
El abuelo Quique y su enseñanza a los selectores de personal
Han pasado siete días de la finalización del Mundial de fútbol, por lo que es de esperar que las pasiones desatadas vayan volviendo a un cauce más racional. Removiendo los escombros, quedan algunos hechos significantes, extrafutbolísticos, que son posibles de reciclar para entender los fenómenos organizacionales. Uno de ellos, recogido en estas mismas páginas, fue el rapidísimo ascenso y descenso de Axelle Despiegelaere, la fugaz modelo belga de 17 años, contratada por L’Oréal y descartada al descubrirse que en su Facebook se mostraba orgullosa de matar un animal con un rifle. Trajo la reflexión y análisis de cómo se viraliza la información, tanto personal como empresaria, y su influencia en los consumidores. Otro hecho, tanto o más complejo, es lo que podríamos llamar el caso del abuelo Quique.
Carlos Alberto Dománico es un señor mayor que protagonizó un corto publicitario sobre los beneficios jubilatorios de la Anses actual, con frecuentes apariciones en los intervalos de los partidos que transmitía la televisión pública. A partir de una investigación periodística sale a la luz que el señor Dománico había intervenido en películas triple X, hace catorce años. El spot se levantó, pero no quedó claro si fue una decisión puramente comercial o por el escándalo que provocó el hecho de saber que ese personaje bonachón que compartía el entusiasmo mundialista con su nieto, era la misma persona que había aparecido en un film pornográfico.
Adviértase que, hasta aquí, el señor Dománico no ha sido nombrado como actor, porque tal denominación modificaría radicalmente el enfoque. Tiene que ver con los criterios de selección de personal. ¿Hasta qué punto las acciones del pasado deben influir en la inclusión o exclusión de una persona para ocupar un puesto?
Responder esta pregunta no es sencillo, porque compromete a una visión condicionada sobre la vida de los seres humanos. Define si la historia de cada uno es una repetición permanente o bien fluye con cambios, tanto moderados como profundos.
Y en este punto se abren dos caminos. Uno es repasar la propia vida y a partir de allí, estar abierto a que a todos les puede pasar lo mismo. Si se encuentra que hubo cambios, por necesidades coyunturales, pasiones, entusiasmos, en suma, laberintos resueltos de la manera que se pudo, podrá entenderse que hay que desechar el pasado como la medida de todos los comportamientos futuros.
La otra vía es esperar de los otros lo que uno considera lo correcto poniendo un velo sobre las propias acciones, que tal vez no siempre se ajustaron a aquella pauta.
Todas estas cuestiones rodean a un hecho aparentemente simple y técnicamente superable, como es la selección de personal.
Entonces volvamos al señor Dománico, actor, y preguntémonos si hemos de juzgarlo negativamente por su participación como tal en un film pornográfico. En otras palabras, por su pasado como actor.
Paradójicamente, los comentarios que rodearon al descubrimiento son más obscenos que cualquier película triple X.
En el ejercicio de una profesión, cualquiera que sea ésta, no siempre se puede elegir. "La vida es una obra de teatro que no permite ensayos…", pertenece a un poema de Charles Chaplin. Vale repasarlo en estos casos.




