El error de elegir personal por la cara
Algunos reclutadores analizan los rasgos faciales en las búsquedas laborales
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El 17 de septiembre último se celebró en Barcelona el Primer Simposio de Psicomorfología Facial. Para quienes no estén avisados de qué se trata, intentaremos ampliar el enfoque que le da sustento. Es una metodología con pretensión científica que permitiría conocer la personalidad de un individuo a través de la composición de su cara. Se aportan ejemplos: "Pómulos grandes indican que la persona posee una capacidad innata para la sociabilidad y expresión sentimental. Pero si esos pómulos están acompañados por una nariz de hueso pequeño y con orificios cerrados, la realización de ese potencial quedará frenada por la timidez y los recelos a la hora de conectar y comunicar", apunta Deogracias Mellado, uno de los precursores del método.
No es una humorada, sino algo muy serio, porque la psicomorfología facial se presenta como una técnica eficiente para seleccionar personal en las empresas. "Una de las ventajas de nuestro trabajo es que no necesitamos ver ni entrevistar al candidato. Con sólo una fotografía y una firma es suficiente", apunta Mellado, que viene asesorando a decenas de empresas españolas y multinacionales.
Este abordaje de la personalidad a través de los rasgos faciales tiene antecedentes que provienen del siglo XVIII, a través de una pseudociencia llamada fisiognomía. Más conocidos y recientes fueron los estudios de Cesare Lombroso a fines del siglo XIX, que en su Antropología criminal postuló que ciertos rasgos de la fisonomía (constitución del cráneo, forma de las orejas, arcos superciliares, etcétera) delataban la tendencia innata del delincuente. Hoy tiene vigencia la versión popular y criolla de que alguien puede ser arrestado por portación de cara.
No es la técnica en sí lo que resulta preocupante, sino que existan seguidores y creyentes. Si el procedimiento de selección a través de los rasgos faciales prosperara estaríamos construyendo una sociedad bastante desequilibrada. Seduce, sin lugar a dudas, que la foto y la firma basten para determinar la incorporación del postulante adecuado. Se evitarían las entrevistas, los tests y, muy especialmente, los costos de reclutamiento, pero es necesario preguntarse con qué validez y con qué consecuencias. Es posible imaginar que en el futuro habrá una muchedumbre marginada por sus rasgos faciales. Formarán una tribu numerosa y llegarán a procrear, replicando sus características genéticas negativas, según los parámetros establecidos por la psicomorfología, y quedarán fuera de cualquier trama social en la que predominen las organizaciones empresarias. Tal vez habrán de organizarse a su vez, establecerán nuevas coordenadas faciales para identificar a sus líderes y tomarán por asalto los lugares que les fueran negados.
Subyace, por debajo de estas fórmulas quiméricas, el deseo permanente de adivinar el futuro. En estos casos, el de un postulante. Pertenecen a la misma categoría de la quiromancia, el tarot, la astrología y otras artes adivinatorias que, en lo posible, tratan de fundamentarse a través del nombre de ciencia, palabra que aún conserva un prestigio incuestionable. Si de verdad pudiéramos saber lo que ocurrirá en el futuro, el riesgo y la incertidumbre desaparecerían por completo y el devenir de la vida sería más tranquilo, pero también bastante más aburrido. La costumbre ancestral de que una persona tome contacto con otra de su misma especie para descubrir sus posibilidades es, por ahora, irreemplazable.
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