
Después de 19 meses de subas, la mora de las familias empezó a ceder
Según un procesamiento de la consultora 1816, la mora total del sector privado bajó de 7,7% a 7,6% en junio y la de las familias, de 12,8% a 12,7%; es la primera caída desde octubre de 2024, aunque el crédito al consumo todavía no logra abaratarse
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Después de año y medio de subas ininterrumpidas, la morosidad de las familias argentinas dejó de crecer en junio. Es una buena noticia para un sistema financiero que viene de una escalada sin precedentes desde 2004, pero el dato, por sí solo, todavía no alcanza para que el crédito vuelva con fuerza al consumo. La mora sigue en niveles altos y los bancos mantienen la cautela a la hora de prestarles a los hogares.
Según el procesamiento mensual que hace la consultora 1816 sobre la Central de Deudores del Banco Central (Cendeu), la mora total del sector privado no financiero bajó de 7,7% en mayo a 7,6% en junio. La de las familias retrocedió de 12,8% a 12,7%, mientras que la de las empresas se mantuvo sin cambios en 3,5%. Es la primera baja después de 19 subas mensuales consecutivas. La irregularidad venía aumentando sin pausa desde octubre de 2024, cuando la mora total era de apenas 1,5%, la de familias, 2,5%, y la de empresas, 0,7%.

El repunte del crédito privado —que saltó del 4% al 12% del PBI entre 2024 y 2025— fue uno de los motores de la reactivación económica, pero también dejó una cartera de deudores mucho más expuesta, en un contexto de tasas que subieron con fuerza antes de las elecciones legislativas pasadas y de un sistema financiero que, según reconoció el propio presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, había otorgado esa primera ola de préstamos “de alguna manera, a ciegas”.
Según 1816, la desaceleración de junio se explica tanto por un menor ritmo de crecimiento del saldo en mora como por un aumento en términos reales del saldo total de financiaciones, lo que mejora el ratio entre ambas variables. A eso se sumó un fenómeno inédito en años recientes. Las refinanciaciones de los bancos al sector privado treparon a un récord en junio, con un saldo refinanciado que representó el 3,4% del crédito total a las familias y el 0,7% del crédito a las empresas. Esa estrategia de renegociar plazos y ofrecer meses de gracia, antes que ejecutar a los deudores, es la misma que los bancos vienen aplicando desde comienzos de año y que, según la consultora, contribuyó a frenar la suba de la irregularidad.
La mejora, sin embargo, tiene matices que hacen difícil descartar un nuevo repunte en el tercer trimestre. La morosidad continuó subiendo en 18 de las 30 principales entidades financieras, y en el segmento de préstamos otorgados por entidades no bancarias a familias —la llamada banca en la sombra— siguió en aumento hasta el 33%, más de dos veces y media la de los bancos regulados. Además, aunque mejoró el ritmo de crecimiento nominal de los préstamos en junio y julio, los saldos siguen expandiéndose en términos reales a un ritmo apenas marginal.

Ese freno del crédito a las familias es, en parte, el reverso de lo que ya viene ocurriendo con las tasas de interés. Mientras el costo del financiamiento a empresas se derrumbó este año de niveles de entre 50% y 75% a valores de entre 25% y 35%, el de los préstamos personales apenas cedió de 68% a comienzos de año a alrededor de 65% en julio. En el sector financiero explican esa brecha, precisamente, por el riesgo de incumplimiento que todavía representan los hogares.
Comparación con otros países
En la comparación internacional, la Argentina se ubica en un lugar incómodo. De 98 países con un PBI de al menos US$20.000 millones que reportan datos de morosidad en 2024 o 2025, el país ocupa el puesto 12 con mayor irregularidad crediticia, y ninguno de los 11 que lo superan tiene una economía de un tamaño comparable. La contracara es que el sistema financiero local también constituyó previsiones elevadas. Según destacó el BCRA en su último Informe de Estabilidad Financiera, el crédito irregular neto de previsiones representó apenas el 1,4% de la responsabilidad patrimonial computable del sistema en abril, muy por debajo de la mediana internacional, de 6,5%.
Con este panorama, en el sector bancario descartan que se trate de un problema de sobreendeudamiento masivo —la Argentina, con un stock de crédito privado equivalente al 12% del PBI, sigue teniendo un mercado chico frente al más de 60% que exhiben países como Chile o Brasil— y proyectan que una nueva expansión del crédito recién podría darse hacia 2027 y 2028, de manera gradual. Para que eso ocurra antes, coinciden, hace falta la misma combinación que citan los analistas para casi cualquier variable de la economía real: que la inflación siga bajando y que la actividad económica vuelva a crecer con más fuerza.


