
Dura reacción de los mercados por el triunfo de Lula en Brasil: las acciones que más se desplomaron y el impacto en el real
La Bolsa de San Pablo suspendió las operaciones durante 30 minutos ante una caída del 10%; el real se depreció con fuerza y los inversores desarmaron sus apuestas tras la reelección del presidente brasileño
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“Es un lunes negro”, resume un operador bursátil que confiesa que no puede dejar de mirar la pantalla, teñida de rojo. Como él, muchos habían apostado por una victoria de Flavio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil. Fue un mes de extrema volatilidad, que comenzó con la sorpresa del candidato del Partido Liberal en la primera vuelta y terminó con otro resultado que también tomó desprevenidos a los inversores: pocos esperaban que Lula pudiera revertir la elección.
El Ibovespa comenzó la jornada con una caída del 10%, que activó el mecanismo de suspensión de operaciones durante 30 minutos, algo que no ocurría desde marzo de 2020, cuando estalló la pandemia. Al reanudarse las negociaciones, el derrumbe se profundizó y llegó a superar el 17%. Detrás de la reacción aparece una preocupación que atraviesa al mercado brasileño: el elevado endeudamiento público. Los inversores habían asociado una eventual presidencia de Flavio Bolsonaro con un ajuste fiscal. Ahora, con Lula nuevamente en el poder, todas las miradas se concentran en una decisión todavía pendiente: quién será su ministro de Hacienda.
La magnitud del desplome obligó a la Bolsa de San Pablo a activar el denominado circuit breaker, un mecanismo de emergencia diseñado para frenar temporalmente las negociaciones cuando los precios registran movimientos extraordinarios. La interrupción alcanzó a las acciones, los fondos cotizados y otros instrumentos financieros.

La suspensión comenzó durante la apertura del mercado. La B3, empresa que administra la Bolsa brasileña, dispuso una pausa de media hora y programó la reanudación mediante un sistema de subasta entre las 10.30 y las 10.35. Finalmente, las operaciones se retomaron a las 10.38, pero la reapertura no consiguió detener las ventas.
Por el contrario, el Ibovespa profundizó las pérdidas. A las 10.46, el principal indicador bursátil de Brasil retrocedía 16,88%, hasta los 170.431 puntos. Posteriormente llegó a tocar un mínimo de 169.516 unidades, antes de moderar parcialmente el descenso. Cerca de las 11, la caída rondaba el 16%.
La dimensión del movimiento se aprecia mejor al compararlo con el cierre del viernes, cuando el índice había terminado en 205.088 puntos. En apenas una mañana, el mercado brasileño llegó a perder más de 35.000 puntos. La victoria de Lula borró de golpe buena parte del entusiasmo que había acompañado las semanas anteriores.
El mecanismo de emergencia tiene distintos niveles. Una caída del 10% obliga a interrumpir las negociaciones durante media hora. Si, después de la reapertura, el retroceso alcanza el 15%, corresponde una segunda suspensión, esta vez de una hora. Ante una pérdida del 20%, la B3 puede disponer una nueva interrupción por el tiempo que considere necesario.
La última vez que la Bolsa brasileña había tenido que recurrir a esta herramienta fue en marzo de 2020, durante el comienzo de la pandemia. Antes había sido utilizada en episodios de crisis internacionales, como el derrumbe de los mercados asiáticos de 1997 y la crisis financiera global de 2008. Su regreso, más de seis años después, da una medida de la reacción que provocó el resultado electoral.
El desplome no se limitó a San Pablo. En Wall Street, donde las principales compañías brasileñas también cotizan mediante certificados conocidos como ADR, los inversores comenzaron a desprenderse de sus posiciones. Petrobras, Itaú y Bradesco registraron caídas superiores al 20% en las operaciones previas a la apertura del mercado estadounidense.
El movimiento también alcanzó al EWZ, el fondo cotizado que replica el comportamiento de una cartera de acciones brasileñas y que funciona como uno de los principales vehículos de inversión internacional en ese mercado. Antes de la apertura de Wall Street, el instrumento llegó a registrar pérdidas superiores al 26%, según los datos difundidos por la prensa financiera brasileña.

En el mercado cambiario, la reacción fue igualmente contundente. El dólar llegó a superar los 5,60 reales, con una apreciación superior al 12% frente a la moneda brasileña. La magnitud de la variación obligó a la B3 a ampliar los límites de oscilación permitidos para determinados contratos futuros.
El otro frente de preocupación apareció en las tasas de interés. Los contratos futuros registraron fuertes subas, una señal de que los inversores comenzaron a exigir mayores rendimientos para financiarse en moneda brasileña. Ese movimiento encarece el crédito y puede complicar las perspectivas de actividad económica.
La tensión también alcanzó al Tesoro Nacional, que decidió cancelar las subastas de títulos públicos a tasa fija y ajustados por inflación previstas para esta semana. La medida buscó evitar nuevas colocaciones en medio de un mercado particularmente inestable.
Entre las empresas más castigadas aparecieron las vinculadas al consumo interno y a la construcción. Las acciones de C&A llegaron a desplomarse un 50%, mientras que otras compañías del sector inmobiliario sufrieron pérdidas superiores al 40%. Son actividades especialmente sensibles a las expectativas sobre las tasas de interés y la evolución de la economía.
El contraste con lo ocurrido después de la primera vuelta resulta llamativo. Cuando Flavio Bolsonaro terminó por delante de Lula, el Ibovespa llegó a registrar una suba del 7,7% en una sola jornada. La posibilidad de un cambio político había impulsado a los bancos, las empresas de consumo y las compañías más expuestas al mercado doméstico.
Durante las semanas siguientes, esa expectativa alimentó una recuperación que llevó al índice a superar por primera vez la barrera de los 200.000 puntos. El mercado había comenzado a incorporar en los precios la posibilidad de una política fiscal más restrictiva y de un cambio en la orientación económica del gobierno.
La segunda vuelta alteró ese escenario. Lula obtuvo un 51,77% de los votos válidos frente al 48,23% de Flavio Bolsonaro y consiguió un cuarto mandato presidencial. El resultado no solo contradijo las apuestas predominantes entre los inversores: también convirtió al mandatario en el primer candidato brasileño que logró revertir una derrota en la primera vuelta.
Ahora la atención se traslada desde las urnas hacia las primeras definiciones económicas. El nombre del futuro ministro de Hacienda, la orientación de la política fiscal y las señales sobre el gasto público serán determinantes para establecer si el derrumbe representa una reacción inicial de los mercados o el comienzo de un período más prolongado de incertidumbre.




