Qué se puede aprender del piloto que aterrizó en el río Hudson

El caso del piloto que tuvo que hacer descender su avión en medio del río Hudson deja enseñanzas en materia de conducción corporativa
Eugenio Andrés Marchiori
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7 de septiembre de 2019  

El avión de US Airways acuatizó sin víctimas en el río Hudson
El avión de US Airways acuatizó sin víctimas en el río Hudson Fuente: LA NACION

"Habla el capitán. ¡Inclínense para el impacto!", les ordenó Sully Sullenberger -comandante del vuelo 1549 de US Airways- a los 150 pasajeros del Airbus 320 pocos segundos antes de acuatizar sobre el río Hudson en Nueva York. El vuelo había partido cinco minutos antes del aeropuerto de La Guardia y, mientas volaba a una altura de novecientos sesenta metros y a una velocidad de trescientos setenta kilómetros por hora, una bandada de gansos canadienses golpeó la parte inferior del avión y destruyó sus dos motores que se detuvieron de inmediato. En los tres minutos que siguieron, el equipo comandado por Sully logró salvar a las 155 personas (incluyendo a la tripulación) que viajaban en la aeronave. A poco más de cumplirse diez años de ocurrido, el "Milagro del Hudson" sigue teniendo valiosas lecciones de liderazgo sobre cómo enfrentar una crisis sorpresiva.

En el momento del accidente, Chesley "Sully" Sullenberger tenía 58 años y había comenzado a volar por sí solo a los 16. En su libro Highest Duty (El deber más alto), explicaba que su viaje al río Hudson no había empezado ese día en el aeropuerto de La Guardia, sino décadas antes en el aeródromo de Tejas, en el que voló por primera vez. En esa época, un pequeño avión de fumigación cayó cerca de la pista al tratar de esquivar unos cables de alta tensión. Sully estudió lo que había ocurrido en el mismo lugar e inspeccionó la cabina para tratar de revivir los momentos anteriores a la caída. Según explicaba: "Soy un apasionado por los temas de seguridad y, sobre todo, por lo que la industria aeronáutica le puede enseñar al mundo. Es mucho lo que he aprendido de los pilotos que estuvieron involucrados en accidentes". Agregaba que las mejoras más importantes en temas de seguridad se dieron en la comunicación en la cabina, en el liderazgo y en la toma de decisiones.

Sully no creía en la suerte. En su libro, recordaba el caso de Charles Lindbergh, cuyo avión -el Spirit of St. Louis- había sido apodado como "Lucky Lindy" ("Suertudo Lindy"). Para él, ese primer vuelo exitoso a través del Atlántico no había sido consecuencia de la suerte, sino de que Lindbergh había planeado, preparado y resistido las exigencias del vuelo. Por eso, decía que para evitar accidentes era necesario un tremendo compromiso a todo nivel, una organización estricta y una constante predisposición por la vigilancia. Eran esos elementos, y no la suerte, los que prevenían la cadena de eventos que solían ser la causa de las tragedias aéreas.

Otra de las claves fue su entrenamiento militar en la Fuerza Aérea. Allí adquirió disciplina: fue formado desde lo físico, lo intelectual, lo mental, lo anímico y lo ético, para luego ser probado infinidad de veces. Dentro de estas pruebas, se encontraba un caso real que había ocurrido cuando era piloto de combate- en el que, luego de una falla en el caza que estaba piloteando, le indicaron eyectarse. A pesar de eso, Sully mantenía clara la importancia de preservar el avión hasta último momento. Por fin, fue capaz de dominar la aeronave y de realizar un aterrizaje de emergencia. Recordaba que a los pilotos se les enseñaba a tener siempre "conciencia situacional" para analizar los riesgos y fijar las prioridades de los objetivos. En el caso del vuelo 1549, lo principal era la seguridad de los pasajeros, por lo que decidió sacrificar el avión. Decía que había situaciones en las que no se podía tener todo.

Uno de los casos que había estudiado era el de un acuatizaje ocurrido en 1944 y analizado por expertos durante trece años. Al finalizar el estudio, se realizó un reporte en el que se daban consejos técnicos sobre cómo actuar en una (rara) circunstancia como esa: el tren de aterrizaje debía estar levantado, el avión tenía que volar lo más lento posible, los flaps debían estar abajo y la nariz hacia arriba. Según recordaba: "Esos procedimientos estaban en mi cabeza cuando comandaba el vuelo 1549". Una vez más, su pasión por la investigación de experiencias anteriores había sido clave en el momento de la crisis.

Sully también explicaba que existían tres reglas generales para actuar en el caso de una emergencia: 1) mantener el control de la aeronave; 2) analizar la situación y tomar las acciones apropiadas; 3) aterrizar apenas fuera posible. Cuando se cuentan solo con unos minutos antes del desastre, es necesaria la acción de un líder preparado desde lo técnico y desde lo emocional, capaz de tomar los controles. Luego de considerar durante unos segundos (no contaba con más tiempo que ese) y de evaluar las posibilidades, decidió el acuatizaje. Apenas definido el rumbo de acción, le dijo a su copiloto: "Mi avión", para que no hubiera dudas sobre quién estaba al comando.

Todos los aprendizajes que llevaron al final exitoso del vuelo 1549 son aplicables a un líder empresario en una situación de crisis: pasión por la empresa, estudio de casos de éxito y de fracasos, experiencia personal, entrenamiento, análisis de los riesgos para la toma de decisiones, preparación y planeamiento, compromiso con la profesión y con los implicados ( stakeholders ), capacidad de organización, actitud de permanente vigilancia, disciplina, formación personal, habilidad técnica y, por sobre todo, valentía para tomar el control y para hacerse responsable de llevar la nave a buen puerto. Las lecciones de Sully Sullenberger merecen ser incorporadas a cualquier manual de buenas prácticas de liderazgo.

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