
El nuevo “bestiario” de la innovación: mamuts zombis y empresas “dracolich”, con el sol apagado
Varios casos de negocios en las últimas semanas llaman a romper todos los manuales conocidos de management y a encontrar nuevas taxonomías, acelerados por la IA
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En el cuarto capítulo de la primera temporada de Succession, Jeremy Strong, el actor que interpreta a Kendall Roy, el hijo mayor en la línea sucesoria, describe a su odiado padre (magnate de los medios) Logan Roy de la siguiente manera: “Es el dinosaurio que está dando su último rugido al meteorito antes de que lo aniquile”.
La caída del meteorito (y la gran extinción asociada) ya es una metáfora o lugar común para hablar de la disrupción provocada por el avance de la IA, que hace que muchas empresas y modelos de negocios queden obsoletos en tiempo récord. Compañías o fondos “zombis” (muertos en vida) es otra figura muy utilizada, al igual que el sol que se apaga (y no nos damos cuenta durante ocho minutos y 19 segundos: seguimos como si nada, cuando todo cambió abruptamente), que sugirió por primera vez hace diez años el creativo Carlos Pérez.
¿Cómo sería una empresa que sigue operando en este derrotero con una desactualización de varios órdenes de magnitud? Un dinosaurio o mamut zombi, que camina torpe, mientras cae el meteorito y el sol se apaga al mismo tiempo, metido en un negocio de Blockbuster o de Kodak. Lo más parecido a esta descripción podría ser un dracolich, un dragón esquelético del universo de los juegos de rol de Dungeons & Dragons.
La divulgación de cambio y sistemas complejos tiene una imaginación prolífica para el “bestiario de la innovación”. Están los cisnes negros de Nassim Taleb, esos episodios con impacto sistémico y a priori muy improbables en nuestra mentalidad de “distribución normal”. Pero que terminan pasando más seguido de lo que pensamos, porque la realidad se rige por una ley de potencias y no por una distribución normal, explica Taleb. En sus palabras, vivimos en “Extremistán” y no en “Mediocristán”.
En este catálogo de animales identificados con la disrupción también aparecen los “rinocerontes blancos”, promovidos por la autora y divulgadora Michelle Wucker: al contrario que los cisnes negros, a los rinocerontes “los vemos venir” a la distancia (¿Cómo pasa con la IA?). Es uno de los libros favoritos Xi Jinping, el líder chino: cuando lo mencionó en su discurso de la reunión anual del Partido Comunista de ese país, hace tres años, el ensayo de Wuckler se convirtió automáticamente en bestseller. Se lo menciona a menudo con la alusión de “hacerse cargo” de los meteoritos que se aproximan. El cisne negro, en cambio, como es completamente imprevisible, sirve como excusa en las corporaciones.
Otra bestia para la lista: en el terreno de la IA, a los empleados que aumentan su productividad por múltiplos altos se los denomina “quimeras”, como los seres mitológicos que tenían partes de distintos animales combinadas. La tecnóloga y futurista Rebeca Hwang suele hablar mucho en sus presentaciones de los bisontes: el único animal que, cuando se aproxima una tormenta fuerte, corre por instinto hacia ella y se adentra, porque sabe que es la forma en la que va a salir más rápido.
Bajando a la realidad este compendio de seres extraños y comportamientos de animales, varios casos de negocios en las últimas semanas llaman a romper todos los manuales conocidos de management y a encontrar nuevas taxonomías. Van algunos ejemplos:
Pirueta en el aire. En lo que se califica como uno de los pivoteos de negocios más extremos del año, Allbirds, la marca de zapatillas sustentables que llegó a valer US$4000 millones, vendió todo su negocio de calzado a American Exchange Group por apenas US$39 millones en marzo de 2026 y con esa plata se reconvirtió en NewBird AI, una empresa de GPU-as-a-service que alquila infraestructura de cómputo de alto rendimiento a desarrolladores de IA que enfrentan escasez de chips. La acción pegó un salto tras el anuncio, y aquí el activo valioso era estar listadas en el Nasdaq (un proceso engorroso que puede llevar varios meses) y una narrativa potente de salida.
Programadores al poder. Real Brocketarge, una empresa de IA fundada en 2015 y que cotiza en el Nasdaq, con muy pocos empleados (ni siquiera tiene oficinas propias), compró semanas atrás al gigante inmobiliario Re/MAX en US$880 millones. Es una de las formas en modelo de negocios que puede repetirse en otros rubros con la avanzada de la IA sobre modelos tradicionales.
Del K-pop a los data centers. K Wave Media es una holding de entretenimiento coreano (K-pop, K-dramas) que había anunciado un plan para acumular hasta 10.000 bitcoins. Abandonó esa estrategia por completo, liquidó todas sus tenencias de bitcoin, va a vender su subsidiaria de entretenimiento para bajar deuda y redirige hasta US$485 millones (con un socio inmobiliario, hasta US$2000 millones a dos años) a centros de datos y cómputo GPU, cambiando su nombre a Talivar Technologies. A diferencia de los otros casos, el mercado reaccionó mal: la acción cayó 24% el día del anuncio.
Traje a medida. En una línea menos radical de cambio, pero sí de estrategia que seguramente vamos a ver replicarse. Starbucks anunció que no renovaba sus contratos con proveedores de software para construir sus sistemas puertas adentro, después de gastar US$400 millones al año en soluciones de terceros. El mercado reaccionó rápido y las acciones de empresas proveedoras de estas soluciones cayeron hasta un 4% en esa misma rueda. “Es la señal más fuerte que vimos desde que OpenAI y Anthropic lanzaron sus brazos de consultoría a comienzos de año: las corporaciones más grandes del mundo dejaron de resignarse a pagar por software que no les queda a medida. Prefieren construir el traje ellos mismos”, analizó en X el programador Luke Pierce, de Boom Automations.
De camionetas eléctricas a granjas de GPU. Envirotech Vehicles (EVTV), fabricante listado en Nasdaq de camiones y vans eléctricas, cerró el 2 de julio pasado —antes de lo previsto— su fusión con Azio AI Corporation, desarrolladora de infraestructura de cómputo y centros de datos. El acuerdo, anunciado en mayo a una valuación de US$750 millones (había arrancado como una carta de intención por US$480 millones), dejó atrás el negocio de vehículos: la compañía ya firmó un contrato de US$27,9 millones en infraestructura de IA, escalable a US$100 millones, y apunta a un mercado de centros de datos que este año movería US$487.000 millones y superaría el billón en 2029. El 10 de julio, EVTV cambió su razón social a Azio AI Holdings, y el ticker pasó de EVTV a AZIO.
La pregunta que dejan flotando estos pivots extremos —de zapatillas a GPU, de inmobiliarias a algoritmos, de K-pop a bitcoins, de camiones a data centers— pasa por el timing de este proceso: si va a ser algo muy rápido, como sostienen mayoritariamente los magnates de la tecnología, o si, por el contrario, como parece ser el consenso entre economistas especializados en grandes procesos de transformación, hay fricciones que hacen que la caída del meteorito o los animales mencionados en el bestiario se muevan en cámara lenta.
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