninguna sugerencia respecto de los términos comerciales del acuerdo. Lo que sí hizo, y esto es concreto, fue mostrar interés porque el proyecto siguiera adelante y preocupación por las demoras que percibía en la firma de un contrato de provisión de energía. Nos mostró a nosotros su interés y tenemos entendido que también se lo expresó a las partes energéticas involucradas, y dinamizó, por llamarlo de una manera, este acuerdo. Pero era un acuerdo al que igual se hubiera llegado, más tarde, probablemente.
-¿El Estado se comprometió en algo con las petroleras?
-No creo que haya habido ningún tipo de concesión. Es cierto que éste es un momento delicado, pero se trata de un buen negocio para la empresa que vende el gas. La particularidad que tiene la producción de aluminio es que se trata de una planta que funciona todo el año a toda hora, lo que lo vuelve un negocio atractivo para una empresa gasífera.
-Y si es un negocio tan atractivo para la empresa proveedora, ¿por qué tuvo que participar el Estado para asegurar la provisión de gas?
-El Estado no se metió para asegurar nada. Lo que hizo fue expresar su preocupación porque nosotros no habíamos llegado a un acuerdo, pero ni siquiera se enteró de los términos comerciales del mismo.
-¿Cómo es la ingeniería financiera del proyecto?
-Cuando comenzamos, conseguir una línea de financiamiento era algo relativamente simple, pero a partir de 2001 las cosas cambiaron. A pesar de la crisis, nosotros nunca dejamos de tener ofrecimientos de crédito. Todavía no tenemos cerrada ninguna operación, pero ya hay conversaciones iniciadas y creemos que no vamos a tener problema en este sentido.
-La empresa también tiene un proyecto de inversión en la provincia de Santa Cruz...
-En la ciudad de Puerto Santa Cruz estamos analizando la posibilidad de repetir un proyecto similar al de Puerto Madryn. En la década del 70, Madryn tenía 6000 habitantes, y hoy tiene 70.000. Hubo un crecimiento importante que generó muchas fuentes de trabajo, a partir de que se trataba de un lugar estratégico que combinaba un puerto de aguas profundas con la posibilidad de llegar con dos líneas de generación eléctrica desde la Cordillera. Y ahora se quiere repetir este modelo en Puerto Santa Cruz, que ofrece condiciones muy similares.
-¿No hay peligro de que el proyecto termine como las fábricas de zapatillas que en los 90 se levantaban en Anillaco, cuando era presidente Carlos Menem?
-Hay un interés de la provincia de Santa Cruz, a partir de que ven lo que se hizo en Chubut. En este tipo de proyectos hay mucho trabajo puesto, no sólo capital económico. Hay toda una sociedad que se vincula con un proyecto, que no va a desaparecer de la noche a la mañana, porque no se trata de una conveniencia momentánea ni está basada en ningún tipo de prebenda. Además, en el caso de una fábrica de zapatillas la empresa va por un tipo de beneficio impositivo. En cambio, acá el río Santa Cruz genera energía y lo que hace la planta es transformar esa energía, dando valor agregado para producir aluminio.




