El bitcoin: nueve páginas que iniciaron una revolución virtual

Javier Finkman
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7 de diciembre de 2014  

En 2008, ella, él o ellos (aún no lo sabemos) pero alguien con el seudónimo de Satoshi Nakamoto publicó un documento titulado "Bitcoin: un sistema de dinero electrónico de usuario a usuario". Nueve páginas con ocho referencias bibliográficas revolucionaron el mundo de las monedas virtuales. En 2009, se distribuyó el primer software abierto y nació el bitcoin. Pura información virtual. Sólo ceros y unos. Bits. Sin Estado, sin casa de la moneda que imprima billetes o acuñe monedas, sin capacidad de cobrar impuestos, sin ejército ni policía. Y aun así, ¿moneda?

Los medios de pago electrónico no son una novedad. Cada vez más, las transacciones se realizan en forma virtual: el home banking, los sistemas de pagos online como el Pay Pal son ya parte de nuestra realidad. Quizá con menos conciencia de su carácter transformador, ya hace un tiempo que empezamos a utilizar monedas digitales o virtuales. Cuando acumulamos millas en una línea aérea, puntos en un supermercado, fichas en un casino o, en general, derechos en un esquema de recompensas, usamos monedas virtuales.

El pago electrónico y el dinero digital son cosas diferentes. La moneda digital, o virtual, es una unidad de cuenta (una forma de medir) que no tiene estatus legal ni contraparte física. No hay un Estado que la emita o un billete físico que la represente. El pago electrónico es una transacción virtual de una moneda que tiene estatus legal y existencia física.

Los programas de recompensas no son monedas plenas. Sólo pueden canjearse por una canasta acotada de bienes y servicios. Es cierto que en el caso de las millas hay un mercado negro en el cual pueden convertirse en efectivo, pero sólo a tasas de descuento muy altas que reflejan, justamente, iliquidez. O, en jerga de economista, el problema de las monedas virtuales hasta hace poco era que no tenían poder generalizado de compra.

Poder generalizado de compra, de eso se trata el dinero. Un viejo refrán anónimo que iniciaba un capítulo del popular libro de introducción a la economía de Samuelson decía: "No se puede enseñar a un loro a ser economista simplemente enseñándole a repetir «oferta» y «demanda»". Exagerando, pero sólo un poco, se es un buen economista cuando se entiende el rol del dinero como poder generalizado de compra. Dejando de lado el problema de las economías con inflación, una de las características esenciales del dinero es que permite demorar decisiones de consumo y mantener la capacidad de comprar cualquier cosa, en cualquier momento y en cualquier lugar sin descuento.

Hay que enfatizarlo. Detrás del bitcoin no hay un Estado o un banco, sino los usuarios finales. Es un sistema de usuario a usuario, la privatización de la moneda, si alguna vez el bitcoin fuera a reemplazar a las monedas de estatus legal.

En cinco años la penetración del bitcoin fue fenomenal y, aunque existen otras monedas virtuales, la dominación del bitcoin es total. Al momento de escribir este artículo, hay poco más de 13,5 millones en circulación con un valor de mercado aproximado de casi US$ 4800 millones. Ya se emitió más de 64% de la oferta total programada de bitcoins. La emisión está acotada por diseño y no pueden emitirse más de 21 millones.

El bitcoin empezó valiendo poco menos que un centavo de dólar. En los últimos 12 meses, el valor osciló entre 1200 y 330 dólares (hoy vale alrededor de 360). La moneda no tiene paridad fija contra ninguna moneda de referencia y su precio es el resultado de la oferta y la demanda. La enorme volatilidad de los bitcoins, hasta aquí, conspira contra su uso como posible sustituto de moneda.

Esta moneda virtual puede dividirse en unidades más chicas y la unidad más pequeña es un satoshi. Un bitcoin equivale a 100 millones de satoshis; un bitcoin puede dividirse hasta en ocho decimales.

¿Cómo funciona el bitcoin? Nakamoto resolvió varios de los problemas que planteaba una moneda virtual: limitar su emisión, registrar la propiedad y acumularla y un desafío todavía mayor, como registrar y verificar el pase de manos.

Para que se entienda, Rosa tiene un bitcoin y lo guarda en una "billetera" que es un archivo encriptado. Quiere transferirlo a José. ¿Cómo lo hace? La genialidad de Nakamoto fue pensar en un sistema que resuelva el problema de la verificación de la transferencia e impida la falsificación de bitcoins a la vez. Y lo hizo con un mecanismo descentralizado, justamente lo opuesto de las monedas con estatus legal, que suelen tener un ente centralizado que regula su emisión.

La idea es que en el proceso de verificación hay "mineros" que dedican recursos computacionales para resolver un problema matemático complejo. En ese proceso, el minero que tiene éxito en la resolución es recompensado con la creación de una cantidad de bitcoins. El primero que lo resuelve lo hace público y la comunidad de mineros verifica la solución (es mucho más fácil verificar una solución a un problema que resolverlo).

La historia de las transacciones se registra en una cadena o bloque llamado blockchain. Éste cumple tres funciones: certifica la existencia, registra la propiedad y verifica la transferencia. A riesgo de complicar esta historia, la verdad es que la moneda digital no es más que una cadena de firmas o certificaciones digitales.

Cada propietario de una unidad tiene dos claves, una privada y una pública. Las dos van asociadas a un mismo archivo y de su conservación depende la existencia del bitcoin. Hay servicios de almacenamiento o depósito de claves. Wenceslao Casares, emprendedor argentino conocido entre otras cosas por fundar Patagon, tiene otro emprendimiento, Xapo, que justamente provee el servicio de almacenamiento de claves privadas de bitcoins.

La creación de dinero depende de los "mineros" y sólo se crea dinero en la medida en que se verifican transacciones. El ritmo de creación de dinero es aproximadamente de 1 bitcoin cada 10 minutos aunque como el proceso de validación aumenta en complejidad, aparentemente más rápido que el aumento de los recursos de computación, la velocidad de creación se desacelera en el tiempo. El límite a emitir, 21 millones, deberían alcanzarse en 2040.

¿Puede el bitcoin sustituir a la moneda legal en el futuro? La pregunta está abierta porque, aún, no cumple con todas las funciones del dinero. Primero, su aceptación es limitada aunque hay mercados en los que se puede convertir un bitcoin en efectivo. La aceptación puede aumentar en el futuro si los grandes portales de compras y negocios lo utilizan.

Uso generalizado

Como otras monedas, podría cumplir el rol de unidad de cuenta y denominador de contratos. ¿Por qué un sitio de ventas online no cotizaría sus precios en bitcoins eventualmente?

Hay varios problemas, sin embargo. Uno, la enorme volatilidad que, hasta aquí, mostró la cotización. En los últimos 12 meses varió entre 330 y 1200 dólares, por lo que su carácter de reserva de valor está en duda. A diferencia de las monedas de estatus legal con un banco central detrás, sólo la oferta y la demanda determinan el valor del bitcoin y no hay un tercero que tenga el rol de suavizar o estabilizar sus fluctuaciones. Otro problema es que toda moneda fiduciaria descansa en el acuerdo de todos de que tiene valor. Este consenso, en el caso del bitcoin, se refleja justamente en el software abierto y los protocolos que usan para la validación de transacciones y propiedad. Pero esto depende de una comunidad relativamente pequeña y cerrada de programadores sin controles externos. ¿Acaso la gente va a terminar confiando su riqueza a una comunidad tan pequeña y difícil de monitorear?

Cuesta creer que los gobiernos van a dejar al bitcoin sin regulación a medida que su uso y tamaño sea mayor. El carácter anónimo de la tenencia de esta moneda y la posibilidad de que sea utilizada para actividades ilegales también sugieren que será regulada en el futuro. Algunos gobiernos declararon que no era una moneda y otros la consideran parte de la base imponible de algún impuesto, por ejemplo, ganancias de capital por la apreciación. También aquí cabe esperar más regulación y presión impositiva.

¿Es bitcoin una burbuja o la promesa de la moneda en algún futuro? Todavía es muy temprano para saberlo. Como se dijo, la aceptación tendría que aumentar mucho y, en cambio, la volatilidad de su precio disminuir mucho. Aun así es un desarrollo fascinante al que no hay que perderle la pista.

El autor es economista

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