
Cómo el Gobierno le está torciendo el brazo al dólar
El salto exportador de la minería y la energía, junto con el agro y el regreso del crédito privado, permitieron reducir la volatilidad cambiaria; los desafíos pendientes
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El Gobierno busca darle el brazo a torcer al dólar. El agro, la minería y la energía se convirtieron en las “estrellas” de este nuevo modelo económico y marcan máximos históricos en exportaciones, mientras que el mercado de capitales acompaña ese optimismo que hay con la Argentina, con récord de colocaciones por parte de las compañías y las provincias. Con ese escenario de fondo, desde que arrancó el año, el Banco Central (BCRA) compró unos US$14.230 millones y el peso argentino se apreció mes a mes.
Desde La Libertad Avanza apuestan a que la Argentina pueda generar, atraer y financiar suficientes dólares como para que la divisa deje de ser el techo contra el que choca la economía cada vez que intenta crecer. En esa ecuación, el oficialismo busca no solo que se exporte cada vez más, sino que también el sector privado invierta en el país y que el ahorro —argentino o extranjero— encuentre un lugar dentro de la economía en vez de terminar fuera del sistema.
“Hasta hace dos años y medio nos comieron el cerebro a todos los argentinos con el concepto de la restricción externa, que no había dólares. No es que no había dólares, sino que no dejabas surgir a las industrias generadoras de dólares”, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, durante un evento organizado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
Un ejemplo que repiten una y otra vez desde el Gobierno es el de la minería, un sector que generó US$4742 millones durante el primer semestre del año. Se trata del mayor número que se tenga registro y, a modo de comparación, representa un 75% más frente al mismo período de 2025 y del 156% respecto de 2024. La minería explicó así casi 10% de las exportaciones argentinas durante los primeros seis meses del año, de acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.

El fenómeno no se limita al volumen exportado. La inversión extranjera directa (IED) en minería también alcanzó niveles récord. Según datos del Banco Central, el stock de IED del sector llegó a US$24.849 millones en marzo de 2026, frente a US$12.402 millones dos años antes. Y durante el primer trimestre del año ingresaron US$2.799 millones netos de inversión extranjera directa en minería, el registro trimestral más alto de toda la serie.
El campo, que durante décadas fue el gran generador de divisas de la Argentina, liquidó hasta agosto unos US$19.048 millones. Se trató de un 12% más que el promedio 2008-2025, de acuerdo con datos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA). En tanto, el sector energético, que el Gobierno promete que se convertirá en “un campo más” por la cantidad de dólares que atraerá, tuvo un superávit de US$6987 millones el primer semestre. Fue la cifra más alta de la historia del país para ese período y marca un fuerte contraste frente al déficit comercial de US$4300 millones que había cuatro años atrás.
“Sin duda es una buena noticia y reduce la vulnerabilidad externa, pero no diría que la restricción externa desapareció. En los últimos años, el problema no vino tanto por la cantidad de dólares que generaba la cuenta corriente, sino por la cuenta financiera: la Argentina quedó durante mucho tiempo prácticamente fuera de los mercados internacionales, con muy poca capacidad de refinanciar vencimientos, especialmente del sector público y, en menor medida, también del privado. El Gobierno mejoró mucho la disponibilidad de divisas, pero todavía no terminó de normalizar el acceso al crédito externo y la posibilidad de renovar deuda de manera sostenida”, reflexionó Juan Pablo Ronderos, socio de la consultora MAP Latam.
Pero la mayor disponibilidad de dólares sí ayudó a mantener la estabilidad cambiaria. Una dinámica que no se dio únicamente por el crecimiento de las exportaciones, sino también por el aumento del financiamiento a través del mercado de capitales: las emisiones primarias de obligaciones negociables y fideicomisos financieros superaron los US$10.700 millones (medido al dólar contado con liqui) durante los primeros seis meses del año. En este caso, se trató del mejor semestre de la serie histórica iniciada en 2015, de acuerdo con un informe elaborado por el equipo de Deals de PwC Argentina.

“Son momentos de mercado y, justamente, ahora es un buen momento. El dólar está relativamente estable; hay exportaciones récord en agro, petróleo, minería; la inflación, uno de los valores más bajos del último tiempo. El panorama es bastante positivo para los inversores y los empresarios, con una perspectiva buena a mediano y largo plazo. Puede que muchos aprovechen a emitir ahora, porque las elecciones del año que viene seguramente generen algún tipo de impacto, pero las colocaciones que salieron tienen plazos a largo plazo”, sumó Juan Tripier, director de Deals Advisory de PwC Argentina.
Este aluvión de divisas permitió que el Banco Central comprara divisas prácticamente todos los días, por lo que acumula un saldo positivo de unos US$14.230 millones en nueve meses. Esta cifra está dentro de la meta de acumulación de reservas que se había propuesto el Gobierno el año pasado, de entre US$10.000 millones y US$17.000 millones. En paralelo, el dólar oficial minorista se mantiene estable a $1530 y acumula una suba del 3,4% en el año. En comparación, la inflación acumulada fue del 21,3% hasta agosto, por lo que el peso se apreció en términos reales.
“Esta estabilidad cambiaria se debió, en parte, a que la marcada estacionalidad agrícola también se alteró, lo cual se traduce en un flujo algo más estable de oferta de divisas. Pero también al resultado de lograr flujos de oferta neta de divisas que se asocian al endeudamiento del sector privado que se expanden en los sectores estratégicos. Y a una política monetaria y fiscal prudentes. La combinación de elementos hizo que la incipiente turbulencia cambiaria de julio haya quedado atrás”, dijo Fernando Baer, economista de Quantum Finanzas.
Sin embargo, para el analista es “prematuro” pensar que la Argentina está dejando atrás los fantasmas de la restricción externa, que derivó en múltiples crisis locales. Si bien la combinación de equilibrio fiscal, control monetario y recursos naturales que hoy el mundo demanda es parte de ese cambio de paradigma, hace falta que sigan las decisiones de política “inteligentes y su continuidad”. “En la medida en que esto se logre consolidar, la preferencia por ahorrar en dólares, sobre todo en período de alta incertidumbre electoral, se reducirá. Pero el camino es largo”, agregó.

Una mirada similar compartió Ronderos, sobre todo cuando las elecciones presidenciales de 2027 se acercan en el calendario. “Todo esto no quiere decir que el mercado cambiario haya dejado de tener volatilidad. Puede haber períodos de mayor demanda de cobertura —por ejemplo, ante ruido político, electoral o financiero—, pero hoy existe un flujo de dólares más diversificado que en otros momentos. La pregunta hacia adelante es cuánto de esa mayor oferta es estructural y cuánto depende de condiciones financieras favorables. Cuanto más permanentes sean los ingresos, menor debería ser la sensibilidad del tipo de cambio a episodios puntuales de incertidumbre”, completó.
Para Martín Kalos, director de Epyca Consultora, hoy la escasez de dólares no es un problema en la Argentina. Los dólares de las exportaciones alcanzan a cubrir las necesidades financieras, de compra de dólares para atesoramiento o de importaciones. Pero también, según agregó, se debe a que hay una demanda de dólares contraída por la depresión económica y del mercado interno que se mantiene.
“Nadie espera que el dólar se le escape al Gobierno en la previa a las elecciones y que haya una devaluación. Tenemos varios meses por delante donde el problema es la contracción económica y el impacto que esto tiene en la falta de perspectiva de mejora de las condiciones de vida o de producción de las empresas. Porque la economía real no se mueve en dólares, mayoritariamente, más allá de algunos mercados que están dolarizados, como el inmobiliario, el de vehículos o algo de construcción. Pero el problema es que tampoco hay movimiento en la economía de pesos”, cerró.
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