
En un mundo feliz
Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
1 minuto de lectura'
"Me llamo Andrés, 43 años, casado, dos hijas, y trabajo en una empresa de comunicaciones que el año pasado atravesó con una situación muy difícil". Así comienza el mail.
"Lo que quiero contar es que, a pesar de las dificultades de la compañía, los empleados trabajamos a full por ella. Desde los gerentes para abajo había un clima de poner el hombro, de dar lo mejor. Este esfuerzo fue visto por nuestros clientes y competidores y, sin temor a equivocarme, creo que fue unas de las razones por las que la empresa se salvó y sigue su operación a todo vapor.
"El secreto fue el buen trato. Nuestros gerentes nos apoyan y brindan la tecnología disponible en la empresa, para el desarrollo de los empleados. Es mi caso en particular, realicé un máster on line. Las oficinas están siempre abiertas y el ambiente laboral que genera todo esto, se nota en los resultados."
En una oportunidad, Andrés debió atravesar una situación familiar muy dura. Refiriéndose a este episodio, escribe que "en todo momento sentí el apoyo y la ayuda necesaria por todas las personas de la compañía, que se pusieron a mi disposición para superar el trance, desde el personal de seguridad hasta el director.
"Hoy quiero decir gracias y qué mejor que este medio para hacerlo. Hay tanta historias de pasillo sombrías, que quería mandar mi experiencia, para ayudar de alguna manera a comprender que un clima laboral favorable redunda en beneficios para la empresa, tales como eficiencia, compromiso, bajo nivel de ausentismo, etcétera.
"Una vez más gracias a... (menciona aquí la empresa en cuestión)."
¿Es correcto omitir el nombre de la empresa cuando ésta demuestra tal grado de interés hacia sus empleados, según la versión de Andrés? Las opiniones en favor y en contra estarán divididas, pero es casi seguro que en el ballottage ganarán los que deciden premiar la institución, algo así como ubicarla a la cabeza del cuadro de honor.
Es probable que la omisión sea un poco injusta, pero han pasado por aquí -como señala nuestro lector- muchas historias sombrías que también carecieron de nombre y lugar. Todas ellas son fragmentos nocivos de la vida real en las organizaciones y la frecuencia con que aparecen empaña la posibilidad de creer que hay otras posibles, diferentes. Son esos ámbitos de trabajo donde se respira una profunda armonía interna que contrastan con las turbulencias del mundo exterior.
Esta fortaleza permite superar muchas crisis, como en el caso de Andrés. Es un valor agregado difícil de medir y valorar adecuadamente.
Por supuesto, el ejemplo inquieta. Incita a buscar y enterarse cómo se hace, un anzuelo utilizado para atraer a asistentes de conferencias o para comprar libros de management. Cientos de horas y millones de páginas se dedican al tema. Dan ganas de simplificar transversalmente todo ese aluvión seudocientífico y reducirlo a un falso silogismo enunciado a continuación:
Las empresas están constituidas por personas. Yo soy una persona. Yo debería administrar personas.
* * *
Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar





