
El trabajo, ¿siempre debe ser un sacrificio?
Por Jorge B. Mosqueira
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El hombre no debe ser activo como simple fuerza de trabajo, sino que debe permanecer implicado en cada actividad como personalidad total . En estas condiciones no se puede plantear ninguna diferencia entre trabajo y juego.
De Agnes Heller en La revolución de la vida cotidiana , Ediciones Península, 1982, Pág. 84
"¿Adónde vas?", pregunta ella o él. "A trabajar", es la respuesta. Si en este punto se acabara la cuestión, la vida cotidiana sería mucho más fácil. Hagámosla un poco más complicada. "¿Adónde vas?", es la pregunta. "A jugar", responde él o ella. Aparecen aquí algunos nubarrones. Es difícil aceptar que todos los días, a la misma hora, alguien desaparezca durante ocho o diez horas para jugar y luego vuelva a la casa feliz de la vida. Parecería ésta la versión de un mundo imposible, pero sin embargo es la realidad necesaria. El trabajo debería ser un juego para la mayoría de los mortales y no una desgracia.
Las definiciones sobre qué es trabajo no son coincidentes y, por lo tanto, parciales. Según Marx, la diferencia entre trabajo y juego se desprende de la seriedad y el esfuerzo que requiere el primero de éstos, mediante el intercambio de hombre y naturaleza. Además, Marx se refirió exclusivamente al trabajo asalariado, con la consiguiente producción de plusvalía y la alienación de las facultades humanas.
Otra definición posible pertenecería a Jürgen Habermas, que considera trabajo a la acción racional respecto de un fin instrumental, pero este concepto descarta la inclusión del placer en cualquier actividad que se desarrolle. Tampoco la alegría tiene lugar, lo cual implica que ni siquiera la ejecución de una obra o la solución de un problema están necesariamente vinculadas a una gratificación durante el proceso. Un ejemplo de esta ausencia son las angustias de un creador como Miguel Angel en la producción de sus frescos y esculturas.
¿El trabajo debe ser necesariamente un sacrificio para ser considerado como tal? El castigo bíblico debería ser revisado, a la luz de las nuevas tecnologías y de la experiencia que la humanidad ha acumulado durante siglos. En este punto interviene el uso del tiempo de trabajo y su medición. "En las sociedades de cazadores -escribe Heller- el tiempo está determinado sobre la base de la actividad necesaria. Si había una tarea que ejecutar, los hombres trabajaban hasta su realización, si no la había, no trabajaban en absoluto. El tiempo era (y es) en este tipo de sociedades una cualidad de tiempo y no una cantidad de tiempo. "
Algo se perdió en el camino y todas las sospechas apuntan a que trabajo, juego y tiempos están vinculados y deberían ser objeto de atenta observación en la gestión empresaria.
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