
El arte como medio de vida
De la mano del talento y la creatividad, varios artistas empezaron microemprendimientos
1 minuto de lectura'
¿Un plato puede ser una pieza artística? ¿Y la tela de ropa interior parecerse a la del lienzo de un cuadro? ¿Y puede un collar de plástico vestir tanto como uno de perlas? Muchos artistas transformaron objetos cotidianos en mucho más que elementos de uso diario e hicieron de su arte un medio de vida.
Lo que para muchos resulta una utopía, para otros es la realidad. Vivir del arte no sólo es posible, sino que también puede ser rentable. Sólo es cuestión de organizarse, ofrecer productos originales, distintos y, naturalmente, de calidad.
Cultores del boca en boca, los artistas al frente de estos emprendimientos venden sus creaciones a familiares, amigos y conocidos, generalmente en sus casas o en ferias, donde pueden fijar directamente el precio y evitar los intermediarios.
Accesorios con estilo
Empezó haciendo anillos como un hobby, hace ya siete años, cuando todavía no existía la fiebre por colgarse aros o collares de canutillos. Pero inesperadamente el hobby se transformó en su principal sostén económico durante el año último, cuando renunció a un trabajo que le insumía demasiadas horas de su vida.
"Un día, revisando algunas cosas, encontré material que me había quedado de la primera época. Y ahí lo retomé, primero como una distracción y después lo empecé a tomar como un trabajo", cuenta María Gioannini, mientras le da los últimos retoques a un collar.
Su casa de Palermo se convirtió en un centro de producción y venta de aros, anillos y collares de todo tipo, tamaño, precio y color. Por ahí circulan personas que buscan algo que acompañe un vestido para la fiesta de esa noche o que puedan usar como complemento durante el día.
"Tengo como regla hacer sólo cosas que me gustan, vender a precios accesibles y usar materiales de buena calidad, aunque después de la devaluación se hizo muy difícil conseguir elementos buenos. A veces hay que recorrer mucho." Plástico, vidrio, acrílico son los más usados.
Lejos de ser algo pasajero, María encontró en esta actividad un trabajo. Una de sus mayores satisfacciones es ver a alguien llevando algo hecho por ella. Eso sí, raras veces usa alguno de sus accesorios. "Prefiero no llevar nada. A lo sumo, un anillo, pero nada más."
La mesa está servida
"Hay que hacer algo con estos dibujos", pensaron ni bien los recuperaron del cajón del olvido. Y ahí cayeron en cuenta de que en el mercado faltaban platos pintados originales y de calidad.
Julián Benedit Prebisch y Marina Bissone forman un equipo de trabajo perfecto. El se dedica a dibujar y crear. Ella, a la producción y las ventas. Juntos conforman Club Japón, un emprendimiento que intenta introducir el arte en la vida cotidiana, hacerlo accesible para todos.
"Hacemos series limitadas de 300 platos, no más, porque queremos que sean objetos únicos", aclara Julián. "Además está bueno diversificar", agrega Marina. La idea de variar no sólo pasa por cambiar el dibujo de los platos, sino también por diversificar los objetos. Así, además de platos de porcelana japonesa, ofrecen cortinas de baño con motivos de divas del cine argentino y pantuflas griegas con pompones
de varios colores. También tienen planeado sacar sábanas de algodón puro pintadas.
"Como artista te estás limitando todo el tiempo, porque la gente es muy conservadora y hay que tener en cuenta que después hay que venderlo", dice Julián. "Lo que pasa es que siempre estamos jugando con hacer cosas diferentes y no hay mucha gente que busque algo distinto", concluye Marina.
Vestimenta interior
La idea surgió casi por casualidad, cuando María Saravia bajó a comprar una bombacha a la lencería de al lado de su casa, en Once. "Justo estaba pintando un cuadro que tenía puntitos y se me ocurrió hacer el mismo dibujo en las bombachas, a ver qué pasaba. Cuando se las mostré a un par de amigas les encantó y empecé más en serio con esto", recuerda.
Desde que inició este emprendimiento, hace poco más de un año, consiguió formar una larga red de clientes. Y no sólo en la Argentina, sino también en Europa. "Cuando alguien viaja, siempre se lleva varias para vender. Me parece divertido que las bombachas circulen por otros países." En uno de esos viajes, precisamente, empezó a firmarlas, al igual que sus cuadros.
Pero María no pinta sólo bombachas. También deja su trazo en ropa de bebe, remeras y restaura prendas arruinadas por alguna gota de lavandina indiscreta. Así, además de sus estudios en arte, aplica sus conocimientos en Diseño de Indumentaria, carrera que cursó durante dos años.
"Es posible vivir del arte, pero hay que tener en cuenta que hay que tener suerte y que lo que hoy es original, mañana no. Esto es claro en el caso de la ropa interior, que ahora está de moda. Afortunadamente es algo que se renueva todo el tiempo."





