El gusto por la comida oriental, una oportunidad para hacer negocios
Dos hermanos desarrollaron una empresa con la entrega a domicilio de sushi
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Según dicen los entendidos, una vez que se prueba sushi de buena calidad uno se convierte en adicto. Esa misma fue la experiencia que tuvo Eduardo Trosman, de 45 años, hace quince años y que lo llevó a principios de 1999 a abrir su propio negocio, junto con su hermano Norberto, de 37.
Los hermanos Trosman vieron un nicho de mercado poco explotado con respecto al sushi: la entrega a domicilio y el catering. "Hace cuatro años cuando estaba en la playa brasileña Maceió vi que los restaurantes japoneses también hacían delivery y entonces me pareció muy buena la idea de hacerlo en Buenos Aires, teniendo en cuenta que había una posibilidad en el mercado porque nadie lo estaba haciendo por aquel entonces", recordó Eduardo.
Así, luego de hacer un curso de especialización en cocina japonesa, para conocer aún más sus secretos, Eduardo se puso en contacto con su actual sushi master (profesora), Beatriz Komiyama, dueña del restaurante Furusato, con buen suceso en el barrio de San Telmo, para proponerle trabajar en el proyecto. De allí viene el nombre de este emprendimiento que ya cuenta con más de 10.000 clientes en sus tres años de vida: Sushi Furusato.
El negocio comenzó en ese momento con degustaciones entre amigos y con la atención de sus dueños, delivery incluido. Hoy ya son más de 20 las personas que están trabajando y cubren una demanda de aproximadamente "500 palitos por fin de semana". Por tratarse de comida oriental ese cálculo corresponde a los cubiertos y no a la facturación, aclaran, con ironía, ambos emprendedores.
Servicio integral
Desde el comienzo del emprendimiento, los Trosman idearon un servicio integral para que, desde su página web, el potencial cliente de Furusato aprenda desde cómo se deben tomar los palillos para comer sushi, hasta identificar el grado de picante del wasabi. La página, con su diseño a cargo de Norbeto, además muestra cómo salen las bandejas de sushi y ofrece información sobre los precios actualizados.
Para realizar la compra, el cliente debe llamar por teléfono a un número gratuito y allí se encuentra con asesores que lo orientan en caso de que no sepa qué pedir. "La gente quiere servicios y además tiene la inquietud y por eso nosotros los asesoramos", resumió Eduardo.
Este tipo de trato personalizado también se traslada al sushi, ya que cada plato se prepara en el momento y no hay nada hecho con anticipación, lo que permite que cada comensal pueda hacer una combinación a su gusto "si no le gusta el pulpo, va sin pulpo, con o sin picante", explicó Eduardo. Con una inversión de $ 250.000, desde el comienzo del emprendimiento hasta hoy, los Trosman se denominan "autodidactos", en cuanto al armado y equipamiento de Furusato, ya que readaptaron, junto con un fabricante de cajas para equipamientos médicos, los envases donde se traslada el pedido, con la medida especial de sus bandejas para que no se desarme el sushi, y diseñaron unas planchas aislantes que conservan tanto el frío como el calor.
Capacitación incluida
En Furusato, además capacitan a sus sushi men (cocineros), "llegaron a estar seis meses cortando pepinos y limones hasta aprender cómo utilizar el cuchillo", ya que según Eduardo, el pescado cortado en una veta es manteca y en otra es chicle, "entonces hacerlo bien lleva un aprendizaje, que no es sencillo". A pesar de la devaluación y la crisis económica, enero no fue malo para los Trosman, ya que tuvieron 200 clientes nuevos y pudieron absorber prácticamente todo el aumento de costos que tuvieron en sus insumos, que son importados en un 80 por ciento.
Como novedad para este año, Furusato proyecta, además de incluir nuevas variedades de platos calientes, hacer una degustación gratuita para potenciales clientes mediante la entrega de folletos, para que aquellos que no tuvieron la oportunidad lo puedan hacer sin costo, ya que según los Trosman: "El mejor pescado es el sushi".
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