
El trabajo, más allá del supuesto éxito
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La asistencia que se proporciona a los pacientes crónicos, particularmente a los mayores, y sobre todo a los enfermos terminales, es un ejemplo de lo mucho que se puede gastar sin que ni los profesionales ni los afectados se sientan satisfechos.
De Andreu Segura y Armando Martín-Zurro, en La crisis mundial de recursos humanos, El País, 25 de abril de 2006.
La farándula empresarial tiene, como todas, sus propios códigos. Marcada por el éxito económico, las oficinas privadas y los escritorios gigantescos, se reconoce a quien porta estos símbolos como aquel o aquella que ha llegado a la cima. El apetito individual y la metáfora suelen fusionarse. Es difícil ubicar a un CEO en la planta baja del edificio corporativo.
Los agentes inmobiliarios, como Donald Trump, conocen bien cómo es el negocio: lo más caro es lo de arriba. Por si hubiera dudas, el propio Trump indica, sin pudor reconocible, a qué se debe aspirar y cuán lejos se puede llegar, mediante el uso de jets privados y helicópteros con su nombre como insignia. Es decir, más que alto, altísimo. Los ascensores -salvo exóticas excepciones- son sarcófagos que se desplazan verticalmente con poca o ninguna vista al exterior.
La observación de los doctores Segura y Martín-Zurro despierta la sospecha de que algo se pierde en el camino, porque en el artículo publicado señalan deficiencias en las condiciones de trabajo de los profesionales de la salud en España. Los que atienden a enfermos crónicos o terminales saben desde el primer momento que fracasarán. El paciente-cliente no volverá para renovar el servicio. Ni siquiera tendrán la gentileza de agradecerles, a posteriori, las atenciones recibidas. No hay oropel ni festejos, sólo lágrimas. Lo que sigue es preguntarse cómo trabaja esa gente, ya que los típicos requerimientos actuales se borronean.
La orientación hacia resultados, se sabe, será difícil de detectar porque éstos son conocidos de antemano. La mejora continua es una utopía. La iniciativa, la autonomía y la toma de decisiones rápidas estarán pautadas rígidamente por los ciclos biológicos. No habrá modo de deleitar al cliente, como exageran los gurúes. Nuevamente, ¿cómo trabaja esa gente? Para agregar más datos, no son los únicos. Fuera del star system empresarial hay muchísimos más que se vinculan con su tarea por fuera del éxito convencional.
Lo que se ha instalado como normalidad es una sociedad abusiva, donde se establece que quienes trabajan en lo que les gusta ya tienen su premio y no necesitan más. La sospecha se prefigura más claramente. Aquello que puede perderse en el camino ascendente, enturbiado por las candilejas, es la satisfacción por el trabajo.




