
El inicio, por una llamada anónima
La AFIP empezó a investigar a una empresa que facturaba muchos servicios
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Una llamada anónima a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y un entrecruzamiento de datos sobre empresas de molienda de trigo en ese organismo de control dieron origen, en noviembre de 2005, a la investigación que 15 meses más tarde apuntó al posible pago de coimas por obras de infraestructura a funcionarios o personas vinculadas con el Gobierno.
El caso Skanska no comenzó por esta compañía multinacional sueca que intervino en la ampliación de la red del construcción del Gasoducto Norte. Apareció más tarde como una pequeña nota al pie de un texto mucho más grande que la AFIP, en su denuncia ante el juez penal tributario Javier López Biscayart, calificó de "caso poco habitual de evasión fiscal desplegado mediante una logística abrumadora (...) instrumentada por profesionales altamente calificados".
Aquel llamado anónimo obligó a entrecruzar los datos de empresas dedicadas a la molienda de trigo exentas de retenciones y percepciones del IVA que, además, no contaran con ningún empleado en relación de dependencia. Así apareció Calibán SA en primer lugar, una empresa sin empleados y que, además, gozaba de un régimen que otorga el beneficio de eximir al contribuyente de sufrir retenciones o percepciones del IVA. La sociedad se había constituido en mayo de 2001, pero que empezó a operar más tarde y el 5 de abril de 2005 se rebautizó con el nombre más decoroso de Infiniti Group.
Calibán-Infiniti no sólo no tenía empleados. Carecía también de inmuebles propios, de domicilio real comprobado y su presidente declaró que cobraba de 30 a 50 pesos por firmar documentos que dijo desconocer. Era un carpintero, un testaferro.
Pero Calibán-Infiniti operaba con más de 100 empresas clientas suyas, 20 de las cuales eran grandes contribuyentes -de primer nivel y muy conocidas- y movía montañas de documentación relacionada con tres actividades: prestación de servicios, molienda de trigo y venta de harina, e importación y exportación de productos que abarcaban desde pelotas de golf hasta repuestos para aviones.
En el mercado de cereales llegó a cargar 593 camiones con harina cuyo destino se desconoce.
En realidad, Calibán-Infiniti era un sello de goma o empresa pantalla que vendía facturas que permitían al comprador evadir el IVA o el impuesto a las ganancias, o bien documentar pagos que existieron por otros conceptos, no por los que constaban en las facturas de Infiniti.
Por ejemplo, si una empresa seria tenía que pagar favores que no podía asentar en sus libros, podía comprar facturas de Infiniti que le permitían blanquear la efectiva salida del dinero, pero no su destino real.
Es lo que habría ocurrido con Skanska.





