
Dime tu nombre y te diré quién eres
En EE.UU. hay consultores que, en pos del futuro laboral, ayudan a elegir los nombres de los hijos
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WASHINGTON.- Vamos, que hay consultores y analistas para casi todo. Pero seguro que de este "mercado" jamás escuchó hablar: los especialistas en nombres para bebes. Sí. Porque los padres sienten la presión de elegir el nombre correcto, aquel que le dé a su hijo o hija una ventaja en la vida. Y en Estados Unidos, porque saben que a la hora de cubrir un cupo laboral hay nombres que parecen más "serios", o "profesionales" que otros.
La ansiedad o la indecisión que asalta a muchos padres a la hora de elegir un nombre -ni qué hablar cuando se trata del segundo o tercero del mismo sexo- se convirtió en un nicho empresarial atractivo y creciente en este país, un campo que tiene alguna relación con sus precursores, aquellos que explican los orígenes y significados de cada nombre, o sus "primos", los expertos en "branding" de nuevos productos.
¿Por qué tanto ruido? Porque hay padres que quieren darles a sus hijos una "ventaja competitiva", o saben que ciertos nombres suenan más de "blancos" o de "negros", o son más inusuales, y por lo tanto se destacan sin caer en la ridiculez. Así, la selección de nombres puede hablar tanto de los padres como de los colegios a los que enviarán a sus hijos.
Los tres nombres de mujer más elegidos entre los blancos en California durante los últimos años son Molly, Amy y Claire, según estadísticas oficiales. Entre los negros son Imani, Ebony y Shanice. Y para los chicos blancos son Jake, Conner y Tanner, y para los negros son Dashawn, DeAndres y Marcus. Como se ve, muy distintos.
Podrá sonar a algo anecdótico, pero no lo es, según un controvertido estudio que las universidades de Harvard y Chicago emprendieron en 2003 y aún hoy sigue levantando polvareda, con nuevos estudios en favor y otros que intentan repudiarlo. Los investigadores enviaron cientos de curriculum vitae con antecedentes idénticos y sin fotografías, pero con nombres que "sonaban" a blancos o negros. Los legajos "blancos" recibieron un 50% más de llamados para concertar entrevistas.
Y vamos, que en la Argentina también hay nombres y nombres. Que para muchos no es lo mismo llamarse Carlos que Hugo. Y que Isidoro suena más "tradicional" que Jonathan. O Victoria que Yésica entre las mujeres. Y si no, basta con preguntarles a muchos aspirantes a celebridades que usan nombres artísticos.
De allí a explorar las posibilidades del mercado hubo sólo un paso. En Estados Unidos, en los últimos 3 años se publicaron más de 80 libros de amplia circulación -además de otros muchos menos conocidos- sobre nombres para bebes, en comparación con sólo 50 entre 1990 y 1996.
En Internet también se observa el boom, con más de 100 páginas que lo ofrecen todo. Desde simples listas para ambos sexos hasta registros estadísticos anuales de la frecuencia de uso de un nombre. Tal es el caso de http://www.babynamewizard.com/namevoyager/lnv0105.html , donde usted puede escribir el nombre que evalúa para su hijo y ver cuántas veces se utilizó en Estados Unidos, año por año, desde 1880 y hasta hoy.
De allí a las consultorías pagas hubo apenas otro paso. Hay las que cobran US$ 50 por un primer servicio, y otras como www.BabyNames.com , que por US$ 35 envía listas de 12 nombres "ideales" según las características e intereses de los padres, y por otros US$ 95 discute las posibilidades en una conferencia telefónica por media hora.
Los consultores de nombres están, además, atentos a las "tendencias". ¿Cómo las determinan? Como en tantos otros campos de la vida, a veces son las figuras públicas las que impulsan algunos cambios. Pero no son los únicos. "Una vez que un nombre pega entre los padres con ingresos elevados y de mucha educación, empieza a descender por la escalera socioeconómica", escriben Steven Levitt y Stephen Dubner, autores del best-seller Freakonomics .
Así, explican: "Amber, Heather y Stephanie comenzaron como nombres muy selectos", pero en el transcurso de 10 años, "por cada bebe de clase alta con uno de esos nombres, 5 nenas de bajos ingresos recibieron uno de esos nombres".
Claro que algunos apelan a prácticas más amateurs para evitar "seguir a la manada". Entre otras, acuden a Google para verificar cuántas veces aparece un nombre -Juan es citado 212 millones de veces, pero Facundo 2,8 millones-, o si un nombre ya está "ocupado", quizá, por un actor o una actriz porno...
Pero atención: ese mismo cuidado por evitar los nombres muy usados puede llevar al otro extremo, la singularidad excesiva, que tiene sus bemoles. O como determinó el profesor emérito de Psicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), Albert Mehrabian, los nombres más comunes suelen recibir las respuestas más positivas, y los más inusuales, las reacciones más negativas. "Sí, se puede lograr que una persona llame la atención por algo bizarro, pero eso no significa que sea algo bueno", concluye.



